Siento en mi corazón compartirte y ministrarte mi experiencia, y contarte como en medio de toda mi oscuridad, fui hallado por Jesús; y Él me sanó para siempre.
Una de las cosas más maravillosas que nos han acontecido en nuestro traslado a Su presencia, es que nuestra geografía ha cambiado. Ya no somos esclavos de las tinieblas, ahora somos hijos de luz.