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Murió Eduardo Santoro, una voz que marcó a generaciones de la música cristiana argentina

Hoy 4 de febrero falleció Eduardo Santoro, reconocido cantante, compositor, pastor y evangelista, una de las voces más representativas del movimiento cristiano desde la década de los años 80. Tenía 65 años.

Nacido el 6 de enero de 1961 en Buenos Aires, Santoro desarrolló un ministerio profundamente ligado a la predicación del Evangelio, entendiendo siempre la música como una extensión de su llamado pastoral. Sus canciones no solo se escucharon: se cantaron, se oraron y se transformaron en herramientas de fe dentro de iglesias, campañas evangelísticas y encuentros cristianos a lo largo de América Latina.

Un ministerio que trascendió la música

A lo largo de su trayectoria, Eduardo Santoro grabó numerosos álbumes que dejaron una huella imborrable en varias generaciones de creyentes. Producciones como Desde Que Te Conocí, La Manera de Vivir, Más Que Vencedor, Te Bendecimos y Debes Conocerle se convirtieron en material habitual dentro de congregaciones evangélicas, tanto en Argentina como en otros países de la región.

Canciones como “Desde Que Te Conocí”, “La Manera de Vivir” y “Si Mi Pueblo Se Humillare” trascendieron el formato artístico para transformarse en himnos congregacionales, reflejando un mensaje claro, bíblico y directo, característico de su ministerio.

Más allá de los escenarios, Santoro fue pastor, conferencista y predicador, con una fuerte vocación evangelística. Su vida y su obra estuvieron marcadas por una coherencia profunda entre el mensaje que cantaba y la fe que predicaba.

Una generación formada en sus canciones

Para muchos, Eduardo Santoro fue parte de una época donde la música cristiana no buscaba espectáculo, sino servicio. Sus letras apuntaban a la conversión, al arrepentimiento, a la vida transformada y a una fe vivida con compromiso.

Su legado no se mide solo en discos grabados, sino en vidas alcanzadas, en creyentes que encontraron consuelo, dirección y esperanza a través de sus canciones, y en una iglesia que fue edificada por su mensaje sencillo y profundo.

Un legado que permanece

Hoy, mientras la comunidad cristiana despide a Eduardo Santoro, su voz sigue resonando en cada iglesia donde alguna vez se cantó una de sus canciones. Su partida deja dolor, pero también gratitud por una vida entregada al servicio del Reino.

Como ocurre con aquellos que sembraron con fidelidad, su obra no termina con su muerte. Permanece en la memoria, en la fe compartida y en el fruto que continúa dando.

“Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor… porque sus obras con ellos siguen” (Apocalipsis 14:13).

Redacción
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