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Adorar en medio del dolor

Definitivamente tenemos que decir que hemos vivido días de mucha congoja, incertidumbre y dolor. Pérdidas de familiares, amigos, trabajos, la economía dañada, separaciones, crisis familiares, noticias inesperadas. Estas situaciones  fueron tan movilizantes que llevaron a algunos a  replantearse la manera en que estaban viviendo su fe y a otros a una crisis en sus convicciones. El impacto  fue tan significativo que tristemente muchos optaron por abandonar su fe, sus ministerios y a su Dios.

En mi tarea pastoral, la de acompañar y estar cerca de la gente fui inspirado por personas que frente a sus momentos más difíciles decidieron confiar en Dios. Aplicaron a las situaciones de dolor y sufrimiento que vivían una fe práctica, glorificaron a Dios en medio de los que los rodeaba. Hicieron que las tragedias de la vida se transformaran en peldaños para avanzar hacia el consuelo de Dios y Su corazón.

Su fe resurgiendo de las cenizas.¡ Que inspirador!

Qué difícil nos es explicar el dolor, cuántos sentimientos se entremezclan y  cuántas sensaciones nos invaden. Muchas preguntas surgen ¿Por qué a mí?, ¿Acaso no soy una buena persona?  no me merezco lo que estoy viviendo. Las temporadas de dolor nos dejan sus huellas, son impresiones psíquicas que quedan grabadas en nuestra memoria y ponen en marcha un circuito de pensamientos y emociones que se levantan como fortalezas cuyo fruto puede ser de bien para nuestras vidas o por el contrario, apagar la vida que portamos, apagar la fe. Es por eso que tenemos un arma poderosa para avanzar en medio del dolor y las adversidades con convicciones firmes hacia el propósito de Dios para nuestras vidas.

Pero ¡Qué experiencia sobrenatural cuando adoramos en medio del dolor,  mi ecuación es,  “Fe en el dolor es igual a adoración”. También podemos cambiar la ecuación y decir,  “Adoración en el dolor es igual a Fe”. Adorar a Dios no es una opción, es la única opción para las personas de Fe. Cuando adoramos generamos una atmósfera para que el reino de los cielos se manifieste en nuestras vidas y en los  ambientes que habitamos. Nuestras palabras de fe mediante la adoración son las llaves que abren el Reino y desatan las bendiciones, como Jesús le dijo a Pedro en Mateo 16:19 “…y todo lo que desates en la tierra será desatado en el cielo”. Cuando adoramos desatamos en la tierra liberación, sanidad, consuelo, fortaleza, resistencia, dominio propio y el cielo nos responde.  Las personas de fe adoran porque descansan en la esperanza de saber que Dios es Soberano, no falla, no es como nosotros, no cambia, nunca se equivoca. El ciclo de su consuelo es continuo por medio del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones.

Cuántas veces he escuchado expresiones como,  “En medio de tanto dolor pude sentir a Dios más cerca que nunca” Dios los llama bienaventurados. El Salmos 84: 5, 6 y 7 dice: 5“Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas. En cuyo corazón están tus caminos. 

6 Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente. Cuando la lluvia llena los estanques.

 7 Irán de poder en poder. Verán a Dios en Sion.”

El verdadero sentido de la adoración no es cantar la última canción de moda, sino más bien, es la rendición de la voluntad y amor absoluto a pesar de cualquier circunstancia.

Un ejemplo claro de adoración en el dolor fue el de Job frente a la pérdida de sus familiares y 

bienes. Job no perdió algo  lo perdió todo, aún sufrió el dolor de la enfermedad en su propio cuerpo, ( sin embargo ) y en medio de estas devastadoras circunstancias Job adoró.

Job 1:20 “Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró. El final de historia es magnífica y llena de esperanza”

Job 42:5 “De oídas te había oído;  Mas ahora mis ojos te ven.”

Es que las mejores enseñanzas surgen de nuestros peores momentos, porque es allí donde se devela el misterio y entramos a lo desconocido. Allí podemos reconocer que lo que hoy se vive fortalece para lo que vendrá. Cuántas cosas aprendemos de las circunstancias más difíciles. Pareciera que se convierten en nuestro mejores maestros.

Eclesiastés 7:2 “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón”. Otro claro ejemplo fue el rey David luego de la muerte de su hijo. 2 Samuel 12:20 “ Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió”.

En ambos casos, tanto en Job como en David se utiliza la misma expresión “Entonces se levantó”. Es que la forma de levantarnos frente al dolor es cuando reconocemos la soberanía de Dios y adoramos.

Adoremos a Dios aunque duela.

Christian Canteros
Christian Canteros
Pastor del ministerio de Alabanza de la Iglesia Catedral de la Fe. En su trayectoria como Director y Productor ha dirigido los ocho discos producidos por Catedral de la fe. Director de EFAM (Escuela de capacitación artística y ministerial de Catedral de la Fe).

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