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Daniel González: “La única manera de llevar al pueblo a otro nivel es que uno habite primero en él”

En el retiro nacional de pastores “Argentina Oramos por Vos”, realizado en Mar del Plata, Sebastián Liendo conversó con el pastor González sobre el origen del movimiento de intercesión por nuestro país, su mirada ante el crecimiento de la Iglesia y el liderazgo, y cómo llevar sabiduría y madurez en el Espíritu.

El rol de Argentina Oramos por Vos

Daniel: Es la edición del evento donde más se fomenta la unidad. Tratamos de dar y recibir herramientas para el contexto que estamos viviendo, y en ese espacio también se fortalecen los consejos de pastores. A veces, los pastores no se conocen entre sí en una ciudad, y por ello este evento ya se ha vuelto un clásico al que uno viene además a ser ministrado.

Normalmente, el pastor siempre tiene que dar, pero obviamente todos también necesitamos recibir y renovarnos, por ello acudimos con la intención de no tener que hacer nada y poder disfrutar. 

Seba: ¿Qué herramientas prácticas están intentando darse?

Daniel: Hay iglesias que han crecido, que indudablemente han hecho cosas que les han funcionado, y de ello se puede aprender. Uno puede replicar modelos, personas que se han especializado en determinadas áreas, que te pueden dar herramientas para mejorar el trabajo en equipo así como el liderazgo.

Siempre se puede aprender de alguien. También uno puede dar algo al otro; aquello que a mí me funcionó, lo puedo compartir, y eso también multiplicarlo en otros. Creo que tiene que haber un clima de comunión y de crecimiento; venimos a establecer relaciones, pero también con las antenas paradas, atentos a echar mano de lo que funciona.

Daniel González en Argentina Oramos por Vos

El momento de la Iglesia

Daniel: La Iglesia, por lo que se dice en líneas generales, está creciendo, pero lo que a mí a veces me preocupa es el crecimiento de las personas. Es decir, se supone que una persona llega a Cristo en una situación, por lo general, negativa, y la Iglesia tiene que ser el lugar donde esa persona mejora, donde no solo recibe la salvación, sino que de este lado de la eternidad crece, y me parece que eso hay que fortalecerlo. Es decir, si viene a Cristo una persona tremendamente endeudada, no puede ser que después de veinte años de creyente siga en la misma condición.

Aunque a veces se trate de que la persona no quiere cambiar, también puede influir que en la iglesia no se enseñe. Te cuentan: “Han orado por mi economía, pero nadie dice: “Te vamos a enseñar a hacer un presupuesto mensual de gasto”.

Seba: Son personas salvas pero no transformadas. 

Daniel: Claro, y me parece que esa sigue siendo una asignatura pendiente. Uno no ve al Pueblo de Dios crecido, desarrollado, próspero, como tendría que estar por contar con la bendición de Dios y, obviamente, también los principios de su Palabra.

Sebastián Liendo entrevistando a Daniel González

La madurez en el Espíritu

Seba: Yo creo que el Evangelio es una naturaleza, en la cual, cuando se empieza a vivir, uno también comienza a fluir. El crecimiento de la vida viene cuando estás viviendo en realidad. 

Daniel: Tiene que haber evolución; uno no puede ser el mismo que hace una década atrás. Por eso el apóstol dice “sean transformados mediante la renovación de su mente” (Romanos 12:2). La vejez no es una cuestión de edad, sino de mentalidad. Hay jóvenes de 20 años que atrasan cincuenta, y hay personas de 80 que están a la vanguardia. 

Entonces, también uno tiene que renovarse, tiene que estar abierto a aprender. Aunque hay gente que no quiere, tendrías que preguntar cuántos pastores leen libros, sin contar la Biblia. Me refiero también a libros seculares, porque el apóstol dice que hay que examinarlo todo y retener lo bueno.

Por lo tanto, la única forma de llevar al pueblo a otro nivel es que uno primero esté en ese nivel, y el desafío más grande no solamente es envejecer, sino madurar. Por eso el salmo dice: “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmo 90:12). Todo el mundo envejece, pero no todo el mundo madura.

Hay gente de 80 años que sigue siendo tan inmadura en algunas áreas como cuando tenía 20. No es cuestión de que simplemente pasen años, sino de que nosotros hayamos evolucionado a lo largo de ese tiempo. 

Redacción
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