Actualmente nos encontramos en un momento histórico en el mundo, donde un virus cambió absolutamente nuestros planes y nos obligó a vivir de una manera totalmente diferente, sin duda que esto nos produce una fuerte tristeza. Pero la vida siempre nos presenta situaciones difíciles de atravesar. Está claro que debemos hacer algo para enfrentar la realidad que nos toca vivir, pero la pregunta es ¿cómo? 

Con frecuencia me encuentro en entrevistas de consejería con jóvenes y adolescentes que se encuentran atravesando algún tipo de tristeza y mientras escucho atentamente los motivos, siempre viene a mi mente este versículo que nos permite analizar y distinguir su origen. 

En 2 Corintios 7:10 dice: “La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte”.

A través de este pasaje vemos una notable diferencia entre la tristeza que proviene de Dios y la de este mundo. Por un lado el Señor nos invita al arrepentimiento, a pedir perdón, y nos desafía a volver a empezar. Pero por otro lado está la tristeza de este mundo que nos provoca a seguir en ese estado y nos dice que no tiene sentido seguir viviendo.

de ahora en adelante te animo a que identifiques de dónde proviene la tristeza y que actúes en consecuencia.  

Jesús, nuestro modelo por excelencia, pasó por todos los estados en los que podemos encontrarnos y con su ejemplo nos enseña cómo debemos proceder. Pero hablando puntualmente de la tristeza, hay un pasaje que no podemos dejar de leer. Miren lo que Jesús vivió en el relato de Mateo 26:36-46. 

¿De dónde provenía la tristeza de Jesús? Recordemos que Él es el varón perfecto, el cordero sin manchas, es decir, Jesús no tenia de qué arrepentirse ya que nunca cometió pecado, por lo tanto, la tristeza que lo atravesaba provenía de este mundo. 

Cuando Jesús identifica la tristeza en su corazón, toma la decisión de orar y se dirige a un monte para hablar con Dios.

En ese momento invitó a Pedro, Juan y Jacobo para que lo acompañaran y se mantuvieran rogando y suplicando a Dios que lo librara de aquello que tenía por delante. Pero Dios tras un largo silencio, le comunicó a Jesús que había llegado la hora de enfrentar la muerte. 

La historia la conocemos, Cristo fue entregado a los sacerdotes, juzgado y condenado a la cruz, donde derramó su sangre y finalmente murió. Ese sacrificio saldó la deuda que todos habíamos generado a causa del pecado y Dios al tercer día lo resucitó de entre los muertos, proporcionando vida eterna mediante la fe en Jesús. 

Acciones que necesitamos ejercer 

Según el ejemplo de Jesús, para enfrentar la tristeza debemos:

  • identificar de dónde proviene; 
  • en caso de ser Dios el que la genera, arrepentirnos, pedir perdón y corregir; 
  • si la tristeza proviene de este mundo, presentarse ante Dios en oración; 
  • pedirles a amigos de confianza que nos acompañen en oración;
  • que la oración sea precisa, con una dirección especifica; 
  • permanecer en oración hasta que Dios responda;
  • sea cual sea la voluntad de Dios, obedecerla;
  • enfrentar la realidad tal como se presenta, bajo la guía del Señor. 

Jesús quiere acompañarnos a enfrentar la tristeza tal como él lo hizo, no estamos solos, el Espíritu Santo está con nosotros, su perfecta guía nos enseñará el camino para encontrar la salida. Y aunque el mundo nos presente aflicciones, debemos estar tranquilos porque Jesús ya venció el mundo. No perdamos de vista las promesas de Dios quien nos asegura que transformará nuestra tristeza en gozo. 

Te dejo un video que resume esta nota, la cual te animo a que compartas con aquellos amigos que estén atravesando por momentos de tristeza. 

Matías Kornetz
Técnico en Drogadependencia, Diplomado en Prevención integral de los consumos problemáticos. Diplomado en Liderazgo generacional y Coaching. Diplomado en Primera infancia y familia. Escritor, conductor, docente, conferencista y especialista en prevención. Director y fundador de la organización Prevenir es Amar.