En importantes museos de arte de todo el mundo, podemos encontrar pinturas del reconocido Vincent Van Gogh. El artista neerlandés hace 5 días hubiese cumplido 173 años, pero gran parte de la historia detrás de este misterioso y sensible artista refleja no solo a un hombre solitario, talentoso, incomprendido y lo que hoy denominaríamos una persona con un diagnóstico psiquiátrico, sino también a alguien que, a pesar de todo lo anterior, supo corresponder al don que Dios le regaló sin esperar ver los resultados, sembrando, sabiendo que quizás nunca logre cosechar, confiando en que el tiempo de Dios era perfecto.
En esta nota analizaremos una escena específica de la película Van Gogh, A las puertas de la eternidad, dirigida por Julian Schnabel, donde quien enmarca al pintor es el mismo Willem Dafoe.
Esta película de 2018 retrata de una manera muy profunda el interior de Van Gogh y su fe, describiéndolo como un hombre comprometido con Cristo y la revelación del Evangelio en el arte.
Dios desde su infancia – Biografía de Vincent
Siendo hijo de un pastor en los Países Bajos, nació en él un deseo de ayudar a los demás. Esto lo llevó a convertirse en maestro, predicador y misionero.
En un determinado momento, a los 27 años, abandonó su tarea y se inició en la pintura. Sin embargo, nunca abandonó su fidelidad a Dios y buscó que su arte también ayude a los demás.
Constantemente hablaba del Amor, definiéndolo como la esencia de Cristo, que nos lleva a expresarlo y experimentarlo en nuestro día a día con los demás.
. Vincent Van Gogh
- “La mejor manera de conocer a Dios es amar muchas cosas. Ama a un amigo, a una esposa, algo, lo que quieras… Pero hay que amar con una simpatía íntima, elevada y seria; con fuerza, con inteligencia. Eso lleva a Dios, eso lleva a una fe inquebrantable”… “Intentar comprender el verdadero significado de lo que los grandes artistas, los maestros serios, nos dicen en sus obras maestras, eso lleva a Dios”
A pesar de tener cientos de obras, su estilo de pintura, más que novedoso para la época, resultó grotesco, inusual, feo e invendible. A la par de sus esfuerzos por crear lo que su cuerpo no podía contener, su mente atravesaba procesos y desequilibrios que para la época solo tenían un nombre: “loco”.
Quizás hoy, en un mundo más desarrollado en la materia de salud mental, la realidad podría ser otra.
“Para gente que aún no nació” – A las puertas de la eternidad
En una conocida escena de la película Van Gogh, A las puertas de la eternidad, el pintor conversa con un sacerdote, quien le cuestiona su trabajo artístico y su mirada sobre su propio estilo de arte.
En la escena, se puede apreciar tensión y un clima reflexivo, que capta la mirada del sacerdote decepcionado, buscando “abrir los ojos” de Van Gogh sobre su estilo de vida y su errónea percepción sobre el arte bello.
La pregunta que desencadena la tensión de la conversación es cuando el sacerdote le pregunta a Vincent: “¿Creés que Dios te dio un talento para pintar?”, a lo que él responde que sí.

Su respuesta logra desencadenar irritación en la mirada del sacerdote, quien no entiende cómo Vincent pinta esas cosas que para toda la sociedad de la época eran “desagradables”.
Hasta que la conversación cobra una inmensa profundidad cuando el pintor expresa:
“¿Por qué Dios me daría un don para pintar cosas feas y desagradables?… Quizás Dios eligió el momento equivocado. Tal vez Dios me hizo pintor para gente que aún no nació”.
Dialogo de la películaVan Gogh, A las puertas de la eternidad
Esta frase resume un poco su mirada: unos ojos esperanzadores que no pueden escapar de la tristeza, la incertidumbre y la depresión.
En una carta a su hermano Theo, expresa:
“Mi querido Theo: un pájaro enjaulado en primavera sabe muy bien que hay algo para lo que serviría. Siente con fuerza que debe hacer algo, pero no puede… Piensa: los demás pájaros construyen sus nidos, tienen hijos y los crían. Entonces, golpea su cabeza contra los barrotes de la jaula. Pero la jaula sigue allí y el pájaro enloquece de dolor”.

“¿Sabes cómo puede desaparecer la prisión? El amor es lo que abre la prisión, con su fuerza soberana”.
Analogías – Lo que Dios enseña
Muchos estudiosos, historiadores, artistas y admiradores de Vincent Van Gogh suelen expresar: “nació en la época equivocada”, pero eso no es lo que Dios nos muestra en la historia del mundo. Todo lo que haya sucedido, Dios lo hace funcional en cualquier tiempo para su gloria.
En base a este tema, el cantante y pastor Fabián Liendo reflexiona sobre este fragmento de la película a partir de 3 analogías:
Analogía 1: Para los nacidos de arriba
Nadie puede ver el reino de Dios a menos que nazca de arriba (del espíritu). La Escritura deja en claro que el hombre natural no tiene acceso a las cosas del espíritu.
Vivimos en este mundo, pero no somos del mundo. Ponemos la mira en lo eterno y no en lo temporal.
Solo los nacidos de arriba lo pueden entender.
Vincent basó su “éxito” en lo que no veía, porque su meta era dar gloria a Dios.
Analogía 2: La Iglesia como expresión de Cristo
Jesús constantemente habla para generaciones futuras.
Es la expresión de la gran noticia de Dios: Cristo dado a nosotros, para que todo aquel que crea tenga vida eterna.
Analogía 3: La vista espiritual
La vista espiritual está en la naturaleza y mente de Cristo.
En la medida que Él es formado en nosotros, crece nuestro entendimiento de las cosas de arriba.
Somos transformados en ese proceso, entendiendo hoy lo que ayer no podíamos comprender. Cristo no solo es la meta, sino también el camino para disfrutar el proceso, hasta alcanzar la plenitud en Él.
La última pincelada
Vincent Van Gogh falleció el 29 de julio de 1890 en Auvers-sur-Oise, Francia, de un disparo en el pecho. Se cree que fueron unos jóvenes que solían molestarlo.
Tenía 37 años y sus obras aún no habían comenzado a ser apreciadas.
Nunca vivió la fama, no recibió reconocimiento, no vio sus obras colgadas en grandes museos, ni gozó de devoluciones amables sobre su expresión artística. En cambio, pensó en aquellos que vendrían después.
Fue la viuda de su hermano Theo, Johanna van Gogh-Bonger, quien decidió promover su obra. Comprendió el valor de la colección y se dedicó a catalogar, documentar y difundir su legado.
Entre 1891 y 1925, fue vendiendo poco a poco algunas piezas, aumentando su valor en el mercado. Gracias a ella, coleccionistas como la familia Kröller-Müller adquirieron obras que hoy se exhiben en el Museo Kröller-Müller.
Si bien su vida privada estuvo marcada por conflictos, incomprensión y desorden, su tormento encontraba silencio en el lienzo. Allí, su don hablaba… y gemía por la paz que buscaba en el Dios que conoció desde pequeño.
“Es un pensamiento maravilloso que en el futuro, dondequiera que vaya, predicaré el Evangelio; para hacerlo bien, uno debe tener el Evangelio en su corazón”.
— Carta de Vincent a Theo, 3 de abril de 1878.




