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Buenas madres

Ser madres es una de las asignaciones más hermosas e importantes que podemos cumplir como mujeres; el Salmo 127:3 nos declara que “los hijos son una herencia del Señor”, y es así, son una bendición para nuestras vidas. Pero este don requiere de nosotras un rol materno activo y responsable con características no sólo temporales, sino con un valor trascendental.

El amor, el cuidado, la influencia, el trato que le damos, la escucha, la cobertura, el tipo de apego que podamos desarrollar en nuestra diada “madre-hijo”, todo va conformando en la vida de nuestros hijos su estructura interna: será sólida o lábil, pero estructura al fin; y muy pronto, como en un abrir y cerrar de ojos, nuestros bebés se habrán convertido en hombres y mujeres con edad para dejar el hogar y conformar el suyo, afrontando lo que la vida les depare.

Pero esto no lo es todo acerca de la vida de nuestros hijos; existe una asignación que va más allá de la crianza o una multiplicación generacional: se nos ha encomendado hacerles conocer las enseñanzas y los propósitos de Dios.

“Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto. Así el Señor cumplirá lo que le ha prometido [a Abraham]” (Génesis 18:19).

Así que, como verás, el alcance que tienes no es una tarea menor o vana que te puedas dar el permiso de subestimar; tenemos la responsabilidad, como madres, de marcarles el camino del Señor, ayudarlos a permanecer en él, de manera que sean reconocidos como su Pueblo santo y puedan manifestarlo en todas sus acciones.

Quiero dejarte algunos consejos que aprendí en este recorrido como mamá; hoy ellos ya han crecido y se han convertido en dos jóvenes que verdaderamente son una bendición para mi vida y para toda la familia.

Deja que Dios haga equipo contigo: Cada una de las etapas que atraviesan nuestros hijos —desde muy pequeñitos, cuando los cargamos en nuestros brazos; la primera infancia, llena de crayones de colores y juguetes desparramados; la montaña rusa de la adolescencia, la juventud y aun la adultez (porque somos madres en todo tiempo)— ponen a prueba nuestro rol de madres y necesitamos llenarnos de muuuucha paciencia y de muuuucha sabiduría para entender el timing de nuestros hijos.

A veces, recurrimos a la fuerza para corregirlos, pero no pasa mucho tiempo hasta que nos damos cuenta de que lo que verdaderamente necesitamos es el poder de Dios. La fuerza genera resistencia, y alguien siempre termina perdiendo… Y esa no es la idea, ¿verdad? 

“‘No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu’, dice el Señor Todopoderoso’” (Zacarías 4:6). Y es ahí donde las cosas comienzan a marchar.

Sé una mamá saludable: Hace poco, vi un video de plantas que tenían las raíces enfermas de hongos; se veían fatigadas y enfermas, y, por supuesto, no podían producir flores y, mucho menos, frutos; para poder recuperarlas, el experto las sacó de la tierra, desprendió sus raíces podridas por el moho y las volvió a plantar nuevamente. Al cabo de un ciclo, volvieron a ser esas plantas florecientes y fructíferas para lo cual habían sido creadas.

Para muchas mamás, la vida no ha sido fácil, y antes de ser madres, han sido hijas lastimadas. El moho del maltrato, el abandono, el abuso, el rechazo y las malas experiencias del pasado pudrieron sus raíces, las cuales hasta hoy no les han permitido expresar su mejor versión e, inconscientemente, han proyectado en la vida de sus hijos muchos de sus propios conflictos internos .

La Biblia advierte: Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos [hijos]” (Hebreos 12:15). 

Si eres una mamá que ha pasado por estos tipos de experiencias y notas que tus comportamientos afectan a tu hijo, pide ayuda e inicia un proceso de sanidad con el Señor. Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17).

Dios arranca tus raíces enfermas en el nombre de Jesús, de manera que puedes ser ¡la madre que tus hijos necesitan!

Daniela Daga
Lic. en Teología. Diplomada en Psicología Cristiana. Coach ontológico. Estudiante avanzada de Lic. en Psicología. Es mamá de dos hijos, Valentina y Gabriel y junto a su esposo José son pastores de la iglesia Vida con Propósito de la ciudad de Villa Carlos Paz.

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