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Él nos dio su corazón, una obra de Juan Carlos Ortiz

En el mundo en el que vivimos suceden muchas cosas que no podemos entender. Injusticias, desconsuelo, confusión y muerte. Habrá quienes encuentren motivos fehacientes para negar la existencia de un Dios bueno entre tanta oscuridad. Y habrá también otros que en lo más profundo de sus corazones serán capaces de vislumbrar la luz de una verdad que trae vida, restitución y victoria a cualquiera que esté dispuesto a creer.

El Nuevo Pacto, Jesucristo, aquel que promete la restauración de todas las cosas, no nos deja fuera de sus planes. La transformación progresiva de nuestros corazones y estándares humanos prepara el camino para su inminente llegada.

“[…] Entrar al Reino de Dios no es tan fácil; debes nacer allí para ser parte: no se aceptan inmigrantes o turistas.”

Sin embargo, puede que no lo estemos experimentando de esta manera.

Juan Carlos Ortiz diagnostica en la iglesia contemporánea un reduccionismo perjuicioso. Dos de los principios más básicos y fundamentales para el cristianismo son el nuevo nacimiento y la madurez espiritual. Por lo tanto, una incorrecta interpretación de ambos significará la experimentación limitada de una vida transformada por seguir a Jesús.

¿Y cómo podemos saber en qué sitio nos encontramos respecto a esto? Será con soporte bíblico y testimonios de su trayectoria ministerial que en los primeros siete capítulos el autor nos ayudará a vislumbrar algunas de las señales que evidencian la falencia de una concepción equivocada sobre el Nuevo Testamento.

“Muchas veces nuestras instituciones religiosas se parecen más a un hospital que a un ejército.”

Extracto del libro: «Él Nos Dio Su Corazón», de Juan Carlos Ortiz.

Así como en Hebreos se habla de la comida sólida y la leche como alegorías del crecimiento espiritual, Juan Carlos Ortiz afirma que los problemas por los que los cirstianos pelean demuestran en qué nivel de madurez se encuentran posicionados. La dependencia hacia intercesores en reemplazo de una comunión personal con el Espíritu y el materialismo condescendiente producto de una búsqueda constante por la autosatisfacción, pueden sumarse como evidencia de una niñez espiritual que muy poco tiene que ver con los años que uno lleve congregándose dentro de la iglesia. 

Puede que no nos cueste demasiado convencernos de que lo que vemos con nuestros ojos no es lo único que existe. Pero qué difícil resulta creer esto constantemente mientras nuestros pies se encuentran sujetados por medio de la gravedad a éste mundo regido por las apariencias. Es cierto, concluye el autor: físicamente no estamos en el Reino de Dios. Y sin embargo somos llamados a buscar este Reino primeramente por sobre cualquier otra necesidad que creamos tener. 

“Cuando necesitamos los accesorios, nuestra adoración es almatica pero, cuando lo adoramos en espíritu, también lo hacemos con el alma y con el cuerpo; los tres entran en comunión con Dios, sin necesidad de las emociones.”

“El clamor del corazón humano” del que Juan Carlos Ortiz y las Escrituras hablan es el eco de un vacío que no puede llenarse más que con la presencia de un Dios que rebalsa absolutamente todo. Este libro es una invitación a abrir los ojos y ver nuestro estado de progreso. No con parámetros humanos, sino a la luz de la Palabra y de la Cruz. Contundentes testimonios que nos afirman una y otra vez que la única forma de librarnos del reino de las tinieblas es mediante la muerte, y eso implicará el abandono y sacrificio de viejas consideraciones poco provechosas para los preparativos del Regreso.

Juan Carlos Ortiz se pregunta: “¿Qué esperanza hay para el alivio permanente si nuestra gente no crece?”. Un interrogante que nos remite a la escena del mismo Jesús derramando sus lágrimas por un pueblo que no quiso recibirlo. Pero tenemos la esperanza de un Cristo resucitado, lo que nos da motivos suficientes para seguir la carrera.

Si la madurez espiritual es la respuesta para la mayoría de los problemas que aquejan a la iglesia, debemos revestirnos en la santidad que solamente podemos obtener mediante el Espíritu. Así, el corazón de Dios latirá dentro de nuestros pechos, y el Cuerpo también será un reflejo del Verbo encarnado.

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Título: Él Nos Dio Su Corazón

Páginas: 156

Año: 2023

Autor: Juan Carlos Ortiz

Ruth Di Naso
Ruth Di Naso
Tengo 20 años, soy estudiante de Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. Soy una amante de la música y las letras. Actualmente servidora en el equipo de alabanza juvenil TRECE30.

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