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¿Cómo hago para hablar diariamente con Dios?

Quizás hace poco que te encontrás en los caminos del Señor, quizás lo conoces desde corta edad, pero aún así esta pregunta resuena en algún momento de nuestras vidas como cristianos. En esta nota, vamos a analizar nuestra relación día a día con Dios.

Muchos aprendimos en la escuela bíblica que, para andar en el Espíritu, debíamos apartar una hora cada mañana con el objeto de orar y leer la Biblia, y con ese fin, estar listos para nuestras oraciones desde la madrugada. Aun así, caemos muchas veces en una profunda decepción al ver que nuestra relación con Dios no fluye continuamente. 

Juan Carlos Ortíz escribió sobre este tema en su libro Jesús es el presente en nuestras vidas, en el cual relató de una manera dinámica y simpática (como tenía por costumbre) su experiencia personal, que lo llevó a una vida de constante conversación con Dios.

“Como me habían enseñado de niño, a las seis de la mañana debía hacer mi devocional. Tenía que levantarme a las cinco, y lo hacía. Día tras día, salía a la rastra de la cama para orar y leer la Palabra durante una hora. Pero, una vez, no pude hacerlo. Sencillamente, estaba muy cansado para levantarme y, a lo largo de toda la jornada, me sentí culpable. Sin embargo, llegó el día en que descubrí que Cristo vive en nosotros, que podemos gozar de un diálogo continuo con Él”, relató Ortíz.

“Al principio, cuando empecé a tener comunión con el Señor durante todo el día, seguía poniéndome de rodillas a las seis de la mañana, como de costumbre, pero la diferencia estaba en que, al incorporarme, seguía hablando con Él. Cierto día, tras levantarme después de mi período devocional matutino, Jesús me preguntó: ‘¿Por qué te arrodillas ahí? ¿Acaso no hablas conmigo durante todo el tiempo, incluso si no estás de rodillas?’”. Entonces, empecé a darme cuenta de que, cuando hablaba con Jesús a lo largo de todo el día, aquello formaba para mí parte de la vida real: era una relación con sentido”. dice el pastor.

El escritor confesaba que disfrutaba de su conversación con Jesús durante toda la jornada; sin embargo, el tiempo devocional lo tenía como una obligación. “Creo que hay muchísimas personas esclavizadas a un sistema religioso en sus vidas diarias porque no entienden que andar en el Espíritu es estar continuamente conscientes de la permanente presencia de Cristo dentro de nosotros”, dice Juan Carlos en su libro.

Hemos escuchado muchas veces frases como “Separa un momento de tu tiempo para el Señor”, cuando en realidad nuestro tiempo no nos pertenece, sino que es completamente de Él. Nuestra relación con Dios tiene que ser algo corriente. 

Juan Carlos lo ejemplifica de una forma muy entendible. 

Tan pronto como me despierto por la mañana, me desperezo y bostezo. Luego digo: 

—Buenos días, Señor Jesús. ¿Cómo estás? 

¡Esto lo digo mientras me encuentro en la cama, no de rodillas! 

Muy bien —me contesta—. ¿Y tú, Juan?

—Magníficamente —respondo—. He dormido muy bien esta noche.

Ya lo he visto. 

—Señor —expreso—, me parece que voy a quedarme en la cama unos minutos más.- Como es mi amigo y quiere que el día me vaya bien, me dice: 

Levántate, Juan. Sabes muy bien que, cuando te quedas en la cama, luego terminas corriendo. ¿Por qué vas a estropear la mañana por la prisa? Estás despierto, ¿no? Levántate, y podrás disponer de mucho tiempo. 

—Sí, Señor, pero… 

Vamos, levántate. Tal vez el domingo puedas quedarte durmiendo, pero hoy sal de la cama para que luego no tengas que correr. 

Me pongo de pie y voy al cuarto de baño para ducharme. Mientras lo hago, sigo conversando con Él

—Señor —le digo—, entretanto que me lavo por fuera, ¿podrías limpiarme por dentro?

Es verdad, Juan, lo necesitas. 

Cuando termino de ducharme, Él me enseña a ser un buen esposo, ya que he dejado un charco de agua en el baño, y me dice: 

Juan, seca el suelo, ahí tienes el trapo. Limpia también el lavatorio. 

—Señor —digo—, mi esposa puede hacerlo después. Ella dispone de más tiempo…

Hazlo tú mismo —me ordena—. Vamos, quiero enseñarte a ser un buen esposo. 

—Sí, Señor. —Y me dispongo a limpiar. 

¿Cómo te sientes ahora? —me pregunta.

 —Extraordinariamente, Señor. 

El mostrar amor hacia otros produce un sentimiento muy agradable. Entonces, vuelvo al dormitorio y me digo a mí mismo: “Veamos qué ropa me pongo hoy. Llevaré estos pantalones grises con el saco azul. Vaya, pero este saco azul está arrugado. ¿Y qué tal la camisa marrón? No, no pega con los pantalones grises. Bueno, me pondré los de color marrón”. Para entonces, ya tengo varias prendas extendidas sobre la cama, y planeo dejarlas ahí para que mi esposa las guarde. De nuevo, el Señor me dice: 

Juan. 

—¿Sí? 

Cuelga esa ropa. 

—Pero mi esposa puede hacerlo. 

Hazlo tú mismo. 

—Sí, Señor.

Vuelvo a colgar todas las prendas donde estaban, y la habitación recupera su aspecto ordenado.

¿Cómo te sientes ahora? 

—Muy bien, Señor, realmente bien. 

Ya es hora de partir como un rayo hacia la oficina o perderé el autobús. Estoy a punto de cruzar la puerta de mi casa, cuando el Señor me dice: 

Juan Carlos. 

—Sí. 

No le has dado un beso a tu esposa. 

—Pero, Señor, es tarde… 

Ve y hazlo

“Hasta luego, queridita”, le digo a Marta. Y me voy. Y, al salir, me detengo un momento para besarla. 

—Vaya —me dice aliviada de ver que no me había olvidado de ella—, creía que ibas a marcharte sin siquiera darme un beso. 

“Gracias, Jesús”, susurro agradecido de que Él sepa mostrar su amor en todas esas cosas pequeñas que son importantes para las mujeres.

¿Por qué nos cuesta tanto?

Como humanos que somos, vivimos constantemente influenciados por la carne que nos hace creer que el Evangelio es para adherir a nuestras vidas, cuando en realidad el Evangelio ES vida, porque es Cristo: “Una nueva vida”.(ver 2 Corintios 5:17).

Jesús quiere que vivamos su vida, que la disfrutemos y que dejemos de apartar solo un momento de nuestros quehaceres para caminar conversando sobre cada asunto.

La Corriente

Juan Carlos Ortíz, en su libro Jesús es el presente en nuestras vidas dice que si por un instante escucháramos la forma que nosotros tenemos de orar, comprenderíamos que no conocemos a Jesús como nuestro mejor amigo.

“Cuando uno tiene un amigo, habla con él mientras comparte las cosas corrientes de la vida. Su vocabulario, sus frases y los temas que trata son diferentes si está en su compañía que cuando se encuentra con alguien a quien solo ve ocasionalmente”, dice Juan Carlos.

“Con un amigo, se deja de lado todo protocolo y se tiene un trato íntimo. Si tú posees vida en vez de religión, tus relaciones con Jesús serán íntimas, ya que estás creciendo en su amistad. Lo que hables con Él será nuevo cada día”, agrega el pastor Ortíz.

No hay una actividad mágica que produzca que tu relación con Dios sea algo fluido. Sino, más bien, se trata de tomar consciencia de que ahora somos hijos porque estamos incluidos en el Hijo, y en Cristo tenemos acceso directo al Padre.

Te invitamos a vivir una vida de conversación constante con Dios, a fin de que puedas disfrutar día a día de Aquel que decidió llamarte amigo Juan 15:15-16 .

Redacción
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