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Cómo gestionar mis emociones en tiempos de adversidad

Cada una de las historias de la Biblia nos enseñan, a través de diferentes protagonistas, la importancia de aprender a perseverar en la fe y a confiar en que Dios responderá a nuestras oraciones en su tiempo perfecto, incluso cuando enfrentemos largos períodos de espera y dificultades. 

Los dos primeros capítulos del libro de 1 Samuel nos presentan a Ana, esposa de Elcana, una mujer que experimentó emociones muy dolorosas debido a la rivalidad con Penina, quien competía por el afecto de su esposo y resaltaba la incapacidad de Ana para tener hijos. Durante muchos años, Ana tuvo que enfrentarse al rechazo, la decepción, la amargura, el enojo, la insatisfacción, la tristeza, estados depresivos y una sensación abrumadora de injusticia. Según las Escrituras, año tras año, Ana se sentía agobiada y afligida por estas circunstancias. 

Seamos honestas entre nosotras: ¿quién no ha sido víctima o ha lidiado con este tipo de sentimientos en algún momento de su vida, o incluso hoy? Consideremos lo agotador que resulta gestionar estas emociones y dificultades en un solo día; ahora, imagina vivir batallando con ellas mes tras mes, año tras año, como Ana. Definitivamente, sería devastador para la vida de cualquier ser humano. Sin embargo, la clave de Ana —y espero que lo sea de muchas hijas de Dios también— fue su capacidad para entender que “nadie será fuerte por su propia fuerza” y “que no hay refugio como el Dios nuestro” (1 Samuel 2:2,9, RVR60). Ana supo a quién recurrir en momentos de dificultad para aliviar su estado emocional; dicen las Escrituras que, aun triste, Ana oró a Dios con la esperanza de que le respondería. A pesar de lidiar con las emociones y sentimientos que mencionamos, Ana fue una mujer que supo encontrar la renovación de sus fuerzas y baluarte en la presencia de Dios. 

Uno de los momentos más destacados y poderosos que quedaron registrados, para mí, fue el llamado “Cántico de Ana”, una oración de alabanza y gratitud al Señor por su soberanía, poder, justicia y fidelidad. Pero esta oración fue el resultado de un proceso de perseverancia, hasta que Dios decidió obrar, y esto no sucedió de la noche a la mañana. Fue un proceso que se desarrolló día tras día, durante muchos años, hasta que la obra se completó y superó. 

Estimada amiga, es importante que prestemos atención a cómo reaccionan nuestra alma y nuestro espíritu ante las adversidades y, sobre todo, hacia qué fuente nos dirigimos para recargar nuestras fuerzas, para pedir amor y protección y para beber consuelo cuando estamos angustiadas. ¿Qué hubiera sucedido si Ana se hubiera rendido ante sus emociones que la acosaban cada año? ¿Y si hubiera perdido el vínculo con Aquel que alimenta la esperanza? La historia hubiera sido completamente diferente, porque un corazón sin expectativa se termina enfermando y desviando.

«Un alma desanclada de las promesas y la verdad de Dios no podrá cumplir los propósitos eternos».

Muchas veces quedamos atrapadas en emociones desalentadoras, en emociones negativas que suprimen toda esperanza en nuestro ser, y eso nos aleja de ser parte de los planes de bien que Él pensó para nosotras de antemano. Hay propósitos diseñados para cada una de nosotras, que por mucho que nos esmeremos en adelantarlos, no podemos hacer que se cumplan antes del tiempo señalado. Por eso considero de suma utilidad que, como mujeres de Dios, nos esforcemos por equilibrar y gestionar nuestra vida emocional y espiritual ante las circunstancias y pruebas de la vida que nos desequilibran y nos encierran en prisiones de autoconmiseración y victimización. ¡Dios no pierde el control de tu historia; vos no pierdas el control de tus emociones! «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7).

Al final de la historia, Ana tuvo un hijo, Samuel, un importante profeta para la historia de Israel, y, además, Ana tuvo ¡seis hijos más! Así que, amadas hermanas, ¿qué más puedo decir? 

Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén. —Efesios 3:20-21 

Dios te bendiga con su paz, y sigue adelante, perseverando en la esperanza, sabiendo que Él cuida de ti. 

Daniela Daga
Daniela Daga
Lic. en Teología. Diplomada en Psicología Cristiana. Coach ontológico. Estudiante avanzada de Lic. en Psicología. Es mamá de dos hijos, Valentina y Gabriel y junto a su esposo José son pastores de la iglesia Vida con Propósito de la ciudad de Villa Carlos Paz.

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