mail

Suscribite a nuestro boletín

Japón: El cementerio de los misioneros

Anime, geishas, samuráis, gente con ojos rasgados, idioma extraño y cerezos en flor. Esas, quizás, son algunas de las primeras cosas que se nos vienen a la mente cuando hablamos de Japón, ese lejano país que causa tanta admiración, extrañeza o indiferencia, es uno de las naciones más cerradas al cristianismo.

En su historia de derrota y de victoria, de penuria y grandeza económica, nunca tuvo como protagonista al evangelio ni dejó entrar a los misioneros -de cualquier denominación o rama del cristianismo- en sus tierras.

En los siglos del Renacimiento y la Edad Moderna Europea, el cristianismo era considerado una amenaza que debilitaba el pequeño reino. Recién en el siglo XX, fue una nación totalmente abierta al mundo. No obstante, en la actualidad, los seguidores de Cristo apenas alcanzan el 1% del total de la población. 

La tortura de los hombre de negro

La primera idea de evangelio que tuvieron los nipones, fue a través de los comerciantes portugueses que llegaron a sus costas en el siglo XVI. Japón siempre fue un país que quiso mantenerse cerrado, por lo que estos solo podían comerciar, pero no conquistarlos o colonizarlos, ni mucho menos meter sus ideas occidentales.

La razón de esto se basaba en el hecho de la creencia que el imperio japonés podría debilitarse al no tener un solo Dios -o una sola religión- y un solo rey. Si se permitía que ingresaran las ideas occidentales, podría haber una rebelión y el reino se vería dividido. 

Los que se atrevieron a ingresar de modo clandestino, fueron los monjes jesuitas, quienes intentaron expandir el catolicismo, aún en tierras orientales, estableciendo pequeñas comunidades o asentamientos de manera clandestina.

Hay una película que retrata muy bien esta situación, llamada “Silencio”, en la cual un sacerdote escribe una carta a Roma, la sede de los jesuitas, luego de desaparecer por largos años. Dos de sus compañeros tendrán la misión de ir a buscarlos, pasando muchas penalidades. 

No puedo asegurar que tenga un rigor histórico exacto, sin embargo, sí ocurrió esto con los jesuitas: fueron hostigados y obligados a dejar su misión, fracasando la difusión del evangelio. Sus cabezas tenían precio por muchas monedas de plata, siendo la mayoría de ellos, ejecutados u obligados a dejar la isla. Los japoneses conversos al cristianismo, también fueron víctimas de toda clase de torturas y maltratos.

La posguerra, una época de supuesta libertad

La Segunda Guerra Mundial fue un momento de quiebre, para todos, pero especialmente para Japón. Fue el último país en rendirse y fue reducido por dos bombas nucleares. 

Luego de la rendición, el país fue obligado a abrirse completamente al Occidente, siendo los estadounidenses los que elaboraron su Constitución, pusieron dinero para las nuevas fábricas y muchos de ellos, tuvieron que vivir en el país por varios años, hasta que se restauró económicamente. A partir de esa década, quedó asegurada la libertad de expresión y de cultos. 

Sin embargo, el evangelio tampoco pudo expandirse, a pesar de las nuevas medidas políticas y constitucionales, siendo un caso paradigmático: un país con libertad de expresión y de culto en donde el evangelio no puede crecer, en comparación con otros países más cerrados, como ser los islámicos.

Una cultura por demás extraña

Japón es un caso aparte. Es hasta un planeta aparte. El problema es su extraña y antiquísima cultura, inentendible por momentos para los occidentales.

Sería muy extenso de describir cómo es la cultura nipona, sin embargo, voy a intentar dar algunos aspectos principales que producen que este país sea el llamado ‘El cementerio de los misioneros’”:

Guido Márquez

Grupos sí, individuos no: al contrario que sucede en otros países, en Japón el individuo importa muy poco. Desde que nace, la persona está inserta en grupos que son los que le dan identidad, pertenencia y poder de decisión. Ya sea una escuela, universidad, empresa o familia. Esto es importante porque dejar su religión implica el rechazo del grupo que los rodea, lo que, para ellos, provoca un vacío por demás importante.

Una religión poco común: Japón practica una religión ancestral llamada sintoísmo y en algunas zonas, el budismo. Lo particular que tiene esta religión es que no tiene una estructura como otras. Si bien tiene templos y lugares de culto, generalmente se adora lugares de naturaleza como ser una cascada o una montaña. ¿Cuál es el “problema” de esto? Que muchas veces se pretende evangelizar utilizando el método de otros países, cuando los japoneses pueden caer en una “mezcla” de religiones. 

Una cultura difícil en general: aparte de todo lo anterior, su cultura está basada en el concepto de honor, por lo que no se puede abandonar el “honor familiar” del grupo, ligado a una creencia en particular. También su idioma, su sistema de escritura y su modo de expresarse son, por demás, extraños y complicados. Un ejemplo de esto, es la forma de decir “no” o negarse, que se puede decir de diecisiete formas distintas.

Esto es un pantallazo general de lo que es ese único país insular. Es imposible comprenderlo de un día para el otro, pero es un país que indudablemente necesita de Cristo. Tiene un problema: no se puede usar la “receta” de otros lugares, por lo que requiere nuestra creatividad y nuestras oraciones.  

Guido Márquez
Guido Márquez
Soy de Mendoza, Argentina. Profesor de Historia y casi Licenciado en Turismo. Espero que en mis notas no encuentres respuestas, sino preguntas. Que puedas mirar al pasado para enriquecerte, no para aburrirte.

Otras

CRISTIANAS

hola
Enviar Whatsapp
error: Gracias por interesarte en las publicaciones de La Corriente, para su uso o difusión, por favor escribirnos a [email protected]