Cuando termina esta etapa surgen muchas dudas: ¿Qué estudiar? ¿Podré hacerlo? ¿Cuál es mi pasión? ¿Cómo puedo descubrirla?

Cuando era niño soñaba con lo que iba a ser de grande. Creo que es algo que nos pasa a todos. Quería ser veterinario, astronauta, bombero, médico, abogado, policía (como mi papá) y hasta pastor de una iglesia. Muchas veces anhelamos convertirnos en alguien a quien admiramos, a lo mejor un familiar, algún personaje de algún libro, cómic o película. 

Pero al ir pasando los años nos vamos encontrando con experiencias y situaciones que van dejando huellas en nosotros y nos marcan, para bien o para mal. Esos sueños se potencian y se encaminan para convertirse en una realidad, o tristemente quedan simplemente en eso, sueños.

Pueden ocurrir diversas situaciones que modifican el camino.

Quizás el dinero en casa falta y hay que salir a trabajar para ayudar o, si este escasea, no se pueden cubrir los gastos de tus estudios; tu papá o mamá fallecieron y has tenido que asumir un rol que aún no te tocaba ya que hay hermanos menores a quienes cuidar; del resultado de una relación fuiste padre o madre a muy corta edad; en casa nunca nadie estudió una carrera universitaria y te preguntas: “¿Por qué lo haría yo?”; o bien piensas que no puedes encarar una carrera ya que es muy difícil y hasta imposible. 

En la Biblia nos encontramos con una historia super interesante, específicamente en el libro de Números. Vemos cómo Moisés envía a un grupo de doce espías para que observen un lugar que luego tendrían que conquistar y donde irían a vivir. 

Al regresar, diez de ellos dieron su informe arrancando genial contando todo lo bueno, pero luego se enfocaron en lo negativo: “Tierra que se traga a sus habitantes”, “Hay gigantes”, “Ejércitos muy poderosos y armados”, “Ciudades fortificadas”, “No podremos ir contra ellos , ya que son más fuertes que nosotros”, “Al lado de ellos nos veíamos como langostas” y más.  

Pero los otros dos espías,  Josué y Caleb, si bien vieron la misma tierra, lo hicieron desde otro lugar, desde otro punto de vista. Y acá vemos cómo el punto de vista importa. Te presento dos puntos, el pesimista vs. el optimista. El pesimista te lleva a enfocarte en las dificultades,  errores, limitaciones y defectos. Desde aquí solo surgen quejas, excusas y reproches hacia Dios, tus padres, los demás y hasta hacia vos mismo.

El optimista apunta a mirar las cosas desde su lado más favorable. No es una mirada irreal o fantasiosa sino de enfocarnos en lo bueno. Ejercitarás la paciencia, intentarás actuar con la seguridad de que las dificultades van a pasar, de que todo va a mejorar, de que los sueños se pueden llegar a cumplir.

Terminando la historia de Josué y Caleb, vemos cómo ellos lograron alcanzar la tierra, a diferencia de los otros diez espías. 

Quizás terminaste el nivel secundario o estás por hacerlo pronto. Claramente aparecen grandes interrogantes sobre qué hacer, qué estudiar, cómo podré hacerlo, cuál es mi pasión, qué carrera podré cursar, voy a trabajar… Rápidamente te animo a que estudies, aun cuando la situación económica no sea favorable. 

Es importante que en esta situación puedas realizar tres acciones: superar, identificar y determinar.

Superar

Estudiar una carrera parece sencillo, pero para muchos no lo es: nadie en su familia lo ha hecho,  han intentado y fracasaron, es imposible o bien por temor a equivocarse de carrera. Justamente por eso, debes superar tus miedos. sé valiente, esfuérzate y dale para adelante. ( Josué 1:9).

Identificar 

Existen tantas carreras, sumándose nuevas constantemente, que quizás dificulten la elección.  Ni hablar si no sabemos exactamente qué estudiar o cuál es nuestra pasión.  Por eso, te recomiendo dos cosas: 

Resalta lo que más te gusta hacer

Menos dormir o algo así, aunque sería genial que nos paguen por eso. Anota qué es lo que te hace feliz, pleno/a, lleno/a, lo que te apasiona.

Hace test vocacionales

Podes hacer virtual y presencial. Existen profesionales que,  a través de preguntas y dinámicas, te ayudarán a quitar de enmedio opciones y achicar los objetivos, permitiéndote identificar qué carrera está alineada a tu pasión y cuál es la correcta.

Determinar 

Esto último es clave, ya que muchas veces superamos miedos, identificamos qué carrera seguir, pero nos desenfocamos. En el libro de Job 22:28 (RVR1960) dice: “Determinarás asimismo una cosa, y te será firme, y sobre tus caminos resplandecerá luz“. 

Analiza acerca de lo que piensas estudiar, cómo eso puede ayudarte a cumplir tu propósito, servir a los demás y a Dios. 

Aprende que nada debe alejarte de los objetivos que te has propuesto. Sea cual sea la carrera que decidas estudiar, asegúrate que te apasione. Con eso, y con la ayuda de Dios, serás exitoso/a en lo que hagas.  Porque estudiarás y harás lo que te gusta, y además te pagarán por eso.