¿Cómo seguir adelante frente a los problemas matrimoniales? ¿Cómo ayudar a nuestros hijos? ¿Cómo llevar a cabo la restauración de la familia?

La ausencia de alguno de los padres tiene diferentes causas. Si ambos se ausentaran, es esperable que sea por causas extremas. Lo más común es llamar padre o madre ausente cuando hay una separación o un divorcio. 

Este distanciamiento, además de ser muy incómodo, puede confundir a los hijos y a la misma pareja. Se trata de la separación de la convivencia: casi siempre, uno de los cónyuges se queda en la casa con los niños y el otro se va a vivir a otro lugar.

Cuando las posibilidades económicas de la familia no soportan el mantenimiento de dos viviendas, si no hubiere amigos o familiares que “presten” un espacio, ese distanciamiento es bajo el mismo techo. La confusión es penosa. En este tiempo de cuarentena por la pandemia se acrecentaron este tipo de separaciones y la convivencia puede hacerse insoportable. 

En mi trato profesional con tantas parejas y familias, puedo notar que la cuarentena puede ser un tiempo feliz y de unidad en la familia, o de mayor distanciamiento dentro del hogar. Esto dependerá del espíritu de colaboración y ayuda previa al confinamiento obligatorio. 

En momentos de tormenta no puede enseñarse a navegar.

Muchos optan por soportar hasta poder separase formalmente, esto trae más dudas e incertidumbre a todos en el hogar y a la familia extendida. Un futuro incierto es la peor guía para los hijos.

¿Puede restaurarse una familia en medio de la pandemia? ¿Puede repararse un navío bajo la tormenta? Hay dos caminos: el primero es poseer un plan previo, un protocolo para tiempos de caos. Por ejemplo: la familia sabe discutir, sabe llegar a acuerdos, cada uno tiene en cuenta el momento oportuno, todos siguen los principios bíblicos de comunicación, de paciencia y colaboración. Es como tener una guía de salvataje.

En segundo lugar, se debe aplicar un concepto que mi hijo suele repetir asiduamente: es imposible saber todo, por eso es bueno tener el contacto del que sabe. En estos casos, la consulta a un profesional, un terapeuta en pareja y familia puede ser la solución. Hay pastores y líderes que se especializan en el trato con parejas y niños, pero aun ellos tienen sus propias desavenencias en estos tiempos tan especiales. 

Un psicólogo o psicóloga cristiana con experiencia puede, aun por vías online, tratar a todos y a cada uno de la familia. El o la profesional sabe reparar la nave en medio de la tormenta. La restauración debe iniciarse a la brevedad, porque cada minuto cuenta cuando algo empieza a hundirse.

Los padres o madres ausentes

La inmadurez que a veces los padres jóvenes pueden tener. No pretenden ser un modelo para sus hijos y a veces son un niño o niña más en la casa.

La irresponsabilidad emocional y económica de padres que por crecer en su estatus profesional y aparentarse jóvenes, se comunican con sus hijos solo por las redes, como si quisieran ser sus amigos.

Los padres presentes físicamente, pero ausentes en afecto y comunicación. Son la ley y las imposiciones, no escuchan a sus hijos y en general tampoco a su esposa. Creen tener siempre la razón.

Los padres proveedores que deben trabajar demasiadas horas y dejan a los niños al cuidado de la madre en todas las áreas. No se comunican ni elogian a sus hijos. No comparten ni saben nada de los niños.

Los divorcios o separaciones traumáticas. Esta pueden provocar la ausencia del padre y el deseo de venganza de la madre, teniendo de rehén al hijo y hablándole mal de su papá. Esto produce problemas en la manutención, en las visitas. Las madres se vuelven controladoras.

Existe la esperanza de reconstruir un hogar incomunicado 

Siempre apuesto a la restauración de la familia. Si los padres asumen que deben tomar decisiones adultas, aceptarán que cuando los hijos nacen hay un compromiso que se sella para siempre, porque serán padres toda la vida.

Las parejas que traen la intención de separarse a mi consultorio vienen pensando en que los niños no sufran. Yo les aseguro que de alguna manera los niños van a manifestar su tristeza porque no es lo que tenían en mente. Les cambiaron el escenario, el libreto y la participación de los directores.

Además, siempre les recuerdo que no están siendo fieles a sus propias promesas, ya que cuando se unieron, se comprometieron (la mayoría de las veces ante Dios) a estar juntos, aun en las adversidades. Trabajo en la reconstrucción. Pero, a veces llegan tarde cuando la infidelidad o la violencia, en todas sus formas, se desata. Cuanto antes recurran a una consulta, mayores posibilidades de restauración habrá.

Ana Manoukian
Fundadora y Directora de Psicología Cristiana, Misión Niños y del Instituto INEA.Co-fundadora de ONG´s Cristianas e iglesias. Autora.Licenciada en teología. Posgrado de “salud mental, espiritualidad e intercultura”.Doctorada en psicología y neurociencias. Especialista en psiconeuroteología bíblica.