En esta nota tomaremos como referencia lo explicado por Juan Ballistreri en su libro Victorias Espirituales en el Alma, una obra que trae luz a muchas de las preguntas que comúnmente nos hacemos como hijos de Dios.
A lo largo de los años, hemos convertido la oración en un discurso memorizado, buscando agradar a los demás e incluso a nosotros mismos. Nos enfocamos en encontrar las palabras precisas al cerrar los ojos para hablar con Dios. Si bien es importante ser conscientes de cómo nos expresamos, muchas veces perdemos de vista el verdadero propósito de la oración.
Hoy en día, este tema está muy presente en nuestras congregaciones. Escuchamos «oración» y automáticamente repetimos lo aprendido, recordando esas veces que oramos con entusiasmo o simplemente por costumbre, solos o en comunidad. Pero, ¿alguna vez nos hemos preguntado por qué Dios diseñó la oración?
El propósito espiritual de la oración
La oración es una actividad de nuestro espíritu, al igual que la adoración. No se trata de una enseñanza más, sino de una práctica espiritual fundamental. Según Ballistreri, la oración es como un músculo que se atrofia si no se utiliza.
Nuestro cuerpo, descrito como el “guante” de las actividades espirituales, juega un papel clave en esta práctica. Si no identificamos la importancia de la oración, tampoco aprenderemos a valorarla ni a ejercitarla. La falta de oración, como ciertas enfermedades sin síntomas evidentes, puede pasar desapercibida al principio, pero su ausencia afecta directamente nuestra vida de fe.
La oración es la «Lupa del Espíritu», que nos permite detectar esas pequeñas cosas que podrían ser delicadas si no las identificamos a tiempo.
El don de la oración: Una actividad constante
Cuando el Espíritu Santo llegó a nuestras vidas, nos otorgó la capacidad de orar, un privilegio que no estaba disponible para todos antes de Cristo. Por eso, la oración debe ser una actividad permanente en el espíritu humano, sin depender de horarios o lugares específicos.
Aunque los tiempos han cambiado y las iglesias funcionan de manera diferente a las de los apóstoles, el llamado a la oración permanece. Los apóstoles hablaban desde el conocimiento recibido de Dios a través de las Escrituras y enseñaban a las personas a escuchar Su voz, incluso por encima de las palabras de un predicador.
Vivir en constante oración
Para funcionar espiritualmente, debemos estar en permanente oración. Esta práctica no solo fortalece nuestra relación con Dios, sino que también nos capacita para vivir y caminar en el Espíritu. La oración es una herramienta esencial para toda actividad espiritual y un elemento clave en la expresión de nuestra fe.
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