Cada diciembre, una figura se vuelve omnipresente: un anciano de barba blanca, vestido de rojo, asociado a regalos, consumo y fantasía. Papá Noel —o Santa Claus o Father Christmas— parece haberse adueñado del imaginario navideño.
Sin embargo, para el escritor y apologista cristiano C. S. Lewis, esta figura no debía ocupar el centro del relato, sino cumplir un rol muy distinto: señalar algo más grande que él mismo.

Para todos aquellos que hemos crecido leyendo esta apasionante saga o viendo las adaptaciones cinematográficas de Disney, muchas veces nos hemos detenido en la escena en la que Papá Noel aparece con su trineo regalándoles a los niños elementos claves que necesitarían más adelante en la historia.
Extracto del libro Las Cronicas de Narnia: El León, La Bruja y El Ropero.
- “Era un trineo y eran renos con campanas en sus arneses. Pero éstos eran mucho más grandes que los renos de la bruja, y no eran blancos sino de color café… En el asiento del trineo se encontraba una persona a quien reconocieron en el mismo instante en que la vieron. Era un hombre grande con traje rojo, con un capuchón forrado en la piel y con una barba blanca que caía como una cascada sobre su pecho… Algunos de los relatos de Santa Claus en nuestro mundo muestran solo una imagen divertida y feliz. Pero los niños pensaron que era algo muy distinto… tan grande, tan alegre, tan real. Se quedaron inmóviles y se sintieron muy felices, pero también muy solemnes”.

La aparición de este personaje no es un capricho ni una concesión a la cultura popular, sino una decisión profundamente teológica.
Papá Noel en Narnia: una señal, no el protagonista
En la primera entrega de Las Crónicas de Narnia, Papá Noel aparece de manera breve pero significativa. Llega cuando el hechizo de la Bruja Blanca —que había condenado a Narnia a un invierno eterno “sin Navidad”— comienza a romperse. Su presencia anuncia que algo cambió para siempre.
Father Christmas entrega regalos a los hermanos Pevensie, pero no son objetos decorativos ni premios infantiles. Son dones con propósito: armas y herramientas que resultarán decisivas en la batalla final. Nada es accesorio. Nada es mágico por sí mismo.
Lewis deja claro que Papá Noel no es el salvador, sino un mensajero fiel al verdadero Rey: Aslan. Su función es preparar, equipar y anunciar. Exactamente lo contrario del protagonismo que la cultura moderna le asignó.
El desacuerdo con J. R. R. Tolkien y la mezcla de mitologías
La inclusión de Papá Noel fue uno de los puntos de mayor tensión entre C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien, escritor del Hobbit, El Señor de Los Anillos y otras obras del universo de la Tierra Media, y gran amigo de Lewis. Este último consideraba incoherente la convivencia de criaturas mitológicas, símbolos cristianos y figuras del folclore moderno en un mismo mundo narrativo.
Lewis, en cambio, sostenía una visión distinta. Para él, las mitologías paganas no eran simples errores humanos, sino anticipos incompletos, luces parciales que encontraban su cumplimiento pleno en Cristo. Veía la historia religiosa de la humanidad como una infancia que madura en la Encarnación.
Desde esa mirada, Papá Noel no competía con el mensaje cristiano: lo servía, siempre que fuera colocado en su lugar correcto.
Navidad, fe y rechazo al espectáculo comercial
Resulta llamativo que Lewis, hoy asociado a relatos navideños, fuera en realidad muy crítico del “espíritu comercial” de la Navidad. En ensayos como Lo que la Navidad significa para mí o Xmas and Christmas, denunció el frenesí del consumo, el intercambio obligado de regalos y la pérdida del sentido espiritual.
Para Lewis, la Navidad no era una fiesta sentimental ni un evento social, sino “el acontecimiento central de la historia de la Tierra”: la Encarnación. Dios haciéndose hombre. Lo invisible volviéndose visible. El Eterno entrando en el tiempo.

En ese marco, Papá Noel solo tenía valor si ayudaba a anunciar esa verdad, no si la reemplazaba.
Recuperar la dignidad perdida de Papá Noel
Lewis sabía que, en su origen, Papá Noel no era una invención publicitaria. Detrás de esa figura estaba San Nicolás de Bari, un obispo cristiano que entregaba regalos a los pobres para celebrar el nacimiento de Cristo.
Al incluirlo en Narnia, Lewis parece intentar rescatar esa función original: no la del ídolo simpático, sino la del anunciante. Por eso, cuando los niños lo ven en la novela, no lo perciben como caricaturesco, sino como alguien imponente, real y solemne. Produce alegría, sí, pero también reverencia.
Porque lo que trae no es el centro de la historia. El centro es otro.
Papá Noel como flecha que apunta a Cristo
En el universo de Lewis, Papá Noel cumple un rol similar al de los símbolos del Antiguo Testamento: prepara, anticipa, señala. No reclama adoración. No busca atención. Cumple su misión y desaparece.
“¡Feliz Navidad! ¡Viva el verdadero Rey!”, grita antes de irse.
Ese Rey no es él. Es Aslan.
Y detrás de Aslan, Cristo.

La Navidad según C. S. Lewis
Para Lewis, la Navidad no es algo que se aprende, sino algo que se recibe. No es un concepto, sino una realidad viva. No es nostalgia, sino esperanza. No es un recuerdo del pasado, sino una irrupción divina en el presente.
Por eso, al incluir a Papá Noel en Narnia, no lo exalta: lo descentra. Le quita el trono. Lo devuelve a su lugar. Y desde allí, lo convierte en un testigo silencioso de la verdad más escandalosa del cristianismo:
Dios se hizo hombre.
En estas Navidades podemos hacer lo mismo. Durante muchos años hemos rivalizado contra la cultura de dar regalos, ayudar a los necesitados y juntarnos en familia. Como una vez dijo Gustavo Lara: “Jesús no compite contra Papá Noel”.
No hay competencia contra Cristo y la Verdad encarnada. En cambio, podemos utilizar esta cultura siempre y cuando se dirija al Verdadero Rey. Quizás es un año en donde debemos dejar de buscar y encontrar lo “pagano” de las cosas, cuando en realidad podemos usar nuestros ojos espirituales para llevar todo eso a Cristo y a su Verdad.



