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Esperar lo peor nos inhibe sentir la paz de Dios

En el día de su boda, Gloria no podía dejar de pensar en si su marido algún día abandonaría sus votos.

Cuando Juan se convirtió en padre por primera vez, sentía la tensión entre el amor tan profundo y el temor de apegarse a alguien que podría perder.

Carina recibió la noticia de un aumento en el trabajo el mismo día que se enteró que una galería de arte quería el producto de su pasatiempo favorito. Cuando se acostó esa noche, el único pensamiento que pasaba por su cabeza fue: “esto parece ser demasiado bueno. Algo malo tiene que venir.”

Lo que Gloria, Juan y Carina tienen en común es que hay algo que no les permite estar presentes y disfrutar plenamente de lo bueno que Dios está dando. Hay ciertos tipos de personalidades que parecen ser más inclinadas a esperar lo peor de las situaciones y de las personas. Aún en circunstancias agradables y con personas confiables, hay una alarma interna que se enciende para informar que se debe tener cuidado con las buenas cosas, porque otras malas seguramente vienen en camino. Otro tipo de personas han vivido rupturas relacionales o situaciones muy difíciles, donde aprendieron a sospechar, analizar y anticipar cualquier riesgo con tal de evitar el peligro. Sin embargo, esta tendencia, ya sea por la personalidad o por las experiencias de vida, generan un impulso de sospechar lo bueno y anticipar lo malo. Esto no es algo fácil de apagar, y para los cristianos, puede ser una tendencia que sabotea el proceso de caminar en libertad y gozo.

Muchas veces hay situaciones difíciles que suceden en la infancia, donde una persona no tiene la capacidad de analizar la situación de manera objetiva. Esta falta de capacidad, debido a la etapa de desarrollo, hace que la persona crezca con un sexto sentido de percibir las amenazas y vivir en una hipervigilancia, llegando a sospechar aún en los mejores momentos de la vida. ¿Te ha pasado que pasas momentos muy alegres con una sospecha subterránea que susurra amenazas? ¿Crees que todo lo bueno tiene que ser acompañado por algo malo? ¿Has creído que lo bueno no puede ser tan bueno porque algo malo tendría que seguir?

Aunque mencioné las personalidades y experiencias de vida como variables en esta problemática, la incapacidad de disfrutar el presente es un asunto sumamente espiritual. Además, es imposible ser un aprendiz de Cristo y vivir una vida dominada por este miedo aparentemente útil. Jesús es la brújula que nos dirige al diseño perfecto de Dios y Él modeló la capacidad de disfrutar de los momentos bellos, aunque sus peores momentos estaban a la vuelta de la esquina. Podríamos deducir que Jesús disfrutó los mejores momentos que una persona podría vivir aunque sabía que venían las peores circunstancias que un ser humano podría experimentar. El conocimiento de lo que venía no se tradujo en ansiedad o hipervigilancia en la vida de Jesús.

Él logró estar presente en sus circunstancias, disfrutando la buena compañía de sus amigos, aunque sabía que estos lo abandonarían en su peor momento.

Seguir a Jesús no nos aleja de la realidad de que tendremos que sufrir y enfrentar cosas muy difíciles en esta vida. Al mismo tiempo, el ritmo bondadoso que Jesús nos ofrece como sus discípulos nos lleva a estar completamente presentes en momentos de gozo y disfrutar lo más bello de esta vida con manos abiertas y agradecidas.

La verdad es que vas a sufrir en esta vida, y por más que te prepares para esos momentos, tendrás que caminar en medio del dolor para salir del otro lado. La noción de vivir en constante preparación cognitiva nos roba la posibilidad de experimentar la paz de Dios que inunda nuestras emociones. 

Tal vez la manera en que Jesús se preparaba para las cosas difíciles fue un proceso indirecto. La forma en que Jesús se preparó para los momentos más dolorosos fue practicar una vida de comunión con Dios, amor hacia el prójimo, descanso y compartir con hermanos de la fe. Si crees que puedes prepararte para las cosas difíciles al pensar más en esas cosas e imaginar escenarios complicados, te preguntaría, ¿cómo está funcionando esa forma? ¿Has visto algún beneficio de pensar mucho en lo que podría pasar?

Parece que la manera que Dios desea que nos preparemos es un proceso relacional de crecer en intimidad con Él.

En lo práctico, cada vez que recibes una bendición, recuerda que viene del único que tiene la capacidad de dar buenos regalos. Cada vez que estás en una temporada de mucha tranquilidad, puedes aceptar esa realidad sabiendo que el proveedor de todo lo bueno te mantendrá cuando lleguen las olas de sufrimiento y confusión. En vez de pensar más para prepararte, puedes seguir a Jesús en su ritmo de descanso. 

Hay otra forma de vivir que es un contraste rígido a la manera de este mundo. Dios nos ofrece la capacidad de disfrutar lo que Él nos da en esta tierra, tomando un día a la vez. Existe la posibilidad de disfrutar todo lo bueno de esta vida al soltar el control que fingimos tener. Hoy es un buen día para disfrutar de lo que tienes como una muestra de gratitud al dador de toda bendición.

David McCormick
David McCormickhttps://ach.gt/
Es el director ejecutivo de la Alianza Cristiana para los Huérfanos y padre de cuatro hijos. Es psicólogo y se ha especializado en el apego, estilos de crianza, trauma y liderazgo parental. David ha dedicado su vida a la niñez y adolescencia en estado de vulnerabilidad, trabajando para que cada uno de ellos pueda contar con una familia permanente y amorosa.

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