Como iglesia podemos no solamente sembrar el espíritu navideño de forma correcta sino también recordar que Jesús vino a este mundo para salvar a gente de toda lengua, tribu y nación.
Hace unos meses hablaba con un colega pastor que me dijo de manera tajante “en la pandemia, las iglesias grandes se harán más grandes y las pequeñas serán más pequeñas”.
Cuando analizamos lo que hemos alcanzado y lo que no, obtenemos como resultado que las metas que fijamos al comienzo del año no se pudieron lograr como lo hubiéramos querido.
Comencé a creerle, a soltar el dolor y el miedo y caminar por fe, ha sido un año terrible y a la vez glorioso, ha sido el año en el que he comenzado a orar por cosas por las que nunca intercedía, cosas simples.
Las fiestas de fin de año son un asunto cultural, es decir, que son festejos, tradiciones o acciones a las que les atribuimos una importancia simbólica.