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Superar las tormentas

No se si te pasó a vos, pero algo que me suele ocurrir en ciertos momentos del año es que al sentir algunos aromas o al enfrentar distintos tipos de clima, puedo asociarlo inmediatamente con alguna experiencia o anhelo, y esto, a su vez, impacta en mi estado de ánimo.

Por ejemplo, cuando estamos en un día soleado y caluroso, surgen las ganas de salir a pasear, irnos de vacaciones, salir de compras, etcétera. De igual manera, cuando se trata de un mal día, con lluvia, truenos —es decir, tormentas—, ahí cambia el panorama. Todo se vuelve gris, nublado, y lo solemos relacionar más bien con aspectos negativos, como ser la incertidumbre, el miedo o el encierro.

De igual manera, a lo largo de nuestra vida, todas nosotras pasamos por distintos momentos. Juntas reflexionaremos acerca de las tormentas, ese estado gris del interior donde cuesta ver esperanza, surge la incertidumbre y no podemos ver con claridad; allí parece opacarse nuestra fe.

Cuando hablamos de tormentas, nos referimos a aquellos problemas y momentos difíciles que afrontamos a lo largo de la vida. Pérdidas, dificultades familiares, problemas en la pareja, complicaciones económicas, dudas, rupturas, separaciones, entre otros. Podemos decir que tormentas y problemas los hay de todo tipo, y queramos o no, son parte ineludible del recorrido. Ahora bien, ¿Qué hacemos? ¿Cómo podemos superar y afrontar las tormentas?

Al igual que vos, tuve que enfrentar muchas tormentas (y aún sigo), y por eso, quiero acompañarte e invitarte a que las superemos juntas, dando conmigo aquellos pasos que, en lo personal, me ayudaron muchísimo.

RECONOCER

Las mujeres muchas veces luchamos con nuestro ego, es decir, nuestro orgullo de pensar que tenemos todo solucionado. Dejemos de lado tal actitud y sincerémonos: tenemos problemas y necesitamos ayuda.

AFRONTAR

Es fundamental que aprendamos a enfrentar lo que nos pasa, sin darle la espalda; por el contrario, encaremos las cosas y pongamos sobre la mesa aquello que nos aqueja.

EXPRESAR

Si bien las mujeres somos de hablar mucho, cuando se trata de algo que nos cuesta, solemos ocultarlo. Sé que puede costar; si nos sentimos realmente mal, solo lloramos y, muchas veces, ni podemos hablar. Por lo tanto, dejemos eso de lado  y busquemos personas confiables que nos escuchen. Algo tan sencillo como, quizás, ir a tomar mate a un parque o un café con una amiga para contarle lo que nos pasa puede resultarnos muy liberador.

PEDIR AYUDA

En medio de nuestras tormentas, tendemos a escondernos y afrontarlas solas. Pero existe otra opción, que es buscar ayuda. Busquemos a alguien que pueda darnos una mano, que nos ayude a cambiar el panorama, a salir de ese encierro y de ese estado gris y oscuro.

REFUGIARNOS EN DIOS

Acá me voy a detener en algo tan fundamental como es la oración, el hablar con Dios, cara a cara, tal cual estamos, con lágrimas en los ojos, sabiendo que su respuesta llega a tiempo. Quizás no a nuestro tiempo, pero Él sí sabe abrazarnos en momentos de dificultad y escuchar nuestras oraciones. Es tiempo de acercarnos con confianza a Alguien que todo lo sabe, comprende y ama.

AYUDAR

Una vez que ya salimos de nuestro problema, si hay algo que nos trae mucha satisfacción es el acercarnos a otras mujeres, a quienes podremos ayudar a superar su situación personal y sanar, desde la perspectiva de nuestra propia experiencia y con compasión.

Hubo una ocasión en la cual estaban los discípulos cruzando de un lugar a otro en una barca. En un momento, se les vino encima una gran tormenta que sacudió todo de un lado para otro. El temor y pánico se hizo presente, ya que pensaban que morirían.

De repente, recordaron que Jesús también estaba con ellos, pero en lugar de estar asustado, ¡dormía! Desconcertados, pero aún recordando su temor, le pidieron rápidamente ayuda a Jesús. Él se levantó y le ordenó a la tormenta que se detuviera y que hubiera tranquilidad. Inmediatamente, todo cambió. Los discípulos pudieron continuar con su viaje, y si bien tuvieron que afrontar temor, se llevaron la experiencia de primera mano de que, viniera la tormenta que viniera, si Jesús estaba en la barca, la paz y la esperanza prevalecerían.

Por más nubes que haya, el sol sigue estando allí.

Dios nos ama y está con nosotras, aun en las circunstancias más difíciles.

La paz de Dios no es ausencia de problemas, sino que nos permite tener la esperanza de que la tormenta va a pasar, mientras nos refugiamos en su paz.

Romina Schön
Romina brinda charlas para adolescentes, líderes y padres en Iglesias, congresos, colegios secundarios y en programas radiales.

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