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La Mayordomía Cristiana: mucho más que el dinero

La mayordomía cristiana es un tema central en la iglesia de Cristo. Esta nos lleva a reflexionar en cuáles son nuestras prioridades y cuál es el tesoro de nuestro corazón; los frutos de un alma que «ama a Dios con todo su corazón y con toda su alma», así como «a su prójimo como a sí mismo».

Quiere decir que la forma en que vivimos como mayordomos de lo terrenal delata la realidad de nuestros corazones: si Cristo realmente reina en nuestras vidas, o si aún el viejo hombre desea primar por sobre la voluntad y la gloria de Dios.

Es interesante notar que, cuando procuramos indagar más profundamente sobre la mayordomía cristiana, nos encontramos con que la mayoría de la literatura escrita se refiere casi exclusivamente a cómo nos relacionamos con el dinero.

Y esto no es de extrañarnos, ya que la Palabra de Dios se refiere continuamente a la cuestión del dinero como algo íntimamente ligado a una sana vida piadosa. En Proverbios 19:17, Salomón afirma que: «El que se apiada del pobre presta al Señor, y Él lo recompensará por su buena obra».

La generosidad es parte de ser un buen administrador de los bienes materiales. En sus enseñanzas, nuestro Señor insta en Mateo 6:19-24 a no hacer tesoros en la tierra, sino en el cielo, buscando primeramente el Reino de Dios y su justicia. La exhortación de Jesús se resuelve en una promesa firme: «y todas estas cosas os serán añadidas».

Quiere decir que el cristiano tiene como prioridad las cuestiones del reino celestial antes que la acumulación de riquezas terrenales. Asimismo, Pablo, en sus cartas a los Corintios, se expresa sobre la necesidad de ser diligentes en la preparación de las ofrendas, instando a ser «dadores alegres» (2 Corintios 9:7) que abundan en toda buena obra.

Ahora bien, circunscribir el concepto de «mayordomía» a simplemente lo material sería un error, ya que ésta abarca mucho más que lo económico.

La mayordomía es integral: se trata de nuestro tiempo, de nuestro trabajo y de nuestra vida entera. En otras palabras, apunta a una vida consagrada en su totalidad al Creador de los cielos y la tierra, quien ha resuelto en su designio divino predestinarnos para su gloria eterna (Efesios 1:3-4).

Podemos afirmar que la mayordomía cristiana es la resolución práctica en respuesta a la gloria salvífica experimentada por el pecador justificado.

Es por ello que este tópico debe ser abordado por la iglesia de manera urgente en este siglo. En un mundo que facilita el consumo desmedido, el individualismo egoísta y la apatía por la necesidad ajena, la iglesia de Dios debe responder contraculturalmente con un modelo de fe que yuxtaponga lo interno y lo externo, las creencias y la práctica.

Si existiera una disociación entre nuestra alegada fe y la expresión externa de ella, el cristiano es llamado a reflexionar profundamente en la raíz de su fe, de modo que pueda someterse nuevamente ante el señorío de Cristo, quien no clama solo por una porción de nuestra alma, sino por toda nuestra vida.

Una invitación a examinarnos

Dicho esto, procuremos reflexionar sobre nuestra vida de fe:

  • ¿Cómo estoy adorando a Dios a través de mis bienes materiales?
  • ¿Da testimonio de una fe madura la manera en que dispongo de mi dinero?
  • ¿Soy un fiel ofrendador, tanto en mi responsabilidad como miembro de una comunidad de fe como en el sostenimiento de las misiones?
  • ¿En qué suelo disponer de mi tiempo fuera de mis responsabilidades diarias?
  • ¿Aparto tiempo para disfrutar de una comunión íntima con el Dios a quien amo?
  • ¿Aprovecho al máximo mi tiempo para ser preparado como un mejor instrumento de Cristo?
  • ¿Sirvo en la iglesia de forma diligente y sabia?
  • ¿Utilizo los dones que el Espíritu Santo ha impartido para edificar el cuerpo de Cristo?
  • ¿Cómo concilio mi servicio en la iglesia con el tiempo de calidad que debo a mi cónyuge o familia?

Todas estas preguntas exigen una revisión interna con miras a volver al cauce de una vida espiritual sana. Y es que la salvación alcanzada por gracia es una realidad tan preciosa que el cristiano debe cuidarla fervientemente; el modo de lograrlo es a través de una vida diligente que dé frutos de salvación.

Ante ello, recordemos el llamamiento de nuestro Salvador: seamos mayordomos fieles de los bienes celestiales, de modo que en los cielos escuchemos sus palabras confortarnos eternamente:

«Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor».

Más información

En caso de que te interese aprender más sobre este tema, el mismo se estará desarrollando en el encuentro virtual del sábado 14 de marzo, en el marco de la clase “Mayordomía Cristiana”, dictada por el profesor Arturo Kim.

La materia forma parte de la Diplomatura en Teología Integral del Centro de Extensión de la Facultad de Teología Integral (CEFTI), cuyo propósito es equipar a los participantes con herramientas y recursos bíblico-teológicos y prácticos para el desempeño de sus tareas ministeriales y el fortalecimiento de su formación espiritual.

Más información aquí

Arturo Kim

Se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y culminó su Master of Divinity (MDiv) y Master of Theology (ThM) en el seminario teológico Gordon-Conwell de Massachusetts, Estados Unidos. Actualmente se encuentra cursando sus estudios doctorales (PhD) en el Puritan Reformed Theological Seminary.

Es también profesor adjunto en la Facultad de Teología Integral de Buenos Aires, y co-pastor en la Iglesia Presbiteriana Betel en Argentina. Está felizmente casado con Priscila, y juntos forman su familia con Jeremías.

FTIBA
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La Facultad Teológica Integral de Buenos Aires es una institución inter-denominacional que nace de la Red de Sembradores y tiene el propósito de formar ministros y líderes laicos con la mayor exigencia académica, teológica y bíblica. Actualmente, es la única institución académica en Argentina que provee una Maestría en Divinidad.

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