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¿Cómo interpretar la Biblia para predicar la Palabra?

La ola de mensajes descontextualizados y doctrinas recortadas requiere una urgente labor de interpretación. ¡Necesitamos que sea el texto bíblico el que vuelva a hablar!

Algo innegable en la era digital es que la Palabra de Dios tiene un alcance inigualable con otras épocas. El otro polo es que pululan mensajes cuasi bíblicos en muchos espacios web. El consumo de doctrinas recortadas y seudo promesas inunda las redes de falsos maestros que más que ahondar en el texto, aplican superficialmente todo aquello que favorezca seguidores y un alcance mayor.

Evidentemente es un problema estructural porque la oferta se complementa con la demanda; es decir que, parte de la Iglesia está buscando alimento allí. Sabemos que la Palabra de Dios necesita ser interpretada, ya que ha sido inspirada hace mucho tiempo en contextos particulares.

Para ser transmitida a partir de esos principios atemporales y aculturales que contiene, se hace pertinente la labor exegética. esa que falta en los mensajes recortados y faltos de análisis crítico hermenéutico. Esto requiere un trabajo a dos vías, intelectual y espiritual.

Si bien es cierto que a diario interpretamos el mundo, los textos demandan herramientas particulares de análisis. La hermenéutica es el arte de la interpretación, en ella confluyen los elementos con los cuales realizamos exégesis, es decir intentamos sacar del texto toda su riqueza.

Por otro lado, cuando en vez de sacar el contenido inmerso en él, ponemos significado, realizamos eiségesis. Esto es lo que se observa en el uso de un versículo tomado como fundamento para sostener doctrinas erróneas.

Mucha aplicación recortada, poca exégesis comprometida.

José Martínez (2013), en su libro Hermenéutica bíblica sostiene que “La solidez del pensamiento cristiano y la vida misma de la iglesia dependen del lugar otorgado en ellos a la Biblia y del modo de examinar sus textos (…)

Por otra parte, la historia de la Iglesia y la experiencia diaria, atestiguan que una pretendida dependencia del Espíritu divorciada del estudio serio y diligente en la interpretación de la Escritura es frecuentemente causa de extravagancias religiosas o de herejías”.

Todavía en algunos círculos se sostiene que no necesitamos que nadie nos enseñe porque el Espíritu “nos enseña todas las cosas” apelando a 1 Juan 2:27. ¡Error exegético!, el autor les recuerda que ya tienen la sana doctrina en su corazón y no necesitan escuchar a los falsos maestros. Así muchos tergiversan el texto a su conveniencia.

Nos encontramos ante una falsa promesa cuando se sentencia “ Mi Dios, pues, suplirá (…) conforme a sus riquezas…” de Filipenses 4:19 (RVR1960). Claro que Dios suple, pero no hay allí una promesa incondicional, sino que teniendo en cuenta la perícopa, es decir la línea de pensamiento, el tema inicia con Pablo agradeciendo la generosidad de la iglesia. En respuesta a ese corazón, él sabe que el Señor les dará.

Usemos correctamente la palabra de verdad

Desde muy temprano Dios utilizó el análisis como una herramienta para traer luz; por ejemplo en Nehemías 8:8 se nos cuenta que había quienes daban sentido al texto, es decir realizaban exégesis. Actualmente contamos con el texto bíblico completo, por eso, argumentar doctrinas sobre bases veterotestamentarias olvidando el mensaje en su totalidad, sobre la luz de la cruz y la gracia del Nuevo Testamento, es cometer herejía. Lamentablemente, esto abunda.

Si se utiliza un pasaje para pretender que podemos pactar con dinero delante de Dios (Levítico 22—26), cuando lo que se estipula allí es que si el diezmo es imposible de transportar, puede llevarse el equivalente en dinero, se comete herejía. Cuando se apela a las maldiciones generacionales, solo se evidencia la poca labor exegética. ¿Será que las uvas agrias siguen dañando los dientes de los hijos? ¿Será que el Señor ya no hace las cosas nuevas?

Cuánto daño hacen a la Iglesia aquellos que transmiten seudo verdades descontextualizadas, recortadas. Los ejemplos abundan; incluso algunos señalan a este tiempo como aquel en que los dones han cesado. ¿Sobre qué base concienzuda a la luz del texto podríamos enseñarlo, cuando vemos el mover del Espíritu Santo a diario por medio de los dones dados al Cuerpo?

El trabajo exegético es un acto espiritual, le pese a quien le pese.

El Espíritu Santo se contenta con aquellos que buscan compartir la verdad bíblica con esa profundidad que integra el intelecto y su persona. Al conocer las Escrituras conocemos al Logos, al Dios de la Palabra y en eso somos realmente transformados; por eso necesitamos movilizarnos contra todo argumento que atente contra el verdadero Evangelio.

Urge que se levante un ejército de intérpretes apologistas. Ante tanta falsa doctrina, necesitamos usar bien (interpretar) la palabra de verdad ( 2 Timoteo 2:15); atravesados por la luz del Espíritu para que una vez más, con toda su fuerza, sea el texto el que hable para que muchos conozcan la verdad y sean libres.

Adriana Ocampo de Llano
Adriana Ocampo de Llano
Ministro Licenciado de la UAD. Lleva adelante una labor docente en el Instituto Bíblico Río de la Plata; Institutos externos e IETE. Forma parte del Equipo Nacional de Escuela Bíblica Sub departamento del DEC, UAD. Es parte del cuerpo docente de la ONG Mujeres por la Nación.

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