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Cómo dejar de sobrepensar

¿Cuántos de ustedes no han podido dormir porque su mente no deja de analizar ciertas cosas?

Como psicólogo, quisiera poder abordar este tema como algo que leí en un libro, pero es algo que me ha costado mucho en mi vida personal. Como cualquier hábito, sobrepensar no es algo que aparece de repente en nuestras vidas, sino que son músculos cognitivos que crecen por el ejercicio que le damos.

Cuando pienso en las horas que he desperdiciado, pensando en la misma cosa para ver si hay una nueva perspectiva o alguna información que me perdí, me doy cuenta de que he invertido mucho en el ejercicio de lo que ahora es un hábito de sobrepensar.

Nuestras mentes son espacios increíbles, con la capacidad de analizar, soñar, discernir y crear. Estas habilidades son diseño de Dios y, como todo lo que Él diseña, tiene la capacidad intrínseca de darle gloria. Pero, como todas las cosas influenciadas por el hombre, tiene la posibilidad de ser un campo fértil para el pecado. La meta es tomar lo que Dios nos ha dado y abonar la tierra de tal manera que podamos ver como frutos pensamientos que glorifican a Dios en vez de enaltecer nuestros problemas.

Tanto Jesús como el apóstol Pablo eran explícitos en este tema. Nuestra vida a nivel de pensamientos puede ser un jardín de belleza o un huerto lleno de hierba mala de preocupación y ansiedad. Si nos afanamos en vez de confiar, perdemos la capacidad de ver la belleza de Dios y nos quedamos mendigando estímulo con situaciones dramáticas. Pero ¿cómo luce el proceso de podar los pensamientos excesivos y poner atención a la sutil belleza de un Dios omnipresente pero no invasivo?

Para algunas personas, necesitan aprender a accionar más y pensar menos. Si tú eres parte del club de los que sobrepiensan, hay situaciones en donde necesitas tomar una decisión y actuar en vez de seguir analizando. La acción da descanso a la mente porque hay menos cosas pendientes. No queremos caer en la compulsión, donde actuamos sin pensar, pero el arte de actuar con sabiduría requiere que seamos listos para tomar los pasos necesarios.

Recuerdo cuando entendí que el hecho que analizara tanto las cosas era una expresión de mi idolatría. Estaba convencido a un nivel inconsciente de que yo podría buscar la mejor solución y podría tener control sobre cualquier situación si tuviera suficiente tiempo para pensarlo. Sin embargo, la vida cristiana se trata de pedir que el Reino de Dios venga a la tierra, y esto no es un resultado de mi plan estratégico. Dios es el que hace este trabajo, y yo soy el que necesito alinearme.

Yo estaba echando tanta leña al fuego de mis pensamientos que las llamas comenzaron a salir de control. Cuando mi cuerpo comenzó a avisar por medio de la ansiedad que mi mente estaba haciendo demasiado trabajo con la gestión de mis pensamientos, sabía que necesitaba algo fuera de mi mente para poder controlarla. Es ahí en donde el Espíritu de Dios me llevó a Filipenses 4:6-8.

Dice así:

6 No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. 7 Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.

Anhelaba esa paz que trascendía todo lo que podría pensar e imaginar. Necesitaba ese cuidado en mi corazón y mi mente que la paz de Dios implica. Entonces, comencé a reemplazar mis pensamientos por este pasaje. A veces me sentía ridículo, recitando un versículo cuando tenía problemas que, según yo, podría resolver dando más vueltas a mi máquina cerebral. Pero, entre más lo decía, más sentido cobraban estos versículos. Y no era un sentido que mi mente pudiera entender claramente. Era una paz que trascendía lo que podría entender. La palabra de Dios cobró vida tal cómo promete hacerlo.

Si estás luchando con tus pensamientos, quiero que sepas que hay una manera de superarlo.

Pero no lo lograrás pensando más. No necesitas más estrategias o ni siquiera más información. La paz de Dios no funciona así. Lo que necesitas es concentrarte en lo que es bello, honorable, justo, puro y admirable. En pocas palabras, necesitas poner más atención a Dios. Porque Él es la suma de todas estas partes. Como levantar pesas por primera vez en años, será difícil aprender el nuevo hábito de enfocar tus pensamientos en las cosas sobre las cuales no tienes control.

«Porque no puedes controlar a Dios. Y Él es el único que puede ganar esta batalla por ti».

David McCormick

En vez de pensar más, necesitas pensar mejor. Y la mejor forma de pensar es de reemplazar nuestras preocupaciones con la palabra y belleza de Dios.

David McCormick
David McCormickhttps://ach.gt/
Es el director ejecutivo de la Alianza Cristiana para los Huérfanos y padre de cuatro hijos. Es psicólogo y se ha especializado en el apego, estilos de crianza, trauma y liderazgo parental. David ha dedicado su vida a la niñez y adolescencia en estado de vulnerabilidad, trabajando para que cada uno de ellos pueda contar con una familia permanente y amorosa.

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