En Jeremías 38 y 39 encontramos la historia de Ebed Melec, un hombre que, en medio de una situación de injusticia, decidió actuar para proteger la vida del profeta Jeremías. Su conducta nos permite descubrir algunas características de una persona que busca vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.
Ebed Melec era cusita y funcionario de la casa real. Cuando se enteró de que Jeremías había sido arrojado a una cisterna, no permaneció indiferente. Se presentó ante el rey y denunció la situación:
“Mi rey y señor, estos hombres han actuado con maldad. Han arrojado a Jeremías en la cisterna y allí se morirá de hambre, porque ya no hay pan en la ciudad”.
Entonces el rey ordenó que Ebed Melec tomara treinta hombres y rescatara al profeta. Él obedeció y, además, tuvo el cuidado de utilizar ropas y trapos viejos para proteger a Jeremías de las sogas mientras lo sacaba de la cisterna (Jeremías 38:7-13).
La historia de Ebed Melec plantea una pregunta importante: ¿qué significa ser justo delante de Dios?
¿Qué significa ser justo delante de Dios?
En términos bíblicos, la justicia no consiste simplemente en comportarse correctamente o cumplir una serie de reglas. Para quienes estamos en Cristo, la justificación es un regalo de Dios recibido por medio de la fe y del sacrificio de Jesucristo.
Romanos 3:24 enseña que somos “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.
Por eso, nuestra justicia delante de Dios no nace de nuestros propios méritos. Es Cristo quien nos justifica. Sin embargo, esa justicia recibida comienza a manifestarse en nuestra manera de vivir.
Ser justo delante de Dios significa caminar en fidelidad a Él, buscar su voluntad y permitir que nuestra vida sea transformada por su presencia. El justo no es una persona perfecta, sino alguien que ha decidido permanecer alineado con Dios y responder a lo que Él establece.
La vida de Ebed Melec nos permite reconocer al menos cuatro características de un hombre justo delante de Dios.
1. El justo delante de Dios es confiable
Ebed Melec demostró que era una persona en quien se podía confiar. Cuando vio que Jeremías estaba en peligro, no guardó silencio ni se sumó a quienes buscaban hacerle daño.
Su confianza en Dios también quedó registrada en las palabras que el Señor le dirigió después de estos acontecimientos:
“Porque confiaste en mí” (Jeremías 39:18).
Existe una relación profunda entre confiar en Dios y convertirse en una persona confiable.
Quien aprende a descansar en lo que Dios dice puede desarrollar una vida marcada por la fidelidad. No necesita cambiar sus convicciones dependiendo de las circunstancias o de la opinión de los demás.
Esto también nos lleva a examinarnos:
¿Dios puede confiar en nosotros? ¿Las personas se sienten seguras cuando nos cuentan algo importante? ¿Somos capaces de cuidar aquello que otros ponen en nuestras manos?
La confianza se construye cuando nuestras palabras y nuestras acciones caminan en la misma dirección.
2. El justo es obediente a Dios
Ebed Melec actuó con compasión, pero también con obediencia. Cuando el rey le dio la orden de rescatar a Jeremías, no se quedó solamente en buenas intenciones. Fue, tomó a los hombres y ejecutó aquello que se le había pedido. La obediencia es una de las expresiones más concretas de una vida rendida a Dios.
Muchas veces podemos saber qué deberíamos hacer, hablar acerca de ello e incluso tener buenas intenciones. Pero la obediencia comienza cuando damos el paso y hacemos aquello que Dios nos pide.
Jesús mismo relacionó el amor con la obediencia cuando dijo: “Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos” (Juan 14:15).
El justo no solamente escucha la voz de Dios: responde a ella. La pregunta entonces es personal:
Cuando Dios nos pide algo, ¿estamos dispuestos a obedecer aunque hacerlo implique salir de nuestra comodidad?
3. El justo camina en integridad
Ebed Melec pudo haberse unido a quienes buscaban hacerle daño a Jeremías. Era un funcionario del palacio y podría haber elegido guardar silencio para evitar problemas.
Sin embargo, decidió actuar de acuerdo con lo que consideraba correcto delante de Dios. La integridad aparece precisamente en esos momentos en los que nadie nos obliga a hacer lo correcto.
El hombre íntegro entiende que sus acciones tienen valor delante de Dios incluso cuando nadie más las está observando. Por eso cuida sus decisiones, sus palabras y la manera en que trata a los demás. Proverbios 10:9 dice:
“Quien se conduce con integridad anda seguro; quien anda en caminos perversos será descubierto”.
La integridad nos permite caminar con seguridad porque nuestra vida no depende de sostener una apariencia.
Ser justo delante de Dios implica que aquello que somos en público no sea completamente diferente de aquello que somos en privado.
4. El justo es compasivo y actúa frente al dolor
Quizás una de las características más evidentes de Ebed Melec sea su compasión.
Cuando supo que Jeremías estaba en peligro, no se limitó a sentir lástima por él. Hizo algo. Vio el sufrimiento, reconoció la injusticia y se movilizó para cambiar aquella realidad. La compasión bíblica no consiste solamente en sentir el dolor del otro. También implica permitir que ese dolor nos mueva a actuar.
Ebed Melec utilizó la posición que tenía y los recursos que estaban a su alcance para salvar la vida de Jeremías. Esto nos deja una pregunta importante: ¿qué hacemos con aquello que Dios puso en nuestras manos?
El justo entiende que sus dones, recursos, influencia y capacidades no existen únicamente para beneficio propio. Dios también puede utilizarlos para llevar esperanza, cuidado y restauración a otras personas.
Cuando vemos a alguien atravesando dolor, necesidad o injusticia, nuestra fe debería movilizarnos. El justo ve, se conmueve y actúa.
¿Qué podemos aprender de Ebed Melec?
La historia de Ebed Melec muestra que la justicia delante de Dios no es solamente una declaración que recibimos, sino una realidad que comienza a reflejarse en nuestra manera de vivir.
- Él fue confiable, porque confió en Dios.
- Fue obediente, porque respondió a la autoridad y actuó cuando recibió una instrucción.
- Fue íntegro, porque no se dejó arrastrar por quienes buscaban hacer el mal.
- Y fue compasivo, porque no permaneció indiferente ante el sufrimiento de Jeremías.
Estas características no deberían llevarnos a intentar alcanzar la aprobación de Dios mediante nuestras propias obras. Al contrario, deberían mostrarnos lo que ocurre cuando una persona ha sido alcanzada por la gracia y permite que Cristo transforme su manera de vivir.
¿Cómo se manifiesta la justicia de Dios en nuestra vida?
Todos los que estamos en Cristo hemos sido justificados por su sacrificio. Nuestra posición delante de Dios no depende de que seamos suficientemente buenos, sino de la obra perfecta de Jesús. Pero esa gracia produce frutos.
A medida que Cristo crece en nosotros, nuestra vida comienza a reflejar su carácter. Aprendemos a confiar, obedecer, caminar en integridad y mirar con compasión a quienes sufren.
Por eso, la historia de Ebed Melec no solamente nos invita a admirar a un personaje del Antiguo Testamento. También nos invita a examinarnos.
¿Somos personas confiables? ¿Obedecemos cuando Dios nos llama? ¿Nuestra vida refleja integridad? ¿La necesidad de otros nos moviliza?
Que las características de un justo puedan ser cada vez más visibles en nosotros, no para alcanzar la justicia por nuestras propias fuerzas, sino como fruto de una vida transformada por Cristo Jesús.
Porque cuando Cristo ocupa el centro, la justicia que hemos recibido por gracia también comienza a hacerse visible en nuestra manera de vivir.