La provincia de Chubut atraviesa una de las tragedias ambientales más graves de los últimos años, a causa de los incendios forestales que avanzan sobre la región andina, dejando miles de hectáreas arrasadas, viviendas destruidas y comunidades enteras en estado de alerta.
En medio de este escenario devastador, un testimonio de fe se volvió viral y llevó esperanza a miles de personas: el de Diego Hernández, un vecino de El Hoyo, cuya casa quedó intacta luego de que orara pidiendo la protección de Dios. Diego nos contó en exclusiva cómo vivió el hecho. Además, hablamos con el pastor Omar Carter, quien se encuentra asistiendo con su congregación en zonas impactadas en la tragedia.
El video, que rápidamente comenzó a circular en redes sociales, muestra a Diego levantando sus manos y clamando para que el fuego no avanzara sobre su propiedad. Lo que ocurrió después sorprendió incluso a los brigadistas: las llamas rodearon el terreno, pero no ingresaron, como si un vallado invisible hubiera sido trazado alrededor del lugar.

El impacto de un acto de fe que dio la vuelta al mundo
Lejos de buscar protagonismo, Diego explica que el video fue algo íntimo, casi personal. Sin embargo, el alcance que tuvo superó cualquier expectativa.
“Ha sido impactante lo que ha generado ese video en la gente. Mensajes de todo el mundo, personas que volvieron a creer, gente internada en hospitales con cáncer que me escribía diciendo que el video les llenó de fe, personas que volvieron a orar”, relató.
Según cuenta, la repercusión también tuvo un fuerte impacto espiritual: “Gente que me decía que estaba tibia en la fe y que al ver el video se reactivó. Yo siempre digo lo mismo: lo único que hice fue levantar mis manos y tener fe. Después Dios hizo el resto. El mérito es de Él”.
Diego incluso relacionó lo vivido con pasajes bíblicos que hablan de la intervención divina en medio del peligro: “Un pastor amigo me dijo que fue como esos actos de fe que se nombran en la Biblia, cuando se habla de apagar fuegos impetuosos. Creo que Dios algo va a hacer con todo esto, y eso es lo principal”.
El fuego que no se detuvo… pero sí respetó un límite
La historia fue recogida también por el medio LT3, que tituló el hecho como “Milagro en la Patagonia”. Allí, Diego explicó que su oración fue concreta y específica.
“No tenía los recursos para defender el complejo, estaban abocados a otro sector, a la casa de mis padres. Yo le pedí a Dios que lo cuide y que haga un vallado alrededor. Y así fue”, contó.
El detalle impresiona: “El último poste quemado estaba a 40 centímetros de una de las cabañas. A los costados tengo una media sombra verde, se quemó el pasto de abajo, pero la media sombra no se quemó”.

Una tragedia que duele más allá del milagro
Aunque agradecido por lo ocurrido en su propiedad, Diego no minimiza la magnitud de la catástrofe. Por el contrario, se muestra profundamente conmovido por lo que está viviendo la región.
“Es devastador. Uno vive acá de toda la vida, conoce estos bosques. Verlos así duele, porque no se recuperan como estaban. Van a pasar 20 o 30 años para volver a ver algo parecido”, explicó.
Además del daño ambiental, la tragedia dejó viviendas y complejos turísticos destruidos, afectando directamente a familias que lo perdieron todo y a la economía local, fuertemente ligada al turismo.

Solidaridad en acción y una Iglesia movilizada
Frente a esta realidad, comenzaron a surgir iniciativas solidarias. Diego contó que se está articulando una colecta solidaria junto a organizaciones y clubes deportivos para asistir a las familias afectadas, gestionar donaciones y acercar recursos básicos a la zona.
En paralelo, la Iglesia tuvo un rol clave. El pastor Omar Carter, de la iglesia El Faro de Epuyén, describió la situación como “una catástrofe tremenda” y explicó que los incendios rodearon prácticamente toda la localidad.
“Los bosques están devastados, hay viviendas quemadas y un impacto enorme en la naturaleza, en la economía y en la población”, señaló.
Según Carter, la Iglesia se transformó en un centro de abastecimiento: provisión de agua, alimentos, viandas, carga de celulares y asistencia a brigadistas y vecinos evacuados. “Las familias cristianas se organizaron para ayudar desde sus casas, preparando comida y asistiendo a quienes arriesgan su vida combatiendo el fuego”, destacó.
Orar, ayudar y prepararse para lo que viene
El pastor también hizo un llamado a la oración consciente y específica: por los brigadistas, los bomberos, las autoridades, las familias afectadas y la salud emocional de toda la comunidad.

“Esto desgasta, abruma y cansa emocionalmente. Hay que orar para que haya paz, sabiduría y organización”, afirmó, remarcando la necesidad de prepararse como sociedad ante una problemática que, según advierte, irá en aumento.
Esperanza en medio de las cenizas
Mientras el fuego continúa siendo combatido y la Patagonia intenta dimensionar el daño sufrido, el testimonio de Diego Hernández se convirtió en una señal de esperanza. No niega la tragedia ni el dolor, pero recuerda que, incluso en medio de las llamas, la fe sigue siendo un refugio.
En una tierra marcada por el humo y la pérdida, su historia vuelve a poner en el centro una verdad que atraviesa la fe cristiana: aun en los momentos más oscuros, Dios sigue estando presente.



