¿Cuántas veces uno se encuentra con un texto del Antiguo Testamento (AT) que resulta incoherente, inentendible o simplemente demasiado lejano para nosotros? Leer el Antiguo Testamento es todo un desafío.
Especialmente si uno no tiene la guía de un maestro en la Biblia o materiales que puedan reforzar el entendimiento de las diferentes culturas, épocas y regiones, los textos del AT pueden llegar a crear confusión en muchos aspectos del razonamiento del lector contemporáneo. La dificultad de esta gran primera parte de las Escrituras (AT) reside en varias cuestiones que este artículo intentará resumir en cinco puntos:
(1) El Antiguo Testamento abarca períodos temporales históricos de siglos y hasta milenios (si no millones). Tampoco hay fechas exactas para la creación, el llamamiento de Abraham, el Éxodo y todo el período que abarca el Pentateuco (los primeros 5 libros del AT).
Los eruditos han tratado de descifrar, a través de los datos que se observan en el AT, la edad de la tierra, la existencia de los dinosaurios y otras cuestiones científicas. Sin embargo, esto no tiene relevancia alguna si uno entiende que el propósito de la Biblia no es hacer ciencia, sino teología a través de los eventos importantes que Dios mismo eligió e inspiró con su Espíritu a los hombres para que los escribieran y quedaran registrados para la identidad de su pueblo.
Esto no quiere decir que la Biblia contenga datos ficticios, como lo plantean las posturas liberales; al contrario, toda la historia registrada en el AT es verídica y relevante, solo que, cuando fue escrita la Biblia, no existía el género científico que hoy conocemos desde hace menos de dos siglos.
Sin embargo, es importante entender que la Biblia busca contar la historia de Dios y del hombre, y cómo, desde un principio, Dios eligió por gracia salvar al ser humano infiel por su fidelidad y gloria. Por tal motivo, discutir ciencia con la Biblia es un despropósito; es como querer debatir lengua con matemática: tienen propósitos y lenguajes diferentes. El AT, como la Biblia entera, busca mostrar el plan de redención de Dios hacia el mundo.
Por otra parte, (2) el AT atraviesa diversas regiones geográficas, naciones, culturas y lenguas. Esto lleva al lector a tener que activar su imaginario para poder darle sentido a los eventos que ocurren, ya que no solo son culturas, regiones y lenguas muy lejanas a las nuestras, sino que además son distantes en el tiempo.
Tenemos religiones que ya no existen, culturas, naciones y lenguas que han desaparecido. Interpretar las costumbres del AT a la luz de nuestro paradigma cultural moderno-posmoderno y occidental es un error catastrófico que puede llevar no solo al desentendimiento de los eventos, sino también del significado real de lo que Dios nos está mostrando.
A su vez, el AT, que originalmente fue escrito en su mayoría en hebreo antiguo, tiene segmentos escritos en arameo (la lengua de los babilonios), como en el libro de Daniel. Incluso el hebreo antiguo tiene diferencias con el hebreo moderno del actual Estado-nación de Israel. No es lo mismo el Israel del AT que el Israel de hoy, ni en su cultura ni en su lengua, ya que estas cuestiones han cambiado, como cambia cualquier civilización a lo largo del tiempo; pero tampoco es lo mismo en términos de la visión bíblica y teológica que los evangélicos tenemos.
Por tal motivo, cuando leemos sobre el pueblo de Dios, no estamos leyendo de un pueblo ajeno y lejano a nosotros, sino de nosotros mismos, los redimidos por Jesucristo. El AT está hablando de nosotros.
Todo esto nos lleva a tener que ser sensibles e investigar sobre las cuestiones culturales en diversos tiempos, regiones y etnias. Si bien, en el Nuevo Testamento también debemos realizar esta tarea para una mayor comprensión, el espacio temporal es mucho más corto, ya que todo el contenido fue escrito dentro del primer siglo de la historia. Esto no ocurre con el AT, ya que los escritos trascienden edades, geografías, culturas y lenguas. Sin embargo, aunque todo parezca lejano y debamos estudiar los contextos para una mayor comprensión, el AT también está hablándonos a nosotros hoy.
Otra cuestión es (3) la consideración de los géneros literarios del AT. Los libros del AT no suelen ser completamente “fieles” y lineales a los géneros literarios (narrativo, poético, legal, profético, sapiencial, apocalíptico, etc.).
En Génesis podemos ver un estilo poético en el primer capítulo y luego, el resto, en gran parte, es narrativo. El libro de Job juega entre lo poético y lo narrativo. En los libros del Pentateuco se mezclan la narración con leyes, cantos y profecía. El libro de Daniel es narrativo y profético, pero con un alto contenido de segmentos propios del género apocalíptico.
Un mayor entendimiento de los géneros literarios en la Biblia nos lleva a una mayor comprensión de los propósitos y estilos de cada texto que leemos. Un salmo no puede ser leído de la misma forma que un texto profético; contar una historia no tiene el mismo fin que la mención de la ley.
Sin embargo, los géneros pueden funcionar en conjunto, en la creatividad divina, para señalar lo mismo, ya que el principio de la sabiduría es el temor al Señor (Proverbios 1:7). ¿Es esto una ley o simplemente sabiduría? A su vez, los Proverbios cuentan del joven inexperto que va tras la mujer adúltera, y hay todo un relato con descripciones de cómo el joven cae en la tentación. Ahí vemos ejemplos de cómo la sabiduría también usa la narrativa para señalar la enseñanza. Por lo tanto, el lector aprovechará mucho más el texto al conocer los géneros que atraviesa el AT, ya que tendrá más comprensión e incluso apreciación de la obra maravillosa de cada escrito.
En cuarto lugar (4) en la Biblia que los evangélicos poseemos, los libros del AT no tienen una linealidad cronológica. Si bien hay secciones narrativas que se alinean de forma temporal, los Salmos fueron escritos por diferentes autores en diferentes tiempos (no son todos de David), y los libros proféticos, en ocasiones, no tienen datos claros de dónde y en qué momento profetizaron. También está el libro de Job, cuya ubicación temporal es un misterio, aunque algunos estudiosos del AT lo ubican en la época de Abraham; sin embargo, esto permanece incierto.
La comprensión cronológica de los eventos relatados en el AT y sus profecías puede ser de gran ayuda para captar el mensaje original de Dios en su momento y también hacia nosotros hoy. Entender el contexto en que se enuncian los salmos y las profecías permite al lector abordar las circunstancias de sus autores y descartar interpretaciones basadas en suposiciones, de acuerdo con nuestro estado de ánimo o interpretación cultural.
A su vez, al entender el contexto que rodeaba a los autores de estos salmos y profecías, también puede llegar a conectarnos y hacernos empatizar con ellos, no solo abriendo el imaginario de lo que ocurría en ese momento, sino también mediante la asociación de esos mismos eventos con circunstancias que nosotros, como lectores, atravesamos en diferentes momentos de la vida.
La Palabra puede cobrar vida y volverse aún más pertinente cuando entendemos la historia detrás de cada escrito.
Por último, (5) el Antiguo Testamento siempre debe ser interpretado a la luz del Nuevo Testamento. Según mi profesora de Antiguo Testamento, la Dra. Carol Kaminski (Autora del libro “Ataud Vacío: El plan de redención de Dios a través de la historia”, libro que recomiendo para una mayor comprensión del AT), siempre debemos leer el AT a la luz del Nuevo Testamento, sobre todo, con la llegada de Cristo. La razón es que todo el AT tiene sentido con Cristo, porque Jesús es el cumplimiento de toda la escritura y la misma Palabra que se hizo carne. Si aislamos la lectura de AT de este marco, encontraremos historias inconclusas, enseñanzas moralistas, profesías sin cumplir y con héroes que terminan sus vidas de manera trágica, triste o en soledad.
Sin embargo, si vemos en cada personaje, en cada historia, poesía y profesía a Jesús, ¡todo cobra absoluto sentido! ¿Qué es David sin Jesús? ¿Dónde quedan las visiones de Daniel sin el Mesías? ¿Por qué tanta insistencia en el sistema sacrificial si no hay un cordero perfecto? Cristo es la respuesta y en donde encausa toda la Escritura. Por tal motivo, una lectura del AT sin Jesús, puede llevarnos a enseñanzas sin sentido, legalistas o moralistas, o en el peor de los casos en historias que no terminan de dar esperanza, pero con Cristo estas historias tienen un final feliz y glorioso. Dios cumplió con su Palabra a través de la llegada de Jesúscristo.
Por supuesto que para la lectura de la Biblia uno solo necesita un corazón deseoso de conocer más al Dios creador que tuvo misericordia de nosotros, y planificó desde un principio la salvación de su pueblo. De eso se trata el Antiguo Testamento, un recuento de historias, leyes, profecías, sabiduría y poemas inspiradas por el Espíritu Santo a través de siglos y milenios, en diferentes culturas y naciones, todo esto alineado para mostrar una sola verdad: Dios enviaría al salvador, el mesías prometido, a Jesucristo, para recuperar a su pueblo de la esclavitud del pecado.
Sin embargo, frente al desafío contemporáneo de estar expuesto a un universo de redes sociales, bibliografía y demás materiales liberales, que no consideran este texto como Palabra de Dios ni creen en el plan soberano de salvación de Dios, es importante saber dónde uno busca los complementos necesarios para una mayor profundización de la Palabra. Por eso, conocer la índole teológica de los autores, expositores de la Palabra, incluso la información que ronda en las redes sociales, y sobre todo de las instituciones teológicas, resulta crucial para una correcta visión y estudio de las Escrituras.
En conclusión, a diferencia de las posturas antropocéntricas y liberales, un marco de interpretación de la Escritura basado en la historicidad real del AT y su relevancia como Palabra de Dios sin error será la que permanezca para siempre. Así lo fue antes y así lo será por los siglos de los siglos, porque lo que Dios dice, Dios siempre lo cumple. Cómo lo dijo el profeta Isaías:
- “La hierba se seca y la flor se marchita; pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”. Isaías 40:8 (RVA2015)
Una invitación
La Facultad de Teología Integral de Buenos Aires (FTIBA) estará brindando un curso de Panorama del Antiguo Testamento en el Centro de Extensión de Estudios de FTIBA (CEFTI) en formato virtual.

Martín Kim
Gerente administrativo y profesor de FTIBA, es argentino con ascendencia coreana. Es graduado en la licenciatura en Comunicación Social de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales.
Luego de recibir el llamado y haber servido varios años en la iglesia, emigró a los Estados Unidos para estudiar dos maestrías teológicas. Estudió una maestría en divinidad «Master of Divinity»; y una maestría teológica en homilética «Theological Master in Preaching» en el Gordon-Conwell Theological Seminary en el estado de Massachusetts. Al volver a la Argentina, se dedicó a la enseñanza de la materia Homilética entre otras, y a participar en su rol como gerente administrativo de la Facultad de Teología Integral de Buenos Aires, siendo parte también de la comisión directiva de la institución, roles en los que aún permanece.
Actualmente está como candidato para obtener su doctorado ministerial en la misma institución teológica. A su vez, es pastor ordenado y sirve como pastor asociado de la iglesia presbiteriana Betel en Buenos Aires.
Está casado con Maru y tiene tres hijos.




