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UNA BODA AL PIE DEL SINAÍ  

Quiero contarte una apasionante historia de amor. Este relato es verídico y tiene mucho drama, amor puro, decisiones erradas y finales inesperados. Esta historia la podés encontrar sencillamente en el libro de Éxodo capítulo 20.  

Créeme cuando digo que no hay ningún documento en toda la literatura universal tan extravagante como fueron “Los Diez Mandamientos”.  

Los diez mandamientos son una especie de sinécdoque, veamos:  

  • 1. Yo soy el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto.  
  • 2. No tendrás otros dioses, no te harás para ti ninguna imagen.  
  • 3. No tomarás el nombre del Señor en vano.  
  • 4. Acuérdate del día de reposo.  
  • 5. Honra a tu padre y a tu madre.  
  • 6. No matarás.  
  • 7. No cometerás adulterio.  
  • 8. No fornicaras.  
  • 9. No robarás.  
  • 10. No darás falso testimonio.  
  • 11. No codiciarás.  

Demás está aclarar que todos estos mandamientos hoy en día no pueden ser aplicados como leyes, salvando que solo dos o tres normativas de esta lista son señaladas como delitos que están penados por la ley, como matar, robar y dar falso testimonio ante un tribunal judicial. Todos los demás, no pueden ser parte de nuestro código civil, ya que sería imposible legislar la moralidad. Un ejemplo claro de esta imposibilidad sería “que un hijo vaya preso por no haber honrado a sus padres”, o “que un funcionario de gobierno sea despedido de su cargo por codicioso”. Las leyes podrán condenar la corrupción, pero no podrán nunca exigir generosidad.  

Para entender entonces por qué se nos dieron estos diez mandamientos, tenemos que preguntarnos ¿Quién es Dios? Lo cierto es que, al intentar responder esta gran pregunta existencial, muchos exponen conceptos muy errados de Dios, como por ejemplo: “es una fuerza impersonal que rige el universo”, “es un Juez muy severo”, “es un guerrero violento”, “es una idea primitiva inventada por la gente ignorante”, o “es un padre muy distante e indiferente”, entre muchas otras ideas erróneas. 

Pero la verdad sobre quién es Dios la encontramos en el primero de los mandamientos. Miremos un momento en Éxodo 20:1-3 

“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué  de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí”.  

Recapitulemos un poco y volvamos el tiempo atrás. Cuando Dios habla por primera vez con Moises, (Ex. 3), para que sea el hombre que libere a su pueblo, le entrega varias promesas para que se las transmita a los hebreos:  

 Te sacaré de este lugar.  

 Te rescataré.

 Te redimiré.  

 Te llevaré conmigo. 

Lo interesante de estas palabras es que eran las mismas que solían utilizarse en una declaración pública que le hacía un joven hebreo a una muchacha de su pueblo, ¿no es asombroso? En otras  palabras, al escuchar estas promesas que Moises les declaraba de parte de Dios, instantáneamente en el pensamiento de los hebreos se recreaba una boda. Como si fuera una de esas películas románticas, ellos podían imaginar ese memorable momento en que el novio hace tales promesas a su amada prometida.  

Como era de esperar y la historia así lo constató, Dios cumplió lo prometido. El pueblo fue liberado de la esclavitud de Egipto, fueron sacados con magnificos milagros, las diez plagas, el mar rojo abierto e increiblemente ni uno de ellos quedó en el camino. Pasados los tres meses de estas grandes hazañas, llegan al pie del monte Sinaí, y aquí en este lugar sagrado Dios le hace a su pueblo la  siguiente declaración:  

“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro…” (Ex. 19:5).  

Quiero resaltar esta frase: “mi especial tesoro”. Esta misma declaración también era utilizada por el novio. Él le decía a su amada: “tu eres mi especial  tesoro”.  

Algo interesante a analizar:   

En las bodas judías, los novios al llevar a cabo la ceremonia, son colocados  bajo una “Jupa”, seguramente lo habrás visto en películas, documentales, o algún amigo tuyo habrá hecho alguna, pero esto consiste de un manto que está  sobre los novios y es sostenido por cuatro varas o columnas, como si fuese una tienda sin cortinas, completamente abierta. 

Lo interesante es que en el Sinaí, está Dios, “el novio”, frente a su pueblo, “su novia”, y ambos están cubiertos bajo una nube, la cual tipifica la presencia de Dios.  

En el Sinaí se estaba llevando a cabo una gran boda. El novio hizo sus votos, “serán mi especial tesoro”, pero faltaba la respuesta de la novia, la cual responderá en parte en esta ceremonia de nupcias.  

Ella primero dirá que acepta todo lo que el novio (Dios), le estaba proponiendo y diciendo que haga. (Ex. 19:8). Como sabrán, las bodas judías son bastante largas, y duran varios días. Al tercer día, el novio despliega todos sus votos públicamente. (Pueden leer todo el capítulo 19 y 20 de Éxodo).  

He aquí que los diez mandamientos representan esos votos, el pacto de esa unión. Es algo obvio aclarar que fueron escritos en dos tablas de piedras, lo cual algunos teólogos concuerdan en que ambas piedras contenían exactamente lo mismo, ya que cuando se hace un pacto tiene que haber dos partes que concuerden.  

Dios le estaba diciendo con esto al pueblo: “Yo ya hice mis votos y espero lo mismo de vos”, y deja el acta del pacto establecido.  

Te mencioné un final inesperado al principio, así que es mi deber contarte cómo terminó esta boda. Creo que estarás esperando saber la respuesta de la novia, como toda película de drama romántico, algo imprevisto sucede.  

Al pie del Sinaí, el novio está esperando ansiosamente la respuesta de su amada, por la cual había luchado y a la que había rescatado, la había seducido con sus  votos de amor, pero ante tanta grandeza e inmensidad, sucedió una tragedia:

“Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la  bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron  de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no   hable Dios con nosotros, para que no muramos. Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de  vosotros, para que no pequéis. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se  acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios.” (Ex. 20:18-21).  

¡Qué momento espantoso y triste para una historia de amor y pasión como la de Dios por su pueblo! Ellos se quedaron viendo de lejos. 

Ahora me pregunto, ¿cuántos hay aún hoy que ante el amor inexplicable de Dios se siguen manteniendo lejos de Él, sin asumir un compromiso? 

Como Dios es un novio respetuoso y caballero, respetó la decisión de Israel, y mantuvo su pacto con ellos.  

Cuando entendemos todo esto, mirándolo desde el panorama de una boda, comprendemos los diez mandamientos de forma más significativa y real. Ya no vemos a Dios como alguien distante, sino como el novio amoroso que es.  

Pero la historia aun no termina, hubo un nuevo pacto que se llevó a cabo en el monte del calvario. Esta vez, el Novio hizo sus votos públicamente desde una cruz. Ya no escribió en tablas de piedras, sino en el corazón de aquellos que aceptaron esa unión eterna.  

La boda al pie del Sinaí fue apenas la sombra de la gran boda de todos los siglos, la más sublime y gloriosa. Jesus es el Novio por excelencia, que en algún momento, quizás no tan lejano, vendrá a buscar a su novia, la Iglesia.  

Y esta vez, ¿cuál crees que será la respuesta? 

Giselle Cabrera
Giselle Cabrera
Giselle Cabrera es Bachiller en Teología de la UAD, se desempeña como profesora de Institutos bíblicos externos.

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