La situación en Venezuela continúa atravesando un período de profunda incertidumbre política, económica y social, meses después de la operación militar estadounidense Absolute Resolve, ocurrida el 3 de enero de 2026, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en Caracas.
Desde entonces, el país ha entrado en una nueva etapa marcada por interrogantes sobre su futuro político. Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada, mientras el oficialismo mantiene una importante estructura de poder dentro del país y la población continúa esperando cambios que permitan aliviar la crisis económica y social. A pesar del cambio provocado por la salida de Maduro, distintos sectores venezolanos siguen enfrentando inflación, dificultades económicas e incertidumbre sobre el rumbo que tomará la nación.
En las últimas semanas, además, Venezuela volvió a ocupar el centro de la agenda internacional debido a los nuevos acuerdos y negociaciones con Estados Unidos en torno a su industria petrolera. Estas decisiones han abierto un nuevo escenario geopolítico y económico, aunque todavía existen dudas sobre sus consecuencias reales para la población y sobre la estabilidad política del país en los próximos meses.
Mientras estas dinámicas políticas y económicas continúan desarrollándose, millones de venezolanos siguen viviendo las consecuencias de una crisis que lleva años afectando al país. Según datos de ACNUR, cerca de 7,9 millones de venezolanos han abandonado el país en busca de protección y mejores condiciones de vida, mientras millones de personas desplazadas y refugiadas continúan enfrentando dificultades para acceder a servicios esenciales y oportunidades económicas.
Al mismo tiempo, aunque algunos venezolanos han comenzado a considerar un posible regreso, ACNUR advierte que cualquier retorno debe producirse de manera voluntaria, segura y digna, en un contexto en el que la situación dentro del país continúa presentando importantes desafíos.
En este contexto, como Iglesia estamos llamados a orar con fe, sensibilidad y compasión por Venezuela y por su pueblo. Más allá de los debates políticos y de las tensiones internacionales, millones de personas continúan necesitando esperanza, estabilidad y restauración.
Nuestro llamado es a interceder por la paz, la justicia, la protección de las familias y la sanación de una nación profundamente golpeada por años de crisis. También debemos recordar a los millones de venezolanos que se encuentran lejos de su tierra y a quienes permanecen dentro del país enfrentando la incertidumbre de un futuro que todavía está en construcción.
Que, en medio de los cambios políticos y de las decisiones de los gobiernos, la Iglesia pueda permanecer cerca del dolor de las personas y levantar una oración constante por Venezuela.
1. Oramos por la paz de Cristo en medio del conflicto
Venezuela atraviesa momentos de profunda inquietud, con violencia, tensión militar y miedo que golpean el corazón de millones de familias.
“Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).
Oremos para que la paz de Cristo cubra cada familia, barrio y ciudad, y para que Dios transforme el miedo en esperanza.
2. Oramos por los más vulnerables: niños, ancianos y migrantes
La crisis humanitaria en Venezuela no es solo política: es profundamente humana. Los más frágiles son los que más sufren: niños sin acceso a educación o salud, ancianos sin cuidados básicos y migrantes que caminan miles de kilómetros en busca de seguridad.
“Bienaventurados los que sufren, porque serán consolados” (Mateo 5:4).
Oremos para que Dios sostenga a quienes no tienen voz y provea lo necesario para cada necesidad urgente.
3. Oramos por consuelo para los corazones heridos
En medio de separaciones, duelos irresueltos y esperanzas agotadas, Jesús nos llama a acudir a Él.
“Vengan a mí todos los que están cansados y cargados” (Mateo 11:28).
Que el Espíritu Santo traiga consuelo, sanidad y descanso a quienes han sido golpeados por esta crisis social, económica y familiar.
4. Oramos por justicia, dignidad y derechos humanos
La violencia y los conflictos no pueden eclipsar el valor de cada vida humana. Donde hay represión, desplazamientos forzados y violaciones a derechos fundamentales, clamamos por justicia verdadera.
Oremos para que se respeten los derechos de todos, que se abran caminos de diálogo y que las soluciones no se impongan por la fuerza, sino por medio de la verdad y el amor.
5. Oramos por esperanza y restauración
La última palabra no la tiene la violencia ni la desesperanza; Dios sigue obrando incluso en medio de la oscuridad.
“Porque yo sé los planes que tengo para ustedes… planes de bienestar” (Jeremías 29:11).
Oremos para que Venezuela sea restaurada y para que la Iglesia pueda ser luz, abrazo y esperanza para un pueblo que anhela paz y reconstrucción.
6. Oramos por quienes han migrado y por quienes los acogen
La diáspora venezolana es una de las más grandes del mundo moderno, con millones buscando refugio en países vecinos, enfrentando barreras, discriminación y necesidades urgentes.
Oremos por protección, oportunidades y abrigo para los migrantes, y para que quienes los reciben actúen con amor y generosidad.
7. Oramos por unidad, entendimiento y reconciliación
Más allá de banderas o ideologías, oramos por un camino de reconciliación que abrace a todos los venezolanos como hijos de Dios, promoviendo unidad, respeto y dignidad.
Que nuestras oraciones no se queden solo en palabras, sino que impulsen acciones de paz, compasión y solidaridad en medio del dolor.
En tiempos de crisis, nuestra fe no es pasiva: intercede, sostiene, abraza y transforma.
Como Iglesia, levantemos nuestro clamor por Venezuela, confiando en que el Dios de la paz obra incluso donde parece no haber salida.





