Creemos en un Dios que está dispuesto a bendecirnos y abrirnos puertas que nadie puede abrir porque es un Dios que ama a sus hijos y quiere darnos en abundancia.
Cuando analizamos lo que hemos alcanzado y lo que no, obtenemos como resultado que las metas que fijamos al comienzo del año no se pudieron lograr como lo hubiéramos querido.