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Un día levanté la bandera del aborto, hoy levanto la del amor de Jesús

Cuando ingresé a la secundaria, me empezó a llamar la atención ver que mis compañeros la pasaban tan bien haciendo cosas que “yo no tenía permitido hacer”, en esa búsqueda de ser, y querer pertenecer al grupo hizo que comenzara a imitarlos, así fue que empecé a salir a bailar, a emborracharme y otras cosas más.

Fue en ese lapso donde todo lo que hablara de Dios empezó a aburrirme y en mi mente rondaba la idea de que Él estaba enojado conmigo por mi actitud. Estos pensamientos hicieron que dejara de congregarme y de tener una relación con Dios.

“Empecé a tener luchas muy fuertes con mi cuerpo, me miraba y odiaba lo que veía, me sentía poco inteligente y me invadía una tristeza muy profunda”. 

Aneley Torrico

A mi alrededor comencé a ver que algunas amigas sufrían violencia de género, esto me provocaba mucha angustia y dolor. En este escenario se sumaba mi novio, que me engañaba, usaba y manipulaba para que no rompiera la relación.

En toda esta crisis que estaba pasando con 17 años, llegó una propuesta de mi amiga para ir a la marcha “Ni una menos” una de las primeras marchas que se hizo en Rosario, me pareció genial la propuesta y no le vi nada de malo, ya que era algo que me movilizaba mucho y a su vez mi corazón enojado clamaba justicia. Fui, me gustó y decidí seguir yendo, no se veía ningún pañuelo verde ni cartel que promoviera el aborto legal.

Finalmente llegó la marcha 8M (el día de la mujer) y todo se había vestido de verde, no solo ahora se marchaba para que no haya más femicidios, sino también para que las mujeres puedan ser «libres» a la hora de elegir seguir con un embarazo o no. 

Hasta ese día no me había cuestionado de que “lado estaba” como dije antes, nací en una familia cristiana y sabía que estar a favor del aborto no era algo que a Dios le gustara, ni a mis papás. Pero esa noche, después de haber pasado toda la tarde marchando con mis amigas y cantando canciones a favor del aborto comencé a cuestionarme por qué defendía la muerte si debía defender a las dos vidas.

 ¿Era porque me lo habían inculcado desde pequeña? ¿Por qué Dios no estaba de acuerdo con esto? Después de muchas preguntas de este tipo en mi cabeza, llegué a la conclusión que estar a favor del aborto estaba bien, porque las mujeres éramos libres para decidir qué hacer con nuestro cuerpo. 

Y así se inició todo, seguí yendo a marchas y peleándome con gente “pro-vida”. Aunque militaba activamente, sentía que cuanto más me introducía en el feminismo, peor se encontraba mi corazón, tengo recuerdos de estar en mi cama sentada llorando, sintiéndome tan vacía. 

Siempre había escuchado que mi vida tenía propósito, que Dios me había creado para cosas grandes y por un momento pensé que mi propósito se encontraba ahí, haciendo “revolución”, “caminando hacia la libertad de las mujeres” acompañando, militando, pero la realidad era que aunque colgaba un pañuelo verde, una sonrisa y un grito de «libertad» dentro mi había infinitas inseguridades, enojo, tristeza y ataques de pánico. 

Siempre quise ser mamá y formar una familia, estando ahí todo se había desvanecido. Mis ganas de ser mamá ya eran nulas y creía que nunca iba haber un buen hombre para mi, el amor era algo muy lejano, aunque me encontraba en una relación, no veía ningún futuro. 

En medio de esta oscuridad que sentía en mi interior, aparecen unos pastores amigos de mis papas que me invitan  a un campamento de jóvenes en Bariloche. Cuando me lo comentan, lo primero que les digo es “Ni loca voy a ir con todos esos cristianos y gente pro-vida”. Pero,  a la mañana siguiente mi pensamiento cambió y dije:  “Estaría bueno ir, solo porque es Bariloche y me lo pagan, además vivo con gente cristiana, no es lo mismo aguantar gente cristiana en mi casa que en Bariloche” Y así fue como inició este viaje que Dios había preparado para encontrarme. 

Mi círculo de amigas no sabía que estaba viajando a un “Campamento cristiano”,  había dicho que iba hacer un viaje con mi hermana a Bariloche, que un poco de verdad era porque viaje con ella. El primer día me aparté del grupo de jóvenes y dediqué mi tiempo en sacar fotos al paisaje, en la noche fue la primera reunión, donde asistí por obligación. Me senté atrás de todo, con cara de “No quiero estar con ustedes, solo vine porque me gusta Bariloche”

Terminaron de adorar y comenzó la palabra, sinceramente no estaba escuchando nada hasta que en un momento, en medio de la predica, el hombre que estaba compartiendo empieza a mirarme fijo, comienza a describir cómo se encontraba mi corazón, cosas que jamás había contado a alguien, solo yo sabía que realmente me sentía así (eso creía),  empecé a llorar, mucho. Caigo de rodillas, y el llanto seguía, me fui a dormir sin entender qué era lo que había pasado dentro mí.

La noche siguiente estábamos en una fogata, miro al cielo y digo “Dios, yo siempre escuché que eras amor, si vos sos ese amor que escuché toda mi vida, pero nunca experimenté, quiero que entres a mi corazón porque me siento muy mal” esas palabras fueron el sello de amor, para comenzar esta hermosa relación. Fueron 3 noches de llorar, sentir su presencia como nunca antes. Hasta ahí todo hermoso, pero sabía que cuando llegara a mi casa la realidad era otra. 

Estaba en casa, nuevamente, veo mi pañuelo verde colgado en la mochila, lo agarro y digo “Dios, yo todavía no se por qué esto no te agrada, pero recibí tanto amor en estos días que mi acto de agradecimiento es tirarlo a la basura, sin saber por qué no lo querés para mi vida”. Fue ahí donde mi pañuelo verde dejó de estar colgado en mi mochila, pasó a estar en la basura.

 Y así fue como comenzó el proceso, un desierto en donde solo éramos Él y yo. Me encontraba “sola”, mis amigas me habían dejado de hablar por la decisión que había tomado, pero nada me importaba, solo quería seguir a Aquel que había cambiado mi vida por completo en tres días, solo quería estar con Él.

Dios comenzó a trabajar mi identidad muy profundo, me hizo entender el valor de la vida, el valor que tenía mi vida y toda vida, su gracia me inundó. Todo el vacío, tristeza y dolor que tenía mi corazón, no estaba más. Comenzó un proceso de reconciliación y perdón conmigo misma, Dios me hizo libre en todas las áreas de mi vida.

Pasaron 3 años y medio de ese día, en todo este tiempo el Señor me permitió viajar a diferentes países y lugares para contar lo que el había hecho en mi vida, pude ver con mis ojos como Dios liberaba y llenaba de amor chicas que habían abortado, chicas que me he cruzado y no conocía, me contaban que al escuchar mi testimonio dejaron de estar a favor del aborto, adolescentes que pudieron enfrentar a sus compañeros y defender la vida. 

“También encontré a la persona que Dios tenía para mi vida y nos casamos hace 6 meses, el sueño de familia que Satanás había desvirtuado, Dios lo hizo todo nuevo y lo llevó a cabo. ¡Los planes de Dios son hermosos!

Aneley Torrico

Hoy no solo formé una familia con la persona que amo, sino que también proyecto en un futuro poder tener un hogar de niños,  casa y acompañamiento para mujeres en situación de embarazo vulnerable, violencia de género etc.

Lo que satanás quiso deformar y desvirtuar, Dios lo usó para reconciliar a la gente con su amor. Así como un día levanté la bandera del aborto, hoy levanto la bandera del amor de Jesús, anunciando que la verdadera libertad y revolución no se encuentra ni en una marcha ni un pañuelo, sino en los brazos de amor de Jesus.

Aneley Torrico
Aneley Torrico
Rosario, Santa Fe. Estudiante en el profesorado de educación especial. Participo activamente en la comunidad Casa de unidad y restauración. Trabajo para el Reino como líder en la iglesia y colaboro con niños/as en situación de calle.

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