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Aborto y adopción en la antigua Roma

En la antigua Roma, no existían los valores que, aunque quizás en decadencia, existen hoy. La sociedad era terriblemente machista. El hombre tenía todos los privilegios. La mujer, casi ninguno. Ni siquiera las de la alta sociedad escapaban de esto. Eran usadas para arreglar un matrimonio, para acceder a la política o como “ofrenda de paz” con los enemigos. 

Como bien sabrás, no había ecografías. La mujer embarazada no sabía si iba a dar a luz un niño o una niña. ¿Cuál era la solución ante un niño indeseado? El abandono o el aborto.

Las técnicas para acabar con la vida intrauterina

Desde tés especiales, algunos hechos con condimentos que cotidianamente utilizamos en la cocina —no quiero entrar en tanto detalle—, hasta objetos punzantes para terminar con el feto, era lo habitual en el mundo romano. Anteriormente también, no era algo exclusivo solamente de este imperio. 

Los golpes a propósito también estaban a la orden del día, con el mismo objetivo. En algunas zonas, hasta había personas —tanto hombres como mujeres— dedicados exclusivamente a tal fin. La muerte por desangrado, infección o “mala praxis” era normal y común. 

No solo hacían uso de esto los nobles o la aristocracia, sino también los mercaderes, campesinos, esclavos y pobres. Y la historia no se queda ahí: siempre existió la necesidad de no tener un hijo, por lo tanto, siempre hubo personas con conocimientos sobre hierbas, tés o prácticas abortivas. Desde Roma hasta las culturas prehispánicas y posteriores. 

El porqué de todo esto

Lo primero que se nos ocurre es el horror y la maldad que existía en la Antigüedad. Hay que comprender una cosa: el contexto no favorecía. Según algunas leyes romanas y de otras culturas, el bebé en gestación no era considerado una persona con derechos, sino una persona “en potencia”. Cuando naciera, allí recién tendría sus derechos correspondientes.

Hay algo que rescatar: como dice Alvarado Chacón en su artículo “La persona en el Derecho Romano y su influencia en América Latina”, los emperadores Augusto y Severo impusieron castigos a quienes abortaban o realizaban esta práctica. ¿Por qué este cambio de actitud? La población estaba disminuyendo y necesitaban repoblar el imperio.

El abandono, esclavitud o venta

Al tener prácticas que podían ser extremadamente peligrosas, no todas las mujeres tenían ánimo de abortar. Por eso, esperaban el nacimiento del bebé y recién ahí decidían. Para explicarlo mejor, quiero agregar la siguiente infografía que me resultó muy ilustrativa, extraída de una página de Facebook:

Infografía extraída de la página de Facebook de Software Redil 

Como bien lo expresa la imagen, muchos niños romanos eran tirados en un basural. Alguno de ellos podía ser regalado o vendido, debido a que la familia pudo haber contraído deudas. 

La costumbre de “pagar con la familia”, como muestra la historia de Eliseo y el aceite de la viuda (2 Reyes 4), era común. Algunos eran vendidos como esclavos para trabajar en minas, barcos, comercios o, si eran mujeres, como prostitutas. 

La respuesta cristiana

En un mundo tan despiadado, como dice la infografía, los cristianos respondieron amorosamente, adoptando aquellos niños que eran abandonados. Hechos 4:34-35: “pues no había ningún necesitado en la comunidad. Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad” resume la idea de que tener un fondo en común, no era solo para proveer comida o ropa, sino también para afrontar los gastos de adoptar un bebé más a la familia. 

En una época que no existía este tipo de ayuda desde el estado, créanme que impactaban estas muestras de amor desinteresado. 

Recientemente —diciembre de 2020— se aprobó en nuestro país, Argentina, la ley que permite interrumpir voluntariamente el embarazo. Como bien se sabe, Marcos Brunet y su esposa recientemente adoptaron a dos chicos y los hicieron parte de su familia. De tener tres hijos pasaron a tener cinco.

Hablar, habla cualquiera, como decían nuestros abuelos. La cosa es actuar. Está bien manifestarse y opinar. No lo desacredito en absoluto. Pero, mirando la historia, entiendo que la acción hace más efecto en una sociedad que solamente las palabras. 

Guido Márquez
Guido Márquez
Soy de Mendoza, Argentina. Profesor de Historia y casi Licenciado en Turismo. Mis papás son pastores hace más de 20 años. Espero que en mis notas no encuentres respuestas, sino preguntas. Que puedas mirar al pasado para enriquecerte, no para aburrirte.

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