“La Gran Comisión no es una actividad secundaria de la Iglesia, sino la estrategia espiritual definitiva de Dios para establecer su Reino en la tierra”.
La Gran Comisión No es una palabra inspiracional, sino un fundamento
Desde el inicio sentí la necesidad de aclararlo: no vine a traer una palabra emocional ni motivacional. Vine a establecer un fundamento bíblico. Vivimos tiempos en los que la Iglesia necesita menos frases bonitas y más estructuras sólidas sobre las que edificar su fe.
Todo lo que comparto puede y debe ser examinado a la luz de las Escrituras. Por eso puse a disposición referencias bíblicas completas: una fe madura siempre es una fe que estudia.
Tres preguntas que todo creyente debería responder
La enseñanza se organizó en torno a tres grandes ejes:
- ¿De dónde surge la maldad que corrompe a la humanidad?
- ¿Qué ocurrió realmente en la cruz con las fuerzas espirituales?
- ¿Qué papel cumple la Gran Comisión en todo este escenario?
Responder estas preguntas nos permite entender que el Evangelio no es solo un mensaje de salvación individual, sino una declaración de victoria cósmica.
La cruz y la derrota de los poderes espirituales
Jesús no solo murió por nuestros pecados: en la cruz despojó a las fuerzas del mal de su autoridad. Allí se produjo un quiebre definitivo en la historia espiritual del universo.
Cuando comprendemos esto, la guerra espiritual deja de ser una lucha confusa y se convierte en una misión clara: anunciar y establecer lo que Cristo ya ganó.
La Gran Comisión como estrategia divina
La Gran Comisión no es un mandato opcional ni una tarea simbólica. Es la estrategia de Dios para recuperar lo que le pertenece. Cada vez que el evangelio es anunciado, el Reino avanza y el dominio de las tinieblas retrocede.
Entender esto cambia nuestra forma de vivir la fe: ya no somos espectadores, sino participantes activos en la historia redentora de Dios.



