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¿Hasta qué punto puedo controlar a mis hijos?

El control es el poder de dirigir o dominar una cosa o persona. Entendiendo esta definición, ¿debemos buscar controlar a nuestros propios hijos? Cuando un bebé nace, tenemos muchísimo control sobre ellos. Elegimos si se pone un vestido, un pantalón o un disfraz de león. Podemos poner alarmas y acostarlos a cierta hora, darles de comer papilla de berenjena y apio. Pero como todos los papás saben, es cuestión de tiempo para que se derrumbe la fortaleza de control que creemos tener. Dios no nos da la capacidad de tener control absoluto sobre nada, mucho menos sobre otro ser que porta su imagen.

Cuando sientes el deseo de controlar cada decisión y aspecto de la vida de tus hijos, estás reflejando lo que hay en tu corazón. Como solemos hacer, tomamos lo bueno que Dios nos da, y lo entronamos. El control que podríamos tener sobre nuestros hijos comienza como algo bueno, con un deseo genuino de guiarlos por sendas justas y rectas. Pero, cuando buscamos controlar sus decisiones más que conectar con su corazón, hemos perdido de vista nuestro mejor ejemplo: Dios como nuestro Padre.

¿Cómo sería tu vida si Dios controlara cada una de tus decisiones? Claro que nuestro Dios soberano tiene control de todo, pero dentro de ese control nos permite elegir y tomar pasos, aunque sean los equivocados. Si Dios nos obligara a obedecer, ¿sería la obediencia un fruto del amor? ¿Cómo sabríamos que es el amor en sí?

Parte de nuestro trabajo como padres es guiar a nuestros hijos y proveer límites protectores y consecuencias reales a sus decisiones. Queremos que ellos crezcan con un entendimiento del pecado y la belleza de vivir una vida que honra a Dios, que nuestros hijos conozcan el Evangelio, pero, por mejor desempeño que tengas como padre o madre, no podrás producir en ellos lo que únicamente el Espíritu de Dios puede hacer. Además, Dios no exige algo de nosotros que no podamos cumplir. No tenemos la capacidad de controlar a nuestros hijos, entonces no forma parte de nuestras responsabilidades.

Si estás atravesando situaciones difíciles con tus hijos, es un buen momento para recordar que no tienes control sobre los resultados. Conozco padres que han amado a sus hijos con firmeza y comprensión en los caminos del Señor y, como almas pródigas, sus hijos han buscado otros caminos para encontrar su significado en la vida. Llega el momento en donde nuestros hijos pueden agarrar sus cosas e irse. Espero que podamos entender esto mucho antes de que no tengamos el control sobre ellos.

En vez de ser una carga, esto nos da mucho descanso. No porque podemos ser pasivos y permisivos sino porque podemos amar y disciplinar con fervor sabiendo que solo Dios puede dar los resultados que anhelamos. Podemos confiar en Dios las vidas de nuestros hijos. Él ha decidido que tú seas mamá o papá para usar tus manos y boca para cultivar un fruto eterno. Dios nos llama a equipar, enseñar, orientar, guiar, disciplinar y sobre todo amar a nuestros hijos, pero tienes que entender que el timón no está en tus manos; está en las manos de alguien mucho más capaz. Si crees que tienes que controlar a tus hijos para que ellos sean personas de bien, estás creyendo una mentira que perjudicará a las personas que más amas. Sin caer en la permisividad, puedes caminar con libertad y un corazón ligero, sabiendo que Él que sostiene las estrellas es quien comenzó con la idea de volverte padre o madre. Y Él no fracasa. 

David McCormick
David McCormickhttps://ach.gt/
Es el director ejecutivo de la Alianza Cristiana para los Huérfanos y padre de cuatro hijos. Es psicólogo y se ha especializado en el apego, estilos de crianza, trauma y liderazgo parental. David ha dedicado su vida a la niñez y adolescencia en estado de vulnerabilidad, trabajando para que cada uno de ellos pueda contar con una familia permanente y amorosa.

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