Romper estructuras no es olvidar lo básico, es deshacernos de la carcasa inservible.

Vengo de una generación adicta a lo visual. Todo es TV, computadora, celular y el señor internet. No podemos estar sin ver qué sucede en las redes sociales, y nos interesa el video del último tornado que sacudió un territorio que no conocemos, al otro lado del mundo. 

Está bien que la Iglesia busque adaptarse a los nuevos tiempos. No hacerlo sería un problema. Si no estamos presentes en los medios de comunicación, estamos perdiendo la capacidad de influencia que Dios nos llamó a tener. 

Nuestro problema siempre fue otro. Las modas, las necesidades visuales, el poder político o económico y muchas otras cosas más nos pueden distraer fácilmente de lo básico.

obnubilados por estas cuestiones, me doy cuenta lo sencillo que nos resulta confundir religiosidad con espiritualidad. 

Y puedo asegurar que no hay trampa diabólica mejor preparada que esta. Cuando esto sucede, pensamos que romper estructuras es olvidar lo básico, cuando en realidad es deshacernos de la carcasa inservible.

El cultivo de una vida espiritual efectiva es nuestra esencia, mientras que el resto no es más que el envase. Lo externo puede, y debe, renovarse constantemente. Pero si el contenido se ve descuidado, el producto ya no será el mismo. Sobran los ejemplos de productos alimenticios que cambiaron de fórmula en su composición, y su popularidad se fue a pique. 

Lo único que nos permite experimentar el mismo Evangelio del Reino que predicó Jesús es cultivar la vida que Él modeló. Que hagamos cosas como las que Él hizo, y aún mayores (Juan 14:12), dependerá de que desarrollemos la misma vida espiritual que el Maestro. Es tan sencillo como eso, ¡aunque la práctica parezca imposible para muchos! Si Jesús lo hizo, está a nuestro alcance.

Siete prácticas básicas

Podría resumir este modelo en siete prácticas básicas de la vida cristiana, que no podemos descuidar, y en las cuales debemos crecer diariamente. Estas estuvieron presentes en Jesús, y fueron la leña que encendió la llama del avivamiento en la iglesia primitiva:

-Oración 

-Ayuno

-Meditación en la Palabra

-Discipulado

-Servicio

-Vida en comunidad

-Generosidad

No tengo el espacio para desarrollar cada una de estas (que se merecen, como mínimo, un libro cada una). Pero, vale decir, que el Nuevo Testamento está lleno de referencias a ellas. Pasajes como Hechos 2:41-47 y 13:2-3, deberían ser argumentos suficientes para entenderlas y abrazarlas. Las mismas esconden las claves que permitieron la expansión contra todo pronóstico (por la persecución) de la Iglesia de los primeros siglos.

Esto mismo lo vemos hoy en países donde ser cristiano puede costarle la vida a cualquiera. Está más que comprobado que a mayor presión, los seguidores de Jesús tendemos a ser más dependientes de la vida del Espíritu. Y donde la vida del Espíritu se incrementa, los hechos sobrenaturales son cotidianos. 

Tan solo por dar un ejemplo, la mayoría de los misioneros que conozco en países con mucha persecución, que han sido efectivos en la plantación de iglesias, dedican varias horas de cada mañana a la oración, y ayunan con plena conciencia de lo que están movilizando con su sacrificio.

Lo único que nos permitirá construir una Iglesia trascendente es tener lo básico en un lugar relevante.

¿De qué valdría dedicar nuestra vida a un Evangelio que no lleve al mundo a experimentar con hechos, y no sólo con palabras, el cielo en la Tierra? 

El sonido, las pantallas led, el resto de los equipos que se te ocurran, y toda nuestra excelencia estética es buena (me encanta y a Dios también), pero sin la esencia es la nada misma. ¿Podríamos seguir siendo una Iglesia efectiva en su misión si hoy nos faltaran todos los medios que tenemos a disposición en occidente?

Si TENDREMOS algo de efectividad, será por las prácticas espirituales que hayamos cultivado.

La historia ya está repleta de ejemplos sobre lo problemático que le resulta a la Iglesia cultivar las prácticas incorrectas, y no podemos perdernos la oportunidad que otras generaciones se perdieron de marcar su tiempo con el Reino.

Adaptémonos a los tiempos constantemente, sin dejar de ser una Iglesia que camine en el amor y el poder del cielo. Que cada día nos encuentre edificando una que deje un legado trascendente, tanto por atraer el cielo como por levantar a una generación que se atreva a ir más lejos.

David Decena
Pastor junto a su esposa, Abigail, del Centro Familiar Cristiano de Eldorado (Mnes. Argentina). Realiza una maestría en orígenes del cristianismo en España. Es Director y co-fundador de EDES (Escuela de Entrenamiento Sobrenatural). Junto a Abigail, pastorea los ministerios creativos de su casa, trabajando en la expansión territorial de la iglesia en otras ciudades.