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Jesús es el presente en nuestras vidas, por Juan Carlos Ortiz

Hemos vivido mucho tiempo a un Cristo moldeado por nuestros parámetros y costumbres, que nada tienen que ver con el verdadero poder de su persona. Nuestra mirada está sesgada por los relatos de un Jesús histórico o biográfico, de alguien que transitó por esta Tierra, pero ya no está más; hablamos de Él como si nunca hubiera resucitado y como si jamás fuera a regresar a gobernar este mundo junto a su Iglesia escogida.

Estamos acostumbrados a leer sus enseñanzas, milagros y maravillas, pero al igual que la transitoriedad de una bruma pasajera, así queda nuestra alma: saciada solo por momentos. Y olvidamos que la misma presencia viva de Jesús está presente en nosotros cada segundo de nuestra existencia, tal como lo prometió: “estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). 

«Al principio, cuando empecé a tener comunión con el Señor durante todo el día, seguía poniéndome de rodillas a las seis de la mañana, como de costumbre, pero la diferencia estaba en que, al incorporarme, seguía hablando con Él».

Juan Carlos Ortíz

Cuando Jesús se revela a nuestras vidas, lo hace como el Cristo vivo y glorificado. Él está dispuesto a que lo escuchemos en todo momento y en todo lugar, porque no se quedó en la cruz. Aquel que estuvo por tres días en un sepulcro, ya no lo está más. Ahora está en el cielo, sentado a la derecha del Dios Padre, rodeado de majestad y con un corazón que arde por aquellos que anhelan tener comunión plena con Él.

«Creo que hay muchísimas personas esclavizadas a un sistema religioso en sus vidas porque no entienden que andar en el Espíritu es estar continuamente conscientes de la presencia de Cristo dentro de nosotros».

Juan Carlos Ortíz

Es tiempo de dejar de centrarnos únicamente en predicar sobre sus milagros pasados y todo lo que ya hizo al redimirnos de la muerte, y enarbolar también esta verdad: Cristo está vivo y sigue hablando a su Cuerpo, la Iglesia. No es sano vivir a un Jesús que quedó en el pasado mientras Él sigue obrando poderosamente en la Tierra. Jesús quiere ser nuestro eterno presente. Por eso, te animamos a leer este libro para que puedas experimentar de alguna u otra manera la frescura de su renuevo, aquí y ahora.

«Si por un instante escucháramos la forma que nosotros tenemos de orar, comprenderíamos que no conocemos a Jesús como nuestro mejor amigo.»

Juan Carlos Ortíz

Disfrutemos de su comunión. Seamos conscientes de su presencia todo los días, llenémonos de su  plenitud a cada segundo, y así veremos que Jesús es el presente en nuestras vidas.

Te dejamos un fragmento del libro:

CAPÍTULO 2

El velo de Jesús con barba y con sandalias

Al leer las cartas del Nuevo Testamento, veo una enorme diferencia entre el Cristo que presentaba Pablo al mundo y el que la Iglesia presenta hoy. Pablo expresó:“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”(2 Corintios 5:16). Cuando Pablo predicaba el Evangelio, no presentaba al Cristo de los cuatro Evangelios. No se lo escuchaba hablar de la mujer samaritana, de la alimentación de los cinco mil, o de la resurrección de la hija de Jairo. En lugar de ello, él proclamaba al Cristo ascendido, que está vivo hoy, ante quien toda rodilla se doblará, confesando toda lengua que Él es el Señor para gloria de Dios Padre. A menudo, cuando la Iglesia predica el Evangelio, presenta al Cristo de los evangelios: el Jesús con barba y con sandalias que anduvo sobre las aguas del mar de Galilea, que maldijo a la higuera estéril y que sanó a diez leprosos. Pero el énfasis de la iglesia primitiva era completamente distinto. El autor de Hebreos escribió:

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura.—Hebreos 10:19-22 RVR 1960.

La vida que Jesús vivió sobre la Tierra abriría para nosotros una relación totalmente nueva con Dios, hasta el punto de que podemos conocerlo como Él es ahora, de una manera viva y siempre fresca. Su vida terrenal fue solo la entrada a esa nueva forma en que ahora podemos experimentarlo.

Redacción
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