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¿Por qué tantos cristianos hablan del Espíritu Santo, pero tan pocos saben quién es?

En tiempos donde abundan las experiencias, recuperar la verdadera identidad del Espíritu Santo quizás sea uno de los desafíos más urgentes para la Iglesia.

Hay pocas personas de la Trinidad tan mencionadas como el Espíritu Santo y, al mismo tiempo, tan poco conocidas. Se habla de «moveres», de manifestaciones, de emociones intensas y de experiencias sobrenaturales. Sin embargo, cuando llega el momento de responder una pregunta tan sencilla como «¿quién es realmente el Espíritu Santo?», las respuestas suelen ser vagas, incompletas o incluso contradictorias.

El escritor A. W. Tozer observó este problema hace décadas y propuso una solución sorprendentemente sencilla: volver a los fundamentos.

En su libro Vivo en el Espíritu, Tozer sostiene que la Iglesia no necesita inventar una nueva doctrina acerca del Espíritu Santo, sino redescubrir la que ha sostenido durante siglos. «Tenemos a disposición un maravilloso cordón de tres dobleces, que nos permite conocer al Espíritu Santo de la manera en la que Dios quiere que lo conozcamos».

Ese «cordón de tres dobleces» está compuesto por las Escrituras, los credos históricos de la Iglesia y los himnos que generaciones de creyentes cantaron como expresión de su fe.

El peligro de construir una fe basada únicamente en experiencias

Vivimos en una época donde la experiencia suele convertirse en la autoridad máxima. Si algo me hizo sentir cerca de Dios, asumimos que necesariamente proviene de Él. Pero Tozer recuerda que las emociones, por profundas que sean, nunca pueden reemplazar la verdad revelada.

Por eso afirma con contundencia: «Todo aquello que no esté construido en base a las Escrituras no perdurará y no viene de Dios».

No está despreciando las experiencias espirituales. Al contrario. Lo que advierte es que una experiencia solo puede llamarse verdaderamente cristiana cuando está alineada con la Palabra de Dios.

Quizás esa sea una de las razones por las que hoy existen tantas ideas diferentes acerca del Espíritu Santo. Cuando la Biblia deja de ser el punto de partida, cada experiencia termina construyendo su propia teología.

El Espíritu Santo no cambia según las épocas

Otra observación interesante de Tozer es que muchas veces creemos que nuestra generación descubrió algo completamente nuevo sobre Dios. Sin embargo, el Espíritu Santo no comenzó a actuar en el siglo XXI.

«La Iglesia dijo acerca de Él a través de los años. Desde el día de Pentecostés, Dios no ha cambiado de parecer».

Por eso el autor invita a mirar hacia atrás, no por nostalgia, sino por humildad. Los credos históricos no reemplazan a la Biblia, pero muestran cómo generaciones enteras de creyentes comprendieron las Escrituras frente a las herejías y los errores doctrinales.

En un tiempo donde cualquier opinión puede viralizarse en segundos, recordar que miles de cristianos ya reflexionaron, debatieron e incluso dieron su vida por defender estas verdades puede ser un ejercicio de sabiduría.

Si el Espíritu Santo es como Jesús, nuestra vida debería parecerse más a Jesús

Quizás una de las afirmaciones más profundas del capítulo aparece cuando Tozer recuerda que el Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo.

El verdadero ministerio del Espíritu nunca consiste en atraer la atención hacia sí mismo, sino en revelar el carácter de Jesús.

Por eso escribe: «El Espíritu Santo es exactamente igual a Jesús».

Esa frase cambia completamente la perspectiva.

Si alguien afirma estar lleno del Espíritu Santo, pero vive con arrogancia, dureza o falta de amor, algo no encaja. Tozer incluso reconoce que muchas personas han sentido temor hacia el Espíritu precisamente porque conocieron creyentes que justificaban comportamientos extraños o abusivos en su nombre.

Sin embargo, el Espíritu Santo nunca contradice el carácter de Cristo. Él produce el mismo amor, la misma compasión, la misma humildad y la misma santidad que vemos en Jesús.

Una Iglesia puede seguir funcionando… incluso sin darse cuenta de que Él ya no está en el centro

El capítulo concluye con una advertencia que sigue siendo incómodamente vigente. «Es muy posible llevar adelante una Iglesia sin el Espíritu Santo.»

Tozer describe iglesias organizadas, con liderazgo, programas y estructuras funcionando normalmente, mientras la presencia de Dios deja de ser indispensable.

No se trata de negar la importancia del orden o la planificación. El problema aparece cuando la actividad reemplaza la dependencia del Espíritu.

Por eso termina con un llamado a volver al «cordón de tres dobleces»: permanecer firmes en las Escrituras, valorar la fe histórica de la Iglesia y recuperar aquellas expresiones de adoración que durante siglos ayudaron a los creyentes a contemplar quién es realmente Dios.

En una época donde abundan las voces que prometen novedades espirituales, quizá la pregunta más importante no sea qué experiencia nueva estamos buscando, sino si conocemos verdaderamente a Aquel de quien tanto hablamos. Porque solo cuando conocemos al Espíritu Santo tal como Él se ha revelado, nuestra experiencia deja de ser una emoción pasajera y comienza a transformarse en una vida que refleja cada vez más a Cristo.

Título: Vivo en el Espíritu

Autor: A. W. Tozer
Año: 2022
Páginas: 187

Redacción
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