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Los que sostienen la Iglesia desde el anonimato

¿Alguna vez se tomaron una pausa para fijarse en aquellas personas que sirven voluntariamente en los diferentes ministerios de su congregación? A veces son líderes y personas que los miembros de la iglesia reconocen.

A veces son personas que son más silenciosas en su servir, y casi nadie los nota.
En este breve artículo veremos quién es un voluntario, fundamentos y beneficios del voluntariado cristiano, y una invitación a cuidarlos.

Voluntarios

Entonces en primer lugar nos preguntamos, ¿quién es un voluntario? Los voluntarios son todas aquellas personas que, sin recibir ningún tipo de remuneración monetaria, se ofrecen por elección propia para alguna causa específica.
Una de las maneras de definir el voluntariado es “el comportamiento prosocial, planificado y a largo plazo, que beneficia a otros y ocurren dentro de un contexto organizacional” (Penner 2002).

En nuestras congregaciones, se ve en esas personas que se ofrecen a limpiar el baño de la iglesia, a servir la leche y pan en el merendero de la iglesia, a enseñar y liderar en estudios bíblicos o la escuelita dominical, a servir con sus talentos musicales para la alabanza congregacional o a pararse frente a la puerta para dar la bienvenida tanto a aquel que pisa la iglesia por primera vez como al que lo hace por milésima vez.
Así como también muchos otros roles y trabajos —indispensables en nuestras iglesias— que vemos y no vemos, que las personas hacen de manera voluntaria.

Algunos fundamentos para el voluntario cristiano

¿Qué diferencia nuestra fe —nuestra identidad como cristianos— en el momento de servir? Cuando hablamos de la fe como primordial motivador, nos referimos a la relación personal que tiene una persona con Dios. Cuando el servicio nace de nuestro caminar con el Señor, aun las acciones más simples dejan de tener una motivación meramente humana y se vuelven expresión de esa relación.

La Palabra de Dios guía y direcciona nuestras vidas de modo que confesamos “Lámpara es a mis pies Tu palabra, y luz para mi camino.” (Salmo 119:105).
Todo esto orquestado maravillosamente en la gracia y bajo la soberanía de Dios, quien produce en nosotros tanto el querer como el hacer (Filipenses 2:13).

Entonces amamos porque Él nos amó primero (1 Juan 4:19), perdonamos porque Él nos perdonó primero (Colosenses 3:13) y servimos porque Jesús, siendo Maestro, nos ha servido primero, mostrándonos con el ejemplo de Su propia vida (Juan 13:15).

Algunos beneficios de servir voluntariamente

Servir voluntariamente a la iglesia —entendida no solo como el edificio local, sino como la comunidad redimida por Él— implica sacrificios, pero también trae abundantes beneficios. Diversos estudios sobre el voluntariado señalan que quienes sirven experimentan mejoras en su salud emocional y psicológica, un renovado sentido de propósito, pertenencia y contribución, así como la expansión de sus vínculos sociales.

En Cristo, la persona que decide decir “sí” a servir con su tiempo, su persona y los dones que le fueron concedidos, también está diciendo “sí” a la aventura de seguir creciendo y madurando en la fe.
Y en ese mismo acto de servicio, encarna el amor de Cristo y modela el sacrificio al resto de la congregación, convirtiendo su entrega en un testimonio vivo del Evangelio.

En la Iglesia, nadie queda fuera de la responsabilidad de amarnos, edificarnos y animarnos unos a otros usando los dones que Dios nos ha dado para fortalecer al Cuerpo de Cristo. No somos una organización más, sino una comunidad de fe unida por una verdad común: somos pecadores redimidos por Cristo, caminando juntos hacia la madurez y el crecimiento en Él.

Sin embargo, a veces estamos tan enfocados en buscar nuevos voluntarios (¡porque nunca hay suficientes!) que tal vez olvidamos cuidar a aquellas personas que ya están sirviendo fielmente.
Llegado a este punto, es bueno que nos detengamos a preguntarnos…

¿Cómo podemos apoyar y cuidar a los voluntarios?

Yo misma fui voluntaria tanto en el ministerio de niños como en el de alabanza por muchos años. Aprendí mucho, sufrí mucho, crecí mucho.
Tuve momentos con líderes que me apoyaron en oración, me formaron y me enseñaron. Tuve momentos en que me sentía completamente sola. Hubo momentos llenos de gozo y alegría. También pasé por malentendidos y conflictos.

Muchas veces me quejaba y le preguntaba “¿Por qué, Señor?” y quería dejar todo…
Hasta que en medio de una clase en la escuelita dominical, una nena me recitó un versículo bíblico que no tenía idea que, meses después, ministraría mi corazón en medio de un ataque de ansiedad.
Hasta que luego de una reunión de domingo venga una señora mayor con lágrimas diciendo: “Hace mucho que no podía adorar a Dios de esta manera, gracias por servirnos y liderarnos en alabanza con el piano hoy.”

Esta interacción con las personas que servimos —en donde Dios es exaltado— son de muchísimo ánimo para mí, porque Él obra mediante la manera en que nos dotó para servirnos unos a otros.

¿De qué otras maneras podemos alentar, animar y edificar a nuestros voluntarios?
Acá dejo un par de ideas:

  • Agradezca por lo que hacen. Dar gracias a los voluntarios por lo que hacen es un acto de afirmación, consuelo y ánimo: es un pispeo del fruto que no siempre vemos.
  • Cuente de qué manera influye su servicio en su vida. Historias y testimonios de la fidelidad de Dios mediante la vida y servicio de los voluntarios que edificaron, animaron, impactaron y desafiaron su vida de fe.
  • Ore por los voluntarios de los diferentes ministerios. Pregunte: ¿Cómo puedo orar por vos esta semana?
  • Busque conocerlos por quien son. Escuche lo que tienen para ofrecer. Hay veces que no conocemos bien a los voluntarios por su persona, sino por su servicio. Y hay veces que no valoramos lo suficiente la manera en que sus experiencias sirviendo pueden enriquecer a la congregación: ¿Cómo conociste al Señor? ¿Qué aprendiste en tus años de servicio? ¿Qué te llevó a servir en este ministerio?
  • Cree espacios y tiempos de descanso. A veces es difícil imaginar una iglesia sin voluntarios; sin embargo, es necesario descansar. Se pueden considerar rotaciones e ideas creativas para lograrlo. A veces lo que necesitan los voluntarios es un tiempo de simplemente “sentarse y escuchar a los pies de Jesús” como María.
  • Capacite a sus voluntarios. Ofrezca formación en la tarea a la que se comprometen, escuche sus dificultades y genere diálogos que ayuden a integrar la fe en su servicio: ¿Cómo informan las buenas nuevas de Jesús a tu servicio en este ministerio?

Servir no es solo hacer; es ser transformados a la imagen de Aquel que sirvió primero.
En cada acto de entrega —sea grande o pequeño— el Espíritu nos moldea y nos hace más semejantes a Cristo. Cada tarea se convierte en un altar donde ofrecemos nuestra vida como sacrificio vivo (Romanos 12:1).
Así, el voluntariado deja de ser simplemente una actividad y se vuelve una forma cotidiana de discipulado, donde sembramos tiempo… y cosechamos eternidad.

Paula Chang: Docente e investigadora. Su trabajo explora la motivación de líderes voluntarios en contextos eclesiales latinoamericanos, con especial interés en la integración entre fe, servicio y aprendizaje. Actualmente es profesora de Educación Ministerial, directora del Centro de Extensión en la Facultad de Teología Integral (Buenos Aires). Completó su Maestría en Ministerios Educacionales en Trinity International University (EE. UU.) y cursa el doctorado en Estudios Educativos en la misma institución.

FTIBA
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La Facultad Teológica Integral de Buenos Aires es una institución inter-denominacional que nace de la Red de Sembradores y tiene el propósito de formar ministros y líderes laicos con la mayor exigencia académica, teológica y bíblica. Actualmente, es la única institución académica en Argentina que provee una Maestría en Divinidad.

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