El descenso del deseo en parejas estables no es una fatalidad. Es una señal de que el cortejo —ese conjunto de gestos deliberados para mantener vivo el interés del otro— dejó de ser una prioridad.
No hubo una pelea grande. No hubo una traición. Solo el tiempo, la rutina, los hijos, el trabajo y las cuentas. Y de a poco, sin que nadie lo decidiera, el vínculo pasó de pareja a sociedad de convivencia. El amor seguía. El cortejo, no.
En sexología, el cortejo es el conjunto de comportamientos y rituales destinados a despertar y mantener el interés de la pareja. No se limita a la etapa de conquista inicial: funciona —o debería funcionar— a lo largo de toda la relación. A los cinco años. A los veinte. A los treinta.
La paradoja de la estabilidad
38% de las parejas pierde deseo sexual después del segundo hijo. No por falta de amor. Por exceso de fusión logística: cuando el otro deja de ser un misterio, el deseo tiene menos para encenderse. Perel, E. · Mating in Captivity, 2006
Esther Perel describe esta paradoja con precisión: lo mismo que hace a una relación segura —la estabilidad, la previsibilidad, la confianza— puede ser lo que apaga el deseo. ‘El deseo necesita distancia’, escribe Perel. ‘No distancia emocional, sino un espacio donde el otro pueda seguir siendo un misterio para vos.’
Sternberg (1986) demostró que el amor maduro integra tres componentes: pasión, intimidad y compromiso. Cuando la pasión se apaga por falta de cultivo, los otros dos componentes no la compensan automáticamente. El deseo requiere atención deliberada.
Lo que dice la Biblia sobre recrearse en el amor
Proverbios 5:18–19 no habla del amor como algo que simplemente se mantiene. Usa un verbo activo: ‘recréate siempre en su amor.’ Recrearse implica renovación, intención, elección continua. No es una conquista que se da por terminada.
Conclusión
La investigación de Mark et al. (2018) sobre mantenimiento del deseo en relaciones largas muestra que los factores más predictivos son la comunicación sexual honesta, la novedad, la diferenciación y el esfuerzo deliberado por sostener la conexión erótica. El descenso del deseo en parejas estables no es el fin de algo: es la señal de que el erotismo necesita cultivo consciente. Seducirse a los veinte años de casados es posible. Requiere decisión, no solo química.





