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La Iglesia, un Cuerpo que crece y respira en Cristo

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Juan Carlos Ortiz

Dios nos ha dado el inmenso regalo de vivir en comunidad como iglesia, y esta no es simplemente una reunión de personas ni una organización; somos un cuerpo vivo, un organismo que respira y crece en Cristo.

La imagen del Cuerpo de Cristo es quizás la metáfora más profunda en las Escrituras para describir la naturaleza de nuestra relación con Él y entre nosotros. No se trata de ser una multitud que llena un edificio, sino de estar conectados íntimamente como lo están las partes de un cuerpo.

“La iglesia no es un edificio, no es una organización; la iglesia es un cuerpo,” digo esto con plena convicción. Cada uno de nosotros tiene un lugar y una función única dentro de este cuerpo, y todos somos indispensables. La función de uno no es menos importante que la del otro, pues en el diseño de Dios, cada parte tiene un propósito especial que contribuye al bienestar de todo el cuerpo.

Esta idea de ser un solo cuerpo nos impulsa a algo mayor que simplemente reunirnos en un mismo lugar o compartir creencias similares. Nos llama a vivir una unidad genuina, que no se limita a una armonía superficial sino que nos convierte en una familia profunda y verdadera. “Cuando un miembro sufre, todo el cuerpo lo siente. Eso es lo que significa ser el cuerpo de Cristo,” y esto va mucho más allá de las palabras. Es un llamado a experimentar juntos las alegrías y las penas, el crecimiento y la corrección.

Algo que he notado con el paso de los años es que tendemos a confundir la cercanía física o la uniformidad de pensamiento con la verdadera unidad. “A veces confundimos estar juntos con estar unidos,” y esto es un peligro constante. La verdadera unidad en el cuerpo de Cristo no significa que todos pensemos igual o que siempre estemos de acuerdo en todo. Al contrario, la unidad real abraza la diversidad de dones, talentos y perspectivas, y permite que cada parte cumpla su función en amor. No buscamos ganar discusiones ni imponer nuestra opinión; en cambio, buscamos cómo servir al otro con un corazón humilde.

“Dios nos ha dado dones, talentos, capacidades, pero no para que nos destaquemos individualmente,” y en este recordatorio encontramos el propósito fundamental de esos dones. Cada talento y habilidad que poseemos no es un adorno personal; es una herramienta para edificar al cuerpo, para ser de bendición a los demás. Dios ha diseñado cada miembro para aportar algo único, como los órganos de un cuerpo que, al trabajar en armonía, le dan vida al todo.

La unidad, sin embargo, requiere un ingrediente esencial sin el cual todo lo demás se desvanece: el amor. “Sin amor, todo se derrumba,” porque es el amor el que permite que cada don sea utilizado en beneficio de los demás y no para nuestra vanagloria. Es el amor el que da vida a las relaciones y sustenta el cuerpo. Este amor no es una emoción pasajera; es el mismo amor que Cristo nos mostró, un amor que da todo y busca el bienestar de los demás. Nuestra meta como cuerpo de Cristo es reflejar este amor en todo lo que hacemos. Este amor se traduce en paciencia cuando hay fallas, en comprensión cuando hay diferencias y en cuidado cuando alguien se siente débil o cansado.

“Dios nos ha llamado a ser uno,” una declaración que nos desafía a ir más allá de nuestros intereses personales y abrazar una visión común. Solo cuando comprendemos esta unidad como el cuerpo de Cristo y dejamos de lado el egoísmo, podemos cumplir con el propósito de Dios para nosotros. Él nos ha diseñado para reflejar Su gloria en la tierra, para ser Su iglesia en acción, y esto solo es posible cuando cada uno de nosotros se ve como parte de un cuerpo más grande que nosotros mismos. Esta es nuestra identidad y nuestro llamado.

Como iglesia somos llamados a una misión que solo se puede cumplir en unidad. Dios nos ha equipado, nos ha llamado y nos ha amado profundamente para que reflejemos Su carácter en el mundo. Somos el cuerpo de Cristo, y es en esa identidad, en esa verdad, donde encontramos el sentido y el propósito de nuestra vida en comunidad. Porque al final del día, la iglesia es el reflejo de Cristo en la tierra, y cuando vivimos en unidad y amor, Su luz brilla a través de nosotros, impactando y transformando el mundo.

Este escrito está basado en el mensaje que el recordado Juan Carlos Ortiz dejó hace unos años registrado en el canal CGN Latino:

Inquebrantable: la historia real de un corazón que eligió perdonar

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Película inquebrantable

La vida de Louis Zamperini, llevada al cine por Angelina Jolie, refleja una poderosa transformación que solo puede explicarse desde la fe.

Una historia de supervivencia

La película Inquebrantable (Unbroken, 2014), dirigida por Angelina Jolie y basada en el libro de Laura Hillenbrand, narra la impactante historia de Louis Zamperini, un atleta olímpico y exsoldado estadounidense que sobrevivió a condiciones extremas durante la Segunda Guerra Mundial.

Más allá del drama de guerra y supervivencia, su testimonio representa un poderoso mensaje de fe, perdón y redención que conecta directamente con el corazón del Evangelio.

Louis Zamperini fue corredor olímpico en Berlín 1936 y, años más tarde, se enlistó en la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Durante una misión en el Pacífico, su avión se estrelló y, junto a dos compañeros, sobrevivió 47 días a la deriva en una balsa en medio del océano.

Luego fue capturado por el ejército japonés y enviado a campos de prisioneros, donde fue brutalmente golpeado y humillado, especialmente por un oficial conocido como “The Bird”.

La película retrata con intensidad el sufrimiento físico y emocional que Zamperini experimentó, y cómo resistió a pesar de todo. La dirección de Jolie pone el foco en su fortaleza interior, mientras que la fotografía de Roger Deakins aporta una belleza visual que contrasta con la crudeza del relato.

La fe detrás del testimonio

Aunque el film no se detiene en su dimensión espiritual, la vida de Louis Zamperini dio un giro radical tras su liberación. Años después de la guerra, afectado por traumas, pesadillas y una profunda amargura, asistió a una campaña evangelística del predicador Billy Graham.

Allí entregó su vida a Cristo, experimentó una conversión genuina y fue completamente transformado por el poder del perdón.

Zamperini cumplió la promesa que le había hecho a Dios mientras estaba en la balsa: dedicar su vida a Él si sobrevivía. No solo dejó atrás el alcoholismo y el odio, sino que viajó hasta Japón para perdonar personalmente a sus antiguos captores.

Su testimonio se convirtió en inspiración para miles de personas en todo el mundo.

Un legado que trasciende

Inquebrantable es una producción técnicamente destacada, con una banda sonora compuesta por Alexandre Desplat que acompaña de forma sobria y emotiva cada etapa del relato.

Sin embargo, lo que más resuena al final de la película es el mensaje de esperanza que sobrevive a la oscuridad.

La historia de Zamperini muestra que el perdón no es una debilidad, sino una fortaleza que proviene de Dios. Su vida es una prueba viviente de que ningún sufrimiento es tan grande como para impedir que el amor de Cristo transforme un corazón roto.

Una película para ver con ojos de fe

Aunque su contenido cristiano no es el eje central del guion, Inquebrantable permite descubrir, entre líneas, el poder del Evangelio operando en la vida de un hombre común.

La secuela Unbroken: Path to Redemption (2018) explora con mayor profundidad su encuentro con Cristo y cómo fue restaurado por completo.

Recomendada para quienes buscan películas basadas en hechos reales, con valores, profundidad emocional y un testimonio cristiano auténtico, Inquebrantable es una obra que conmueve y desafía. Porque cuando todo parece perdido, Dios sigue escribiendo historias de redención.

Edificando desde la gracia, el nuevo libro de Gustavo Lara

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Gustavo Lara

Todo creyente que forme parte de una comunidad cristiana por una cantidad considerable de tiempo ha escuchado —y progresivamente incorporado en su léxico eclesiástico— la palabra “edificar”.

Pero ¿de dónde habremos sacado la idea? Puede que no lo sepamos con exactitud, pero sin dudas es el apóstol Pablo quien más veces utilizó este término para dirigirse a las iglesias. Es por eso que no hará falta tener conocimientos de arquitectura para leer este libro. Gustavo Lara, pastor, autor y conferencista, nos ofrece una revelación profunda, conmovedora y confrontativa acerca de lo que nunca podremos tener suficiente conocimiento: la gracia creativa de Dios.

“Las edificaciones en la historia del pueblo de Israel —el arca de Noé, el tabernáculo en el desierto, el templo de Salomón, entre otras— no fueron fines en sí mismas, sino tipos, sombras y figuras que señalaban hacia la realidad mayor de su deseo eterno: Jesucristo y la iglesia.”

Gustavo Lara

Antes de comenzar el recorrido, el autor insiste en dejar en claro una verdad fundamental: la gracia es más que solo un concepto bíblico. Se trata de una fuerza viva, presente no solo en el día que fuimos salvos, sino perdurable en todos los siguientes. Una revelación personal que nos santifica y una misión en conjunto que nos une. Desde el inicio y hasta el final, la gracia nos transforma, nos sostiene y nos guía. Es el punto de partida y es la meta. El motor y el descanso.

“En tiempos donde el esfuerzo humano parece ser el estándar del éxito, necesitamos volver a recordar que la verdadera fuerza para construir lo eterno proviene de Cristo en nosotros.”

Gustavo Lara

Edificar —según la perspectiva divina— tiene implicancias mucho más profundas que lo meramente visible. Se trata de un acto divino y trascendente que, la mayoría de las veces, comienza de manera imperceptible a los sentidos. Por ende, el tiempo de espera no está sujeto a recursos ni esfuerzo. A diferencia de los proyectos cuyo único fin son los resultados terrenales, edificar desde la gracia puede tornarse un camino más largo de lo esperado. Sin embargo, el autor nos invita a no desesperarnos y a descansar en la verdad absoluta de que “todo lo que se construye sobre Cristo como fundamento no solo da fruto, sino que lo hace en abundancia”.

“A lo largo de la historia, Dios ha llamado a hombres y a mujeres a colaborar en esta causa eterna. Sus vidas y sus esfuerzos han sido parte del proceso, pero la esencia de la edificación nunca ha dependido de la fuerza humana, sino de la gracia de Dios a lograr en ellos.”

Gustavo Lara

“Edificando desde la gracia” es una obra que nos regresa a las verdades fundamentales del Evangelio, con una sencillez profunda que no cae en la redundancia. Somos llamados a colaborar en la causa eterna de Dios, quien produce el querer y el hacer en nosotros. Será la suficiencia de su gracia la que nos transforme en obreros aptos y capacitados para ser dirigidos bajo su ritmo sobrenatural, siendo partícipes de una edificación mayor a nuestra propia vida y peregrinaje por esta tierra: la preciosa y santa Iglesia de Cristo. Las bodas del Cordero.

Título: Edificando desde la gracia, el nuevo libro de Gustavo Lara

Autor: Gustavo Lara
Año: 2025
Páginas: 263

Autor: Gustavo Lara
Año: 2025
Páginas: 263

El mito de los superhéroes y la realidad de la Gracia

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Lucas Leys Sobre Phillip Yancey

Por Lucas Leys

Uno de mis autores favoritos y alguien con quien pude viajar, conversar y aprender, acaba de confesar una infidelidad de ocho años.

La noticia me duele, preocupa y ocupa. No solo porque sus libros me ayudaron a formarme y porque tuve una relación cercana con él (siempre me sorprendía cuán rápido y con cuidado me respondía los emails), sino porque nos recuerda que el pecado no es un concepto abstracto; es sucumbir a un engaño que deja escombros reales en personas reales y exactamente lo opuesto al amor (Santiago 1:14-15).

Mi corazón está herido y no hay frases hechas de consuelo, aunque sí hay una reflexión que hacer.

Lucas Leys

¿Por qué nos sorprende tanto?

La sorpresa es la prueba de que seguimos sin entender la antropología bíblica. Seguimos construyendo pedestales, buscando héroes y siendo ingenuos.

Decimos que creemos en la fragilidad humana, pero en la práctica pensamos que nuestros líderes cristianos están hechos de un material distinto, olvidando que, a nivel de naturaleza humana, no hay jerarquías (Romanos 3:23).

Todos estamos a la misma distancia de un error fatal si descuidamos el corazón (Jeremías 17:9), pero no solo eso: si descuidamos dar cuentas, protegernos y tomar medidas de prevención, porque nadie se levanta un día y dice: “hoy voy a hacer un desastre con mi vida” (1 Corintios 10:12).

Si nuestra teología nos deja “en shock” ante el fracaso ajeno, quizá es porque confiamos más en la fuerza humana que en la necesidad de la Gracia y en la responsabilidad de no sentirnos fuertes para no caer (1 Corintios 10:12).

La Gracia no ignora el desastre ni excusa el dolor. Se presenta ahí mismo, sobre las ruinas, para recordarnos que nadie —absolutamente nadie— está fuera de su alcance, pero como dice Pablo a los romanos, no debemos abusar de ella (Romanos 6:1-2), en el sentido de que no debemos considerarla atenuante de nuestra fragilidad.

La gracia es lo que debe suceder después, pero en el antes debe haber conciencia, alerta y medidas preventivas, para que la fragilidad no haga alarde de su vulnerabilidad y el dolor no se desparrame.

Pastores y líderes cristianos: cuidémonos unos a otros. Rindamos cuentas (Proverbios 27:17). Dejemos de dar a entender a los indoctos que tenemos el teléfono rojo de Dios. Dejemos de evaluar el éxito igual que el mundo. No tengamos más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener (Romanos 12:3) y no dejemos de congregarnos en el concepto que en verdad eso significa (Hebreos 10:25), a pesar de que tengamos un púlpito o plataforma accesible.

Alisson Becker habla de su fe cristiana y de cómo Dios lo sostuvo en su momento más difícil

Alisson Becker habla de su fe cristiana y de cómo Dios lo sostuvo en su momento más difícil

La fe que durante años fue silenciosa en la vida de Alisson Becker, arquero del Liverpool y la selección de Brasil, hoy se expresa como una confianza pública, madura y profundamente cristiana en Jesucristo. Forjada lejos de los reflectores, su relación con Dios se fortaleció tanto en los triunfos deportivos como en las pérdidas más dolorosas fuera de la cancha.

En un testimonio compartido con The Players’ Tribune, Alisson relató cómo su fe dejó de ser una tradición heredada para convertirse en el eje central de su historia personal. Aunque creció en un hogar cristiano, durante mucho tiempo vivió una espiritualidad superficial.
“Cuando yo era joven, éramos cristianos ‘de casa’… yo creía en Dios, pero creía en un Dios distante”, recordó al hablar de su infancia.

Un encuentro personal con un Dios cercano

Con el paso del tiempo, las experiencias de la vida —“tanto las alegrías como los dolores”— transformaron su manera de entender la fe cristiana.
“A medida que fui creciendo… percibí que Dios está más cerca de lo que puedes imaginar”, explicó, describiendo un proceso espiritual que no ocurrió de manera repentina, sino en medio del camino, las decisiones y las pruebas.

Para Alisson Becker, la fe en Jesús no se reduce a palabras bonitas ni a una emoción pasajera.
“La fe no es algo que pueda verse, ni siquiera expresarse en palabras… es una fuerza mucho más poderosa que un simple sentimiento o un eslogan. Es la confianza plena en el Hijo de Dios, Jesucristo”, afirmó.

Creer cuando la vida duele

El arquero del Liverpool subrayó que creer no es simplemente decir “yo tengo fe”, sino aprender a apoyarse completamente en Cristo, especialmente cuando la vida se quiebra. En su testimonio, dejó claro que la fe no lo aparta del sufrimiento, pero sí le da un lugar firme donde sostenerse cuando todo parece derrumbarse.

Uno de esos momentos límite fue la muerte repentina de su padre, ocurrida durante la temporada 2020–2021.
“Mi madre me llamó y dijo que había ocurrido un accidente y que mi padre se había ahogado en el lago cerca de casa. Todo lo que recuerdo es sentirme completamente perdido”, relató.

Alisson recordó a su padre como un hombre fuerte, también arquero, que marcó profundamente su vida y su carrera. En medio del duelo, el apoyo de sus compañeros de equipo se convirtió en una manifestación concreta del cuidado de Dios:
“Podía sentir el amor de mis compañeros, que me ayudaron a superar el momento más difícil de mi vida”.

Esperanza después del dolor

Tres meses después de aquella tragedia, nació su hijo Rafael, y con él llegó un nuevo tiempo de esperanza.
“Para mí y mi esposa fue como si la esperanza renaciera… una luz brilló nuevamente en nuestras vidas”, compartió. El nombre del niño no fue casual: proviene del hebreo y significa ‘Dios curó’.

Hoy, en la intimidad de su hogar, Alisson encuentra en lo cotidiano señales de la presencia de Dios.
“El sonido de niños riendo. Eso, para mí, es el eco de Dios”, expresó. Con la mirada puesta en la eternidad, añadió:
“Espero reencontrar a mi padre un día. Espero verlo a la orilla de la eternidad”.

Una fe que va más allá del fútbol

La historia de Alisson Becker revela que la fe cristiana no es un lema para una camiseta, sino una entrega diaria del corazón. En medio del éxito deportivo, la pérdida y la restauración, el arquero brasileño resume su convicción con claridad:
la verdadera fe es confiar plenamente en el Hijo de Dios, quien sostiene en el dolor, sana las heridas y da esperanza más allá de esta vida.

El día que liberaron milagrosamente a Corrie ten Boom de un campo de concentración

El día que liberaron milagrosamente a Corrie ten Boom del campo de concentración en Alemania

En diciembre de 1944, pocas semanas antes del final de la Segunda Guerra Mundial, Corrie ten Boom salió con vida del campo de concentración de Ravensbrück, en Alemania. Su liberación se produjo por un error administrativo en las listas de prisioneras, un hecho que ella misma describió como un milagro de Dios. Días después, todas las mujeres de su misma franja etaria fueron enviadas a la muerte.

Corrie no salió del campo como una vencedora humana, sino como una sobreviviente profundamente quebrada, marcada por el dolor, la pérdida y el horror. Pero también salió con una convicción clara: su vida había sido preservada con un propósito eterno.

Corrie ten Boom y su familia

Una fe forjada en la oscuridad

Ravensbrück fue el último y más cruel de los lugares donde Corrie estuvo detenida. Allí había llegado junto a su hermana Betsie el 8 de septiembre de 1944, tras meses de prisión y aislamiento. En el campo soportaron hambre extrema, enfermedades, trabajos forzados, golpes y humillaciones constantes.

A pesar de todo, las hermanas lograron esconder una pequeña Biblia, que se convirtió en el centro de reuniones clandestinas donde mujeres de distintas nacionalidades encontraban consuelo en la Palabra de Dios. Corrie recordaría más tarde que, cuanto más profunda era la oscuridad del campo, más brillante se volvía la verdad del Evangelio.

El 16 de diciembre de 1944, Betsie murió como consecuencia de las condiciones inhumanas del campo. Sus últimas palabras fueron una declaración que marcaría la vida de Corrie para siempre:
“No hay pozo tan profundo que el amor de Dios no sea aún más profundo.”

Una liberación inesperada

Pocos días después de la muerte de su hermana, Corrie escuchó su nombre en una lista de prisioneras que serían liberadas. No hubo explicación. No hubo juicio. Solo una orden. Había sido incluida por error.

Débil, enferma y casi sin fuerzas, Corrie abandonó Ravensbrück sin saber que su liberación había ocurrido apenas una semana antes de que las mujeres de su grupo fueran ejecutadas. Para ella, no hubo dudas: Dios había intervenido.

Regresó a los Países Bajos y pasó el último invierno de la guerra recuperándose físicamente, pero espiritualmente ya había comprendido que su historia no terminaba allí.

Escondite en la casa de los ten Boom

El encuentro que puso a prueba su fe

Años más tarde, durante una conferencia en Alemania, Corrie vivió la prueba más profunda de su mensaje cristiano. Al finalizar la reunión, un hombre se acercó para saludarla. Ella lo reconoció de inmediato.

Había sido uno de los guardias de Ravensbrück. El mismo que había participado en los abusos y humillaciones, el mismo que había forzado a ella y a Betsie a desnudarse frente a otros prisioneros. Ahora estaba allí, sonriente, diciendo que se había convertido a Cristo y pidiéndole perdón.

Corrie contó que, en ese instante, su corazón se llenó de ira y vacío. Sabía que debía perdonar, pero no podía hacerlo con sus propias fuerzas. Entonces, en silencio, oró:
“Jesús, yo no puedo perdonarlo. Dame Tu perdón.”

Al extender su mano, algo ocurrió. Corrie describió que un amor sobrenatural recorrió su cuerpo y comprendió una verdad que marcaría su ministerio:
la sanidad del mundo no descansa en nuestra capacidad de perdonar, sino en el perdón de Dios obrando en nosotros.

Campo de Concentración donde Corrie y Betsie estuvieron

Una vida liberada para liberar a otros

Desde ese momento, Corrie ten Boom dedicó su vida a predicar el Evangelio del perdón, la gracia y la reconciliación. Viajó por más de 60 países, escribió libros y se convirtió en una voz profética que recordó al mundo que el amor de Cristo es más fuerte que el odio más cruel.

Su liberación del campo no fue solo el final de una pesadilla, sino el inicio de una misión. Una misión que sigue resonando hoy: amar cuando no hay razones humanas para hacerlo y creer que Dios puede traer vida incluso desde los lugares más oscuros de la historia.

“Necesito a Cristo cada día”: Bear Grylls revela cómo su fe en Jesús transformó su vida

“Necesito a Cristo cada día”: Bear Grylls revela cómo su fe en Jesús transformó su vida

El reconocido aventurero británico revela cómo su relación con Jesús ha sido su mayor fuente de fortaleza, esperanza y transformación personal.

Bear Grylls, estrella de televisión, escritor y aventurero, ha compartido en múltiples ocasiones cómo su fe cristiana le ha dado propósito y fuerza a lo largo de su vida. En una reciente columna publicada en el New York Times, Grylls, de 50 años, abrió su corazón para contar cómo Jesucristo transformó su vida desde su adolescencia y lo sigue acompañando en cada desafío.

Un encuentro con Jesús que lo cambió todo

Grylls relató que su camino de fe comenzó cuando era adolescente, al escuchar a un vicario decir: “Jesucristo vino a acabar con la religión y a traer vida”. Esa frase fue reveladora para él, que siempre había visto la religión como algo ligado a la guerra y la división, pero que al leer sobre Jesús descubrió todo lo contrario: paz, bondad, libertad y amor genuino.

“Leí sobre este Jesús y aprendí que quienquiera que conociera —rico, pobre, enfermo, sano, predicador o prostituta, líder poderoso o simple pescador— nadie parecía marcharse sin cambiar”, escribió.

Desde entonces, Bear Grylls ha experimentado una transformación espiritual profunda, que describe como un cambio verdadero “de adentro hacia afuera”.

La fe cristiana en la vida diaria

Para Grylls, la fe en Jesús no es solo un acto religioso, sino una experiencia real y vivencial. “Es como un helado o nadar: hay que probarla para sentirla”, comparó. Aunque admite que en el pasado intentó vivir sin su fe, descubrió que eso lo dejaba vacío.

“He intentado ser fuerte solo en mí mismo. Pero he descubierto que mi corazón está inquieto hasta que le abro la puerta a Cristo de nuevo. Realmente necesito su ayuda, su paz interior y esa tranquila seguridad.”

Bear Grylls anima a otros a buscar a Dios

En su reflexión para el New York Times, el aventurero motivó a sus lectores a dar un paso de fe en Jesús:

“Sean valientes. Doblen la rodilla, cierren los ojos y pidan ayuda. Es algo hermoso, humilde y poderoso. No tenemos nada que perder y mucho que ganar”.

Un testimonio cristiano que inspira al mundo

La vida de Bear Grylls no solo ha impactado a través de la pantalla, sino también desde su testimonio como cristiano. En 2019 lanzó Soul Fuel, un devocional cristiano de 365 días, en el que comparte cómo su relación con Dios lo fortaleció en medio de sus expediciones más extremas.

“Cristo ha sido luz en un camino oscuro y fortaleza para un cuerpo débil. Para mí, no es cosa de domingo. Realmente lo necesito todos los días. Así es como enfrento la vida”, afirmó en una entrevista con The Christian Post.

Además, en 2023, Grylls acompañó al actor Russell Brand durante su bautismo en el río Támesis, un gesto que refleja su deseo de ver a más personas encontrarse con el amor de Dios.

“David”, el éxito del cine cristiano que superó a grandes estrenos de Hollywood

“David”, el éxito del cine cristiano que superó a grandes estrenos de Hollywood

La película bíblica animada David se consolidó como uno de los mayores éxitos del cine cristiano en Estados Unidos, al alcanzar una recaudación cercana a los 70 millones de dólares en taquilla, superando a varios estrenos importantes de Hollywood y captando la atención de audiencias familiares en plena temporada navideña.

Desde su estreno el mes pasado, David experimentó un crecimiento sostenido en salas, sumando 20 millones de dólares adicionales solo en la última semana. La producción logró posicionarse por encima de títulos de alto presupuesto como la nueva versión de Running Man, la secuela de terror I Still Know What You Did Last Summer y la adaptación cinematográfica de Stephen King The Long Walk, confirmando el fuerte interés del público por películas cristianas con valores bíblicos.

Expansión internacional del cine bíblico animado

Aunque hasta el momento la recaudación internacional de David no supera los 300.000 dólares, Angel Studios confirmó que la película se estrenará en 44 mercados internacionales durante el próximo año, lo que podría ampliar significativamente su impacto global y fortalecer la presencia del cine bíblico animado en el mercado internacional.

Una historia bíblica llevada al cine con música y fe

David está dirigida por Phil Cunningham y Brent Daws y cuenta con un elenco destacado de voces cristianas, entre ellas Phil Wickham, quien interpreta a David, y Lauren Daigle, en el papel de Rebecca. La película es producida por Angel Studios, una compañía reconocida por impulsar contenidos cinematográficos basados en la fe cristiana.

La historia narra el recorrido espiritual del joven pastor elegido por Dios, desde una devoción silenciosa hasta el momento decisivo de su enfrentamiento con el gigante Goliat. Según la sinopsis oficial, la trama se construye “desde los cánticos del corazón de su madre hasta los susurros de un Dios fiel”, presentando un relato de fe, obediencia, valentía y propósito divino. Con solo una honda, algunas piedras y una confianza absoluta en Dios, David se convierte en un instrumento para la liberación de Israel.

Críticas positivas y fuerte apoyo del público

En el plano de la recepción, David registra un 71% de aprobación de la crítica y un notable 98% de puntuación de audiencia en Rotten Tomatoes, basado en más de 1.000 reseñas, un indicador clave del respaldo del público familiar y cristiano.

“Las familias buscan películas con valores que honren la esperanza, y los miembros de nuestro Angel Guild acogieron DAVID desde el principio. Valoramos profundamente el apoyo de nuestros exhibidores y esperamos una temporada larga y sólida en salas, ya que este musical animado continúa conmoviendo e inspirando a las familias esta Navidad”, afirmó Brandon Purdie, director de producciones teatrales de Angel Studios, en un comunicado oficial.

Continuidad de una historia bíblica en pantalla

La película es además una continuación de la miniserie El joven David, que explora la infancia y adolescencia del futuro rey de Israel, profundizando en su formación espiritual, su relación con Dios y el propósito divino que antecede a su histórica victoria frente a Goliat.

Los que sostienen la Iglesia desde el anonimato

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Servicio en la Iglesia

¿Alguna vez se tomaron una pausa para fijarse en aquellas personas que sirven voluntariamente en los diferentes ministerios de su congregación? A veces son líderes y personas que los miembros de la iglesia reconocen.

A veces son personas que son más silenciosas en su servir, y casi nadie los nota.
En este breve artículo veremos quién es un voluntario, fundamentos y beneficios del voluntariado cristiano, y una invitación a cuidarlos.

Voluntarios

Entonces en primer lugar nos preguntamos, ¿quién es un voluntario? Los voluntarios son todas aquellas personas que, sin recibir ningún tipo de remuneración monetaria, se ofrecen por elección propia para alguna causa específica.
Una de las maneras de definir el voluntariado es “el comportamiento prosocial, planificado y a largo plazo, que beneficia a otros y ocurren dentro de un contexto organizacional” (Penner 2002).

En nuestras congregaciones, se ve en esas personas que se ofrecen a limpiar el baño de la iglesia, a servir la leche y pan en el merendero de la iglesia, a enseñar y liderar en estudios bíblicos o la escuelita dominical, a servir con sus talentos musicales para la alabanza congregacional o a pararse frente a la puerta para dar la bienvenida tanto a aquel que pisa la iglesia por primera vez como al que lo hace por milésima vez.
Así como también muchos otros roles y trabajos —indispensables en nuestras iglesias— que vemos y no vemos, que las personas hacen de manera voluntaria.

Algunos fundamentos para el voluntario cristiano

¿Qué diferencia nuestra fe —nuestra identidad como cristianos— en el momento de servir? Cuando hablamos de la fe como primordial motivador, nos referimos a la relación personal que tiene una persona con Dios. Cuando el servicio nace de nuestro caminar con el Señor, aun las acciones más simples dejan de tener una motivación meramente humana y se vuelven expresión de esa relación.

La Palabra de Dios guía y direcciona nuestras vidas de modo que confesamos “Lámpara es a mis pies Tu palabra, y luz para mi camino.” (Salmo 119:105).
Todo esto orquestado maravillosamente en la gracia y bajo la soberanía de Dios, quien produce en nosotros tanto el querer como el hacer (Filipenses 2:13).

Entonces amamos porque Él nos amó primero (1 Juan 4:19), perdonamos porque Él nos perdonó primero (Colosenses 3:13) y servimos porque Jesús, siendo Maestro, nos ha servido primero, mostrándonos con el ejemplo de Su propia vida (Juan 13:15).

Algunos beneficios de servir voluntariamente

Servir voluntariamente a la iglesia —entendida no solo como el edificio local, sino como la comunidad redimida por Él— implica sacrificios, pero también trae abundantes beneficios. Diversos estudios sobre el voluntariado señalan que quienes sirven experimentan mejoras en su salud emocional y psicológica, un renovado sentido de propósito, pertenencia y contribución, así como la expansión de sus vínculos sociales.

En Cristo, la persona que decide decir “sí” a servir con su tiempo, su persona y los dones que le fueron concedidos, también está diciendo “sí” a la aventura de seguir creciendo y madurando en la fe.
Y en ese mismo acto de servicio, encarna el amor de Cristo y modela el sacrificio al resto de la congregación, convirtiendo su entrega en un testimonio vivo del Evangelio.

En la Iglesia, nadie queda fuera de la responsabilidad de amarnos, edificarnos y animarnos unos a otros usando los dones que Dios nos ha dado para fortalecer al Cuerpo de Cristo. No somos una organización más, sino una comunidad de fe unida por una verdad común: somos pecadores redimidos por Cristo, caminando juntos hacia la madurez y el crecimiento en Él.

Sin embargo, a veces estamos tan enfocados en buscar nuevos voluntarios (¡porque nunca hay suficientes!) que tal vez olvidamos cuidar a aquellas personas que ya están sirviendo fielmente.
Llegado a este punto, es bueno que nos detengamos a preguntarnos…

¿Cómo podemos apoyar y cuidar a los voluntarios?

Yo misma fui voluntaria tanto en el ministerio de niños como en el de alabanza por muchos años. Aprendí mucho, sufrí mucho, crecí mucho.
Tuve momentos con líderes que me apoyaron en oración, me formaron y me enseñaron. Tuve momentos en que me sentía completamente sola. Hubo momentos llenos de gozo y alegría. También pasé por malentendidos y conflictos.

Muchas veces me quejaba y le preguntaba “¿Por qué, Señor?” y quería dejar todo…
Hasta que en medio de una clase en la escuelita dominical, una nena me recitó un versículo bíblico que no tenía idea que, meses después, ministraría mi corazón en medio de un ataque de ansiedad.
Hasta que luego de una reunión de domingo venga una señora mayor con lágrimas diciendo: “Hace mucho que no podía adorar a Dios de esta manera, gracias por servirnos y liderarnos en alabanza con el piano hoy.”

Esta interacción con las personas que servimos —en donde Dios es exaltado— son de muchísimo ánimo para mí, porque Él obra mediante la manera en que nos dotó para servirnos unos a otros.

¿De qué otras maneras podemos alentar, animar y edificar a nuestros voluntarios?
Acá dejo un par de ideas:

  • Agradezca por lo que hacen. Dar gracias a los voluntarios por lo que hacen es un acto de afirmación, consuelo y ánimo: es un pispeo del fruto que no siempre vemos.
  • Cuente de qué manera influye su servicio en su vida. Historias y testimonios de la fidelidad de Dios mediante la vida y servicio de los voluntarios que edificaron, animaron, impactaron y desafiaron su vida de fe.
  • Ore por los voluntarios de los diferentes ministerios. Pregunte: ¿Cómo puedo orar por vos esta semana?
  • Busque conocerlos por quien son. Escuche lo que tienen para ofrecer. Hay veces que no conocemos bien a los voluntarios por su persona, sino por su servicio. Y hay veces que no valoramos lo suficiente la manera en que sus experiencias sirviendo pueden enriquecer a la congregación: ¿Cómo conociste al Señor? ¿Qué aprendiste en tus años de servicio? ¿Qué te llevó a servir en este ministerio?
  • Cree espacios y tiempos de descanso. A veces es difícil imaginar una iglesia sin voluntarios; sin embargo, es necesario descansar. Se pueden considerar rotaciones e ideas creativas para lograrlo. A veces lo que necesitan los voluntarios es un tiempo de simplemente “sentarse y escuchar a los pies de Jesús” como María.
  • Capacite a sus voluntarios. Ofrezca formación en la tarea a la que se comprometen, escuche sus dificultades y genere diálogos que ayuden a integrar la fe en su servicio: ¿Cómo informan las buenas nuevas de Jesús a tu servicio en este ministerio?

Servir no es solo hacer; es ser transformados a la imagen de Aquel que sirvió primero.
En cada acto de entrega —sea grande o pequeño— el Espíritu nos moldea y nos hace más semejantes a Cristo. Cada tarea se convierte en un altar donde ofrecemos nuestra vida como sacrificio vivo (Romanos 12:1).
Así, el voluntariado deja de ser simplemente una actividad y se vuelve una forma cotidiana de discipulado, donde sembramos tiempo… y cosechamos eternidad.

Paula Chang: Docente e investigadora. Su trabajo explora la motivación de líderes voluntarios en contextos eclesiales latinoamericanos, con especial interés en la integración entre fe, servicio y aprendizaje. Actualmente es profesora de Educación Ministerial, directora del Centro de Extensión en la Facultad de Teología Integral (Buenos Aires). Completó su Maestría en Ministerios Educacionales en Trinity International University (EE. UU.) y cursa el doctorado en Estudios Educativos en la misma institución.

El Reino de los Cielos se construye con amigos

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La iglesia se hace con amigos

Jesús en San Juan 17 nos dice: <Padre, yo oro para que ellos sean uno.> Dios está interviniendo en todos nuestros vínculos, por eso hay una sola manera de llevarnos mal y es cuando le damos lugar al diablo. Muchas veces nos hemos conformado y le hemos quitado el valor a los vínculos, a las relaciones y es ahí donde debemos construir. 

El Señor Jesús constantemente intercede por nuestras vidas. Por eso, cuando nos surgen situaciones de desacuerdo con personas, debemos saber que por encima de todas las oraciones, es Jesús quien está intercediendo delante del Padre para que en esas situaciones nos vaya bien.

La iglesia es un lugar de vínculos, de amigos que se conectan entre sí, de gente que construye. Es un lugar de tensiones, de impulso, de desarrollo, y tenemos este enorme desafío de amarnos los unos a los otros.

Si estamos comenzando un nuevo año en medio de esta tensión, simplemente escuchemos a Dios, hagamos una pausa en el ruido que hay en nuestra cabeza y corazón, y escuchémoslo; allí entenderemos que su oración más poderosa es por nuestras vidas. Su oración más potente es por tu matrimonio, por la relación con tus hijos, por el vínculo que nos une y nos conecta como iglesia.

Jesús menciona que el amor que Él nos entrega no lo tiene el mundo, el amor que él nos da este sistema no lo sabe vivir, no lo tiene, por eso ese amor fraternal que poseemos es único y extraordinario. Cuando hablamos de Amor Fraternal, tomamos como lectura el evangelio de Juan, quien se presenta como el discípulo amado de Jesús, y que tiene una estructura simple para poder leer. Nos muestra un milagro, el desacuerdo que se genera por ello y cómo Jesús gestiona la resolución de eso presentándose como Hijo de Dios.

«El Reino de los Cielos se construye con amigos. El vínculo de amistad que propone Dios entre Él y nosotros es más profundo que lo que el mundo conoce».

Uno tiene amigos con los que tiene una comunión más íntima y profunda, pero también tiene amigos con los que tiene más distancia pero que mantiene ese vínculo de cercanía. El vínculo que nos tiene que unir a todos es una amistad, una relación genuina, donde tal vez no tenemos el mismo contacto con todos por cuestiones de afinidad, o porque estamos trabajando en diferentes lugares, o porque no nos llevamos bien. Pero debemos entender que vamos a estar juntos por la eternidad, por eso conviene que nos llevemos bien hoy.

San Juan 12:1-11 (NTV)

Esta escena se da en una casa que Jesús amó, en Betania. Es la casa de sus tres amigos, Lázaro, Marta y María. En el capítulo anterior, Juan nos relata la resurrección del amigo de Jesús, donde se encuentra esa declaración que hizo: <todo el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá>. Sabemos que Jesús disfrutaba estar con ellos tres, y en medio de esta situación se da la muerte de su amigo Lázaro, a través de una enfermedad. Y, allí es cuando Jesús atraviesa la distancia para poder resucitar a su amigo, pero la resurrección de Lázaro sería el principio de su muerte. Jesús al ir a Betania y realizar la resurrección de su amigo, se expone públicamente, a pesar de que sabía que sería el principio de su fin, Jesús llega hasta la tumba de Lázaro.

Los fariseos, los religiosos, estaban buscando una oportunidad para atrapar a Jesús y asesinarlo, previo a esto, Cristo está apartado, haciendo milagros en la periferia, pero cuando está allí se entera de la muerte de su amigo. Encontramos la escena de cuando Jesús se para frente a la tumba de Lázaro y llora porque sintió el peso de la pérdida, de lo que Lázaro y sus hermanas habían atravesado, porque le importa las relaciones que establece.

Esto no es una religión donde solo hay un pastor y miles de intermediarios para conectarnos con Jesús, sabemos que la Biblia dice que hay un solo mediador entre Dios y los hombres, que es Jesucristo hombre. Jesús llora frente a la tumba de Lázaro porque lo ama, le duele la pérdida, se conmueve, se estremece, ese instante es una pausa en la eternidad, el Dios eterno llora, el Todopoderoso derrama lágrimas.

El evangelio es personal, lo vivimos en comunidad, pero hay una relevancia de Cristo en el vínculo.

Maxi Gianfelici

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