Un hombre de 87 años se convierte inesperadamente en traductor de la Biblia para un pueblo no alcanzado
Manuel, un creyente de 87 años, vivió una experiencia profundamente conmovedora al convertirse en traductor del Evangelio durante una sesión especial organizada por una misión cristiana local. Lo que comenzó como una simple visita terminó convirtiéndose en uno de los momentos más significativos de su vida espiritual.
Inicialmente, Manuel solo había acompañado a otros miembros de su comunidad para saludar a los misioneros. Sin embargo, no imaginaba que ese día formaría parte de un proyecto histórico: doblar una película sobre Jesús al idioma de una tribu indígena, una labor esencial para llevar el mensaje de Cristo a quienes aún no lo conocen.
La misión tenía preparado un trabajo de traducción en formato de audio, pero cuatro lectores previstos no pudieron asistir. Ante la urgencia, los líderes pidieron a Manuel y a sus acompañantes que los reemplazaran para completar la grabación.
“El grupo comenzó a practicar las voces”, relató el líder de la misión. “Gracias a Dios, pudimos completar el proyecto con el número necesario de lectores presentes”.
Cuando Manuel finalizó su parte, ocurrió un episodio inesperado: se desmayó, generando preocupación entre los presentes. Al recuperar la conciencia, aseguró al equipo: “No se preocupen, estoy bien. Me desmayo seguido, pero no quise decirles nada para no preocuparlos”.
Lo más impactante vino después. Conmovido hasta las lágrimas, Manuel compartió: “No sé si tendré otra oportunidad de participar en algo tan grande. Pero, como Simeón en la Biblia, ahora puedo morir en paz porque Dios me permitió ayudar en esta grabación. Puedo ir feliz a Su presencia, sabiendo que dejo un legado que perdurará por generaciones”.
Los misioneros alabaron a Dios junto a él, reconociendo que el Señor había guiado ese encuentro con un propósito especial. “Después de un momento de temor, celebramos este testimonio”, afirmó el líder, destacando el impacto espiritual que esta obra tendrá entre los indígenas de todas las edades.
La traducción del Evangelio a idiomas nativos se ha vuelto una misión clave para alcanzar pueblos no evangelizados. Este trabajo permite que comunidades enteras conozcan la vida de Jesús en su propia lengua, derribando barreras culturales y generacionales. La dedicación de creyentes como Manuel refleja el poder transformador del Evangelio y el deseo de dejar una herencia espiritual que trascienda el tiempo.
“Dios continúa obrando en la vida de estos indígenas de todas las edades”, destacó el equipo misionero, invitando a la iglesia global a orar y a apoyar la labor de llevar el mensaje de Jesús a cada rincón del mundo.
El testimonio de Manuel seguirá inspirando a nuevas generaciones. Su frase resume el corazón de esta historia de fe: “Puedo ir feliz a Su presencia, sabiendo que dejo un legado”.
Nunca es tarde para ser instrumento en las manos de Dios. Un corazón dispuesto vale más que cualquier habilidad técnica.
Daddy Yankee, ícono mundial del reguetón, autor de himnos como “Gasolina” o “Lo que pasó pasó”, dio un giro radical: lo que muchos daban por su retiro definitivo hoy parece ser solo el inicio de una nueva misión. Tras años de fama, éxito y música urbana, el puertorriqueño ahora parece vivir con un propósito distinto: anunciar que «Jesús vive en mí» y que está listo para usar su voz… para predicar.
Sinopsis / Lo que cambió
En diciembre de 2023, durante el último show de su gira despedida, el artista confesó que había encontrado vacío espiritual y reconoció públicamente su fe: «Jesús vive en mí y yo voy a vivir para Él».
Dos años después, en octubre de 2025, Daddy Yankee reapareció en público con una nueva identidad espiritual. En la clausura de la Semana de la Música Latina de Billboard, se definió como “renacido” en la fe, con una misión clara: predicar el Evangelio.
Su retorno no implica volver al mismo reguetón de siempre: su nuevo álbum, Lamento en Baile (2025), mezcla ritmos urbanos con letras de inspiración cristiana, titulado intencionalmente con referencia a Salmo 30:11.
La Bizarrap Session
Daddy Yankee sorprendió a todo el mundo cuando apareció en la nueva Session del productor argentinoBizarrap, considerado hoy uno de los productores de música urbana más reconocidos de la industria, con colaboraciones que van desde Shakira y Nicky Jam hasta talentos emergentes que hoy encabezan las listas globales.
Esta Session fue distinta: Daddy Yankee ya no hablaba de él, sino de Jesucristo y de cómo transformó su vida. Este evento lo llevó a plataformas aún más grandes, espacio que el artista optó por usar para decir: “Jesús es el camino, la verdad y la vida”.
Daddy Yankee afirmó que lo que quería ya no era solo éxito masivo, sino vivir con un propósito distinto: transformar vidas a través de la música, entregándola al Reino de Dios.
Música urbana como plataforma de evangelización
Lejos de condenar su pasado, busca retener su flow, sabor y estilo, pero con letras y mensajes que apunten a Dios, creyendo que el Evangelio puede entrar en la cultura popular como nunca antes.
Testimonio personal como puente hacia otros
Su declaración pública de fe no es solo simbólica: según él mismo dice, todas sus herramientas — redes, micrófono, trayectoria — ahora están al servicio del mensaje cristiano.
El giro de Daddy Yankee es un recordatorio de que ninguno está exento de una búsqueda espiritual, ni siquiera cuando parece que lo tiene todo: gloria, fama, riqueza. Que un artista urbano reconocido mundialmente decida dejar atrás su “flow” para abrazar la Palabra —y usar su talento para algo más grande que el entretenimiento— nos desafía como creyentes: nos afirma que el Evangelio no tiene límites.
Tal vez muchos lo vean con escepticismo; quizás otros lo celebren. Lo cierto es que su testimonio plantea preguntas poderosas: ¿qué valoramos más: el éxito mundano o el propósito eterno? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a dejar nuestras vocaciones, talentos o plataformas por amor a Jesús?
Daddy Yankee no solo volvió a la música: decidió redefinirla desde la fe. Su mensaje ya no es solo reguetón, sino esperanza. Su “flow” sigue presente, pero ahora con un nuevo destino. Veremos cómo recibe la gente este camino —y cuántas vidas pueden cambiar al ritmo de un beat… guiado por Dios.
Ayer, lunes 24 de noviembre, la voz del Evangelio se alzó como un río incontenible en la Experiencia Gospel 2025. En pleno corazón de Buenos Aires, la calle se volvió un centro de adoración, los edificios hicieron de acústica natural y miles de personas levantaron un mismo nombre: Jesús.
Desde temprano, la ciudad vibró con una esperanza que se podía escuchar, sentir y ver. Stands, escenarios y estaciones artísticas poblaron la icónica Diagonal Norte, que por un día dejó de ser un punto de tránsito para convertirse en un corredor donde el arte caminaba de la mano de la fe.
Durante más de ocho horas, una marea humana avanzó desde el Obelisco hasta Plaza de Mayo. Familias enteras, jóvenes, niños, turistas y creyentes de distintas comunidades recorrieron la ciudad bajo una misma melodía. La Experiencia Gospel 2025 volvió a demostrar que cuando el pueblo adora, las ciudades se transforman.
Esta tercera edición de la Experiencia Gospel —gratuita y al aire libre— ofreció una programación ininterrumpida entre las 12:00 y las 20:30. Dos escenarios principales y numerosos espacios satélite dieron forma a un entramado artístico donde la música, el teatro, la danza y las artes visuales se entrelazaron para crear una jornada inolvidable.
Cerca de 2.000 artistas participaron: coros multitudinarios, bandas, bailarines y agrupaciones provenientes no solo de Argentina, sino también de delegaciones internacionales que trajeron su propio color y su propio acento de adoración.
Pero quizás la mayor sorpresa del día fue el público. No solo se acercaron congregaciones y hermanos en la fe: miles de transeúntes, trabajadores de la zona y turistas que caminaban por el centro porteño se encontraron con un evento que no los dejó seguir de largo. Se sumaron, escucharon, cantaron, aplaudieron. Muchos se detuvieron con curiosidad y terminaron conmovidos por lo que estaban presenciando.
El evento fue transmitido a nivel nacional e internacional, alcanzando más de 44.000 conexiones en el streaming en vivo, llevando esta celebración desde Buenos Aires hasta hogares de otras provincias y países.
Lo artístico y lo espiritual
El gospel, como siempre, fue un lenguaje en sí mismo: multicultural, vibrante, expansivo. La programación reunió coros tradicionales junto a propuestas contemporáneas que fusionaron soul, jazz, música urbana y elementos locales. Hubo danza que narraba historias, teatro que comunicaba esperanza y muestras visuales que acompañaban la atmósfera de adoración.
El escenario principal en Plaza de Mayo fue, como era de esperarse, uno de los epicentros: allí las voces hicieron temblar la histórica plaza con un mensaje de unidad y fe.
¿Qué dejó la Experiencia Gospel 2025?
Dejó unidad. Dejó familias adorando juntas. Dejó la voz de Dios resonando en la capital del país.
Consolidó al festival como uno de los encuentros artísticos y espirituales más grandes de la región, donde lo creativo y lo celestial se entrelazan para ofrecer un testimonio público y visible de fe. Y dejó, además, miles de preguntas flotando en el aire de aquellos que se acercaron sin saber qué encontrarse:
“¿Quiénes son estos?” “¿Por qué hacen lo que hacen?” “¿Qué mueve a tanta gente a reunirse así?”
Y la respuesta, sencilla y profunda, sigue siendo la misma: Jesús.
Desde el principio de los tiempos, cuando Dios sopló vida sobre el hombre en el jardín del Edén, el deseo más profundo del Creador ha sido tener intimidad con su creación. Antes del pecado, antes de la vergüenza, antes de cualquier distancia, existía una relación pura, sencilla y perfecta: un encuentro cara a cara con Dios. Ser íntimos con Él es el propósito de nuestra existencia.
El pecado no solo trajo separación o muerte espiritual; vino también a romper ese lazo íntimo que caracterizaba la comunión entre el hombre y Dios. Génesis 3 nos muestra a Adán escondiéndose del Señor, diciendo: “Tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí”. En ese momento, la vergüenza se convirtió en símbolo del quiebre de la confianza y la intimidad. Desde entonces, el ser humano busca cubrirse, no sólo con ropa, sino con máscaras y apariencias que ocultan el verdadero ser.
Pero Jesús vino a restaurar precisamente eso. Su sacrificio en la cruz no solo limpia nuestros pecados; nos devuelve el acceso a la relación íntima que se perdió en el Edén. Él no busca solo seguidores o discípulos; busca amigos, busca una novia apasionada, una Iglesia que anhele su presencia más que cualquier otra cosa. En palabras de Apocalipsis 3:20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo”. Ese llamado sigue vivo hoy.
El libro de Cantares retrata este deseo divino en una escena conmovedora. En el capítulo 5, la amada oye a su amado llamar a la puerta, pero duda, se demora, y cuando finalmente abre, él ya se ha ido. Cuántas veces nos ocurre lo mismo: el Señor llama suavemente a nuestro corazón, pero nuestras ocupaciones, nuestra comodidad o nuestras heridas pesan más que dar pasos hacia la puerta para abrirle. Cuando por fin lo hacemos, sentimos el vacío de su ausencia y comprendemos que habíamos perdido el hambre de su presencia. De ahí que un corazón de intimidad sea un corazón despierto, vulnerable, sin máscaras, dispuesto a dejar que Dios vea lo más profundo nuestro ser. Es un corazón que ha decidido volver al primer amor, aquel que no teme ser visto tal como es, porque sabe que en esa exposición no hay condena, sino sanidad y comunión.
Quiero preguntarte, ¿cuánto deseas verle cara a cara? Moisés respondió a este deseo cuando levantó la “tienda de reunión” fuera del campamento. Mientras el pueblo se quedaba mirando desde lejos, él entraba a ese lugar apartado, donde hablaba con Dios “cara a cara, como quien habla con un amigo” (Éxodo 33:11). Esa escena revela algo poderoso: la intimidad requiere separación de la multitud, un corazón dispuesto a dejar la comodidad para buscar el rostro del Señor. Moisés quería conocer el corazón de Dios.
Hoy, esa misma invitación está abierta para nosotros. No necesitamos una tienda ni un mediador humano, porque Cristo, el postrer Adán, nos abrió un camino nuevo y vivo hacia el Lugar Santísimo. Su sangre rasgó el velo, y ahora tenemos acceso directo a la presencia de Dios. Hebreos 10:22 nos exhorta: “Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”.
Ser íntimo de Dios no es una meta reservada para unos pocos, sino el llamado abierto a todo aquel que fue creado a su imagen. Su Espíritu clama en nosotros: “Ven”. Y la Iglesia, su esposa, responde con el mismo anhelo: “Ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:17). Al final de la historia (o el comienzo de lo mejor), encontraremos las bodas del Cordero. Es la unión definitiva entre Cristo y su Iglesia, cuando toda distancia desaparezca y vivamos por siempre en perfecta intimidad con Él.
Mientras esperamos ese día debemos mantener encendido el fuego del primer amor, construir nuestra propia “carpa de reunión” en medio del desierto y despertar hambre en otros por la presencia de Dios, ¿quieres hacerlo?
La Experiencia Gospel es un festival al aire libre en la Ciudad de Buenos Aires que celebra la cultura gospel desde lo artístico, espiritual y comunitario. No es solo un concierto: combina música, danza, teatro, poesía, artes plásticas y espacios de encuentro.
Horario estimado: desde las 11:00 hasta las 20:30 según la web oficial.
El recorrido se hará sobre Av. Diagonal Norte, desde el Obelisco hasta Plaza de Mayo, en el barrio de San Nicolás.
Es un evento libre y gratuito.
En caso de lluvia, está planeada una reprogramación para el domingo 30 de noviembre.
Qué vas a poder vivir ahí
La Experiencia Gospel 2025 traerá una variedad muy amplia de expresiones artísticas, todas con espíritu de fe y comunidad:
Escenario central en Plaza de Mayo: habrá coros gospel, bandas de brass, DJs y un gran show final con más de 200 artistas, incluyendo danza y coros.
Escenario alternativo sobre Diagonal Norte y la calle Sarmiento, con bloques de distintos estilos musicales: música popular, reggae, blues, indie, rock, cumbia y más.
Experiencia Kids: un espacio especialmente pensado para los más chicos (niños), con actividades lúdicas, pintura, juegos interactivos, teatro, rompecabezas y más.
Espacio deportivo: para que los asistentes se muevan, jueguen partidos y participen de actividades con atletas invitados.
Espacio de ciencia, cultura y espiritualidad: organizado por la Universidad Evangélica, con muestras de robótica, tecnología y una experiencia inmersiva del Museo de la Biblia de Washington D.C.
Arte y literatura: habrá stands de artistas plásticos, escritores, talleres creativos y sesiones para reflexionar.
Actividades especiales: está anunciado un homenaje al Día de la Soberanía Nacional con la Banda Oficial de la Policía de la Ciudad; también participará el Cuerpo de Bomberos con simuladores y demostraciones.
El año pasado, en su segunda edición, la Experiencia Gospel convocó más de 80.000 personas.
Más de 2.000 artistas participaron, lo que demuestra el impacto artístico, comunitario y espiritual de esta iniciativa.
Genera un espacio de unidad para diferentes denominaciones cristianas y promueve la cultura gospel como una forma de expresión de fe y esperanza.
Para muchas familias, es una oportunidad de evangelización y testimonio público, a través del arte y la música.
Cómo llegar
En colectivo: varias líneas pasan por la zona (5, 6, 7, 8, 9, 10, 12, 17, 23, 24, 26, 28, 29, 37, 45, 56, 59, 60, 64, 67, 70, 75, 84, 86, 91, 98, 99, 100, 102, 109, 115, 129, 132, 140 y 146).
En subte: líneas B, C y D permiten llegar fácilmente al centro.
Significado espiritual y social
Para la comunidad evangélica porteña y más amplia, este evento representa una gran manifestación pública de fe, donde se une el arte con la adoración.
Es una forma de “sacar la iglesia a la calle”: mostrar que la fe no es solo lo privado, sino que puede expresarse colectivamente con belleza, alegría y diversidad cultural.
También es un llamado a la unidad: en un contexto social complejo, Experiencia Gospel aporta un mensaje de reconciliación, esperanza y servicio a través del arte.
Promueve el talento artístico desde las iglesias: muchos artistas locales tienen en este festival una plataforma para compartir su don y su fe con la ciudad.
Por qué no te lo podés perder
Es gratis y al aire libre: ideal para ir con familia, amigos o en comunidad cristiana.
Es un evento para todos: no importa si nunca fuiste a un concierto gospel, acá hay algo para vos (teatro, danza, música, arte).
Impacto real: participar es ser parte de una celebración de fe, pero también de un movimiento cultural que cruza generaciones.
Testimonio colectivo: al estar miles de personas adorando, rezando y expresando su fe, se da un testimonio poderoso para la ciudad.
Es una oportunidad para evangelizar: si sos creyente, podés invitar a gente que no conoce tanto del Evangelio; si no sos creyente, podés conocer una cara distinta de la fe cristiana.
Algunos datos final para tener en cuenta
Revisá el pronóstico del tiempo: si llueve, el evento podría reprogramarse para el domingo 30.
Llevá agua y algo para protegerte del sol, ya que parte del día es al aire libre y con bastante movimiento.
Si vas con niños, el espacio Experiencia Kids tiene muchas actividades pensadas para ellos.
Aprovechá para conectarte con otros: es ideal para hacer comunidad, compartir testimonios o simplemente pasar un día de fe y arte. La Experiencia Gospel 2025 no es solo un festival: es una declaración de fe pública, una oportunidad para que quienes quieran acercarse experimenten a Dios a través del arte y la cultura. Es una invitación a adorar, a encontrarnos con otros, a mostrar que la espiritualidad también puede expresarse con ritmo, color, movimiento y belleza. Además, para un medio como La Corriente, es un momento clave para visibilizar cómo la fe cristiana puede impactar la ciudad, no solo en iglesias, sino en las calles, en el corazón de Buenos Aires.
Lo creamos o no, estamos entrando en visperas navideñas, y muchas veces, la ocasión se presta para ver una película que nos edifique y nos ayude a conectar con el Evangelio, en tiempos en los que la verdad de la Navidad está muy diluida.
Te traemos «El Pastor», una historia cargada de emoción y misterio que va más allá de lo convencional, llevándonos a un un viaje celestial.
Este cortometraje de Disney, basado en el cuento de Frederick Forsyth, narra la historia de un joven piloto de la Royal Air Force (RAF) que, en la víspera de Navidad de 1957, se enfrenta a una situación angustiante mientras vuela de Alemania a Inglaterra. Su avión sufre una falla catastrófica en pleno vuelo, dejándolo perdido en medio de la densa niebla sobre el Mar del Norte. Sin contacto por radio y con el combustible agotándose rápidamente, parece que el desastre es inevitable.
Pero entonces, un misterioso avión de combate de la Segunda Guerra Mundial aparece de la nada: un Havilland Mosquito pilotado por un hombre que no se comunica, pero que lo guía a salvo a través de la oscuridad hacia un aeropuerto desconocido.
Breve reseña
En The Shepherd, Disney combina la emoción del vuelo con un profundo mensaje de fe y redención. La película presenta a un piloto que, en su hora más oscura, es guiado por lo que parece ser un ángel guardián o un acto milagroso. La atmósfera es tensa, pero el corazón de la película radica en el misterio de lo inexplicable y en cómo, incluso en las situaciones más desesperadas, Dios puede guiarnos en medio de la nada.
Este especial no solo atrae a los amantes de las películas de aviones, sino también a aquellos que buscan un relato conmovedor sobre la intervención divina y el poder de lo sobrenatural en momentos de crisis. A pesar de la sencillez de la trama, el impacto emocional es profundo.
La combinación de paisajes helados, la sensación de aislamiento y la impresionante recreación de la época hacen de este especial una experiencia visualmente atractiva y emocionalmente poderosa. The Shepherd es una película perfecta para quienes desean una dosis de misterio y fe durante la temporada navideña.
Podés encontrar la peli en la plataforma de Disney+
En el evangelio de Juan, se dice que los judíos son incapaces de creer porque “unos a otros se rinden gloria”(5:44). Parece que hay una incompatibilidad radical entre el respeto humano y la auténtica fe en Cristo. Las caricias o el desprecio de nuestros pares se vuelve más importantes que la aprobación de Jesús.
El pecado dominante en mi vida adulta ha sido mi cobarde negativa a pensar, sentir, actuar, responder y vivir a partir de mi auténtico yo, por miedo al rechazo. No me refiero a que ya no creo más en Jesús. Todavía creo en Él, pero la presión de los pares ha establecido límites a las fronteras de mi fe. Tampoco me refiero a que ya no amo más a Jesús. Todavía lo amo mucho, pero a veces amo otras cosas, específicamente (y aún más), mi reluciente imagen. Cualquier límite autoimpuesto a mi fe y mi amor por Jesús inicia inevitablemente una traición de algún tipo. Marcho en fila india con los apóstoles intimidados: “Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (Mateo 26:56).
Las opiniones de los demás ejercen una sutil pero controlada presión sobre las palabras que digo y las que callo; la tiranía de mis pares controla las decisiones que tomo y las que me niego a tomar. Tengo miedo de lo que otros puedan decir. Somos inmovilizados por el pensamiento: ¿qué dirán los demás? La ironía de todo esto es que las opiniones a las que más les tememos no son las de las personas que realmente respetamos, sin embargo, estas mismas personas influyen en nuestras vidas más de lo que queremos admitir.
Este enervante miedo a nuestros pares puede crear una mediocridad atroz. Cuando admitimos libremente el misterio de sabernos amados y aceptamos nuestra identidad esencial como hijos de Abba, poco a poco ganamos autonomía con respecto a las relaciones que nos controlan. Nos convertimos en personas guiadas por nuestro interior en lugar de estar determinados por lo exterior. Los destellos fugaces de placer o de dolor causados por la afirmación o la privación de otros nunca van a desaparecer por completo, pero su poder para inducirnos a la autotraición disminuirá.
La pasión no es una gran emoción, sino una determinación de acero, disparada por amor, para permanecer centrado en la conciencia de la resurrección presente de Cristo, un impulso a permanecer arraigado en la verdad de lo que soy, y una disposición a pagar el precio de la fidelidad. Ser dueño de mi propio “yo” en un mundo lleno de voces contrarias al Evangelio requiere una enorme fortaleza.
En esta década de tanta charla religiosa vacía y de la proliferación de estudios bíblicos, curiosidad intelectual ociosa y pretensiones de importancia, la inteligencia sin coraje está en quiebra. Los cuatro evangelistas no nos ahorran los detalles brutales de las pérdidas que sufrió Jesús por el bien de la integridad, el precio que pagó por la fidelidad a su pasión, su persona y su misión.
Su propia familia pensaba que necesitaba el cuidado de custodios (Marcos 3:21), fue llamado glotón y bebedor de vino (Lucas 7:34), los líderes religiosos sospechaban que estaba poseído por un demonio (Marcos 3:22) y los espectadores lo llamaron con palabras insultantes. Él fue rechazado por aquellos a quienes amaba, fue considerado un perdedor, fue expulsado fuera de la ciudad y lo mataron como a un criminal.
La pobreza de la singularidad es el llamado de Jesús a ponerse de pie completamente solo cuando la única alternativa es llegar a un acuerdo por el precio de su integridad. Es un sí solitario a los susurros de nuestro verdadero ser, un apego a nuestra identidad esencial cuando el compañerismo y el apoyo de la comunidad son retenidos. Es una valiente determinación a tomar decisiones impopulares que expresan la verdad sobre quiénes somos (no de lo que pensamos que deberíamos ser o de lo que otra persona quiere que seamos).
Significa confiar en Jesús lo suficiente como para cometer errores y creer que su vida seguirá teniendo pulso dentro de nosotros. Es la inarticulada, desgarradora entrega de nuestro verdadero yo a la pobreza de nuestra propia y misteriosa personalidad. En una palabra, hacernos valer por nosotros mismos es a menudo un acto heroico de amor.
La medida de nuestra profunda conciencia de la resurrección presente de Cristo es nuestra capacidad de luchar por la verdad y de mantener la desaprobación de otras personas importantes. Un aumento de la pasión por la verdad evoca una creciente indiferencia a la opinión pública y a lo que la gente diga o piense.
Ya no podemos ser arrastrados con la multitud o hacer eco de las opiniones de los demás. La voz interior que dice: “Ten ánimo. Soy yo. No tengas miedo”, nos asegura que nuestra seguridad descansa en no tener ninguna seguridad. Cuando nos hacemos valer por nosotros mismos y reclamamos la responsabilidad de nuestro propio y único yo, crecemos en autonomía personal, fortaleza y libertad de las ataduras de la aprobación humana.
Cuando nuestro sentido de nosotros mismos está ligado a alguna tarea en particular (servir en un comedor social, promocionar la conciencia ambiental o dar instrucción espiritual) tomamos un enfoque funcional de la vida, el trabajo se convierte en el valor central, perdemos el contacto con el verdadero yo y con la feliz combinación de dignidad misteriosa y polvo pomposo que somos en realidad.
La fe nos convence de la resurrección presente de Jesús. Pero, como ha señalado Sebastián Moore: “En la religión siempre se esconde el temor de que hayamos inventado la historia del amor de Dios”. La fe genuina nos lleva a conocer el amor de Dios, a confesar a Jesús como Señor y a ser transformados por lo que sabemos.
Un compromiso que no es visible en el humilde servicio, el discipulado sufriente y el amor creativo es una ilusión. Jesucristo es impaciente con las ilusiones, y el mundo no tiene interés en las abstracciones.“Todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena” (Mateo 7:26). Si nosotros pasamos por alto estas palabras del Gran Rabí, la vida espiritual no será nada más que una fantasía. El que habla, sobre todo si habla con Dios, puede afectar a muchos, pero el que actúa realmente lo hace con toda seriedad y demanda más nuestra atención. Si usted quiere saber lo que una persona realmente cree, no solo escuche lo que dice, vea lo que hace.
Un día, Jesús anunció que no había venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Luego procedió a compartir el pan con un notable pecador público, Zaqueo. Al compartir la mesa, Jesús actuó por su pasión por el Padre, cuyo amor indiscriminado permite que caiga su lluvia sobre los hombres honestos y deshonestos por igual. La inclusión de los pecadores para compartir una comida es una expresión dramática del amor misericordioso del Dios redentor.
En otro momento de su ministerio terrenal, Jesús dijo: “El Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir” (Mateo 20:28). En la víspera de su muerte, Jesús se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura, echó agua en un cuenco de cobre y lavó los pies de sus discípulos. La Biblia de Jerusalén señala que tanto el vestido que usaba como la tarea que hacía eran propios de un esclavo. Un profundo misterio: Dios se convierte en un esclavo. Esto implica, muy específicamente, que Dios quiere ser conocido a través del servicio.
Al participar en la experiencia de lavarnos los pies, Jesús se dirige a nosotros directamente, demandando nuestra completa atención, mientras nos mira a los ojos y hace esta afirmación colosal: “Si quieres saber cómo es Dios, mírame. Si quieres saber que tu Dios no viene a gobernar sino a servir, obsérvame. Si quieres una garantía de que no inventaste la historia del amor de Dios, escucha el latido de mi corazón.”
Esta afirmación asombrosa e implacable acerca de sí mismo sigue siendo la idea central con la que tenemos que enfrentarnos. Nadie puede hablar por nosotros. La gravedad de las consecuencias de la confesión “Jesús es el Señor” revela el costo del discipulado, la destacada importancia de nuestra confianza y el valor insustituible de la fortaleza. Jesús también sabía estas cosas. Con una inquebrantable pasión por su Padre y una amorosa determinación de hacer el bien a todos, abandonó lo que tenía que abandonar, hizo lo que tenía que hacer, confió donde tenía que confiar y fue fiel hasta la muerte.
El exfutbolista Kaká compartió su testimonio con un mensaje sobre la identidad en Cristo
El exfutbolista Kaká, reconocido mundialmente por su trayectoria en clubes como el AC Milan, el Real Madrid y la Selección Brasileña, protagonizó un encuentro especial en la Iglesia Família de Sorocaba (SP). Esta vez, dejó atrás el césped y los estadios para subir al púlpito y compartir un mensaje profundamente espiritual con más de 1500 asistentes.
Un Kaká sencillo y accesible: Biblia en mano, no balones de oro
Lejos de los flashes, la prensa y la indumentaria deportiva habitual, Kaká llegó con discreción: camiseta simple, pantalón casual y zapatillas sin marcas reconocidas. En sus manos no llevaba un balón, sino una Biblia, símbolo de la etapa que atraviesa desde que decidió usar su voz para compartir su fe cristiana.
El evento reunió a familias enteras: hombres, mujeres, niños e incluso gente sentada en los pasillos ante la falta de espacio. Aunque no había cámaras de televisión, la expectativa por escuchar al exjugador —elegido Mejor del Mundo en 2007— era palpable. En vez de gritos de hinchada, el público respondió con aplausos, respeto y emoción.
Un encuentro lleno desde temprano
Horas antes del inicio, la iglesia ya estaba completamente llena. A diferencia de otros eventos donde predominan las actividades recreativas, este encuentro tuvo un tono completamente espiritual: culto, predicación y un ambiente de adoración. La colecta de diezmos y ofrendas —no obligatoria— se hizo pasando cajas entre las filas.
Kaká sube al púlpito: fútbol, fe y propósito
Pasados unos 30 minutos del inicio, el pastor invitó a Kaká a compartir su mensaje. Antes de comenzar, realizó un guiño a los fanáticos: tomó dos balones oficiales del Mundial 2026, hizo malabares y los lanzó al público. Incluso sorteó una camiseta autografiada que ganó un joven que había viajado más de 530 kilómetros desde Río de Janeiro solo para estar allí.
«El poder de la presencia de Dios»: un mensaje en cinco capítulos
El exfutbolista tituló su sermón “El poder de la presencia de Dios”, estructurado en cinco partes donde vinculó momentos clave de su carrera con enseñanzas bíblicas.
Entre los episodios compartidos mencionó:
1. El accidente en la piscina (2000)
Estuvo a centímetros de poner fin a su carrera. “No sabía si volvería a jugar… pero encontré la paz”, confesó. El silencio del público reflejaba la tensión del recuerdo.
2. La inesperada convocatoria al Mundial 2002
Aún joven jugador del São Paulo, se sumó a un equipo repleto de estrellas: Ronaldo, Ronaldinho, Rivaldo, Cafú, Roberto Carlos. “Jamás imaginé estar ahí”, dijo, generando sonrisas cuando los asistentes reaccionaron al escuchar la lista de leyendas.
3. Las derrotas más dolorosas
Recordó la final de la Champions 2005 perdida ante el Liverpool y la eliminación de Brasil en el Mundial 2006. “Fueron las peores derrotas de mi vida”, compartió con humildad.
4. Su salida del São Paulo
Tras orar por su futuro, pidió al presidente Marcelo Portugal Gouvêa que lo vendiera. La advertencia fue clara: “¿Sabés quién juega en tu posición? Vas a ser suplente de Rivaldo y Rui Costa”. Aun así, Kaká decidió ir a Milán, donde años después recibiría el premio al Mejor del Mundo, superando a Messi y Cristiano Ronaldo. Con humor, comentó la expresión del portugués en la foto del podio: “La cara de Cris al ver el tercer puesto es graciosa”.
5. El duro periodo en el Real Madrid
Lesiones, críticas y presión mediática marcaron su paso por el club español. “¿Quién soy? ¿El mejor del mundo? ¿O uno de los peores fichajes de la historia del Real Madrid?”, recordó.
Fue entonces cuando comprendió algo que cambió su vida.
«Descubrí que la identidad es nuestro mayor tesoro»
La conclusión de Kaká resonó con fuerza: “No fui el mejor jugador del mundo ni el peor fichaje. Fui hijo de Dios.” La iglesia respondió con un contundente “amén” y “gloria a Dios”.
Además, mencionó que cursó estudios de teología de manera privada y aclaró que no se considera pastor. Tras su salida de la Iglesia Renascer em Cristo, mantiene en reserva la iglesia a la que asiste actualmente, aunque continúa aceptando invitaciones para compartir su testimonio.
Un tiempo de oración, fotos y cercanía
Al finalizar, el altar se convirtió en un punto de encuentro. Decenas se acercaron con camisetas, Biblias y celulares en mano. El tramo hacia la salida duró cerca de 11 minutos por la cantidad de personas que deseaban saludarlo.
Al dejar el recinto, Ricardo Izecson —su nombre de nacimiento— volvió a su vida cotidiana. Ya no compite por trofeos ni títulos individuales: hoy se reconoce, ante todo, como un hijo de Dios llamado a compartir su fe.
De Repente Lo Vi inicia su Tour por Buenos Aires: Primera parada, Quilmes.
De Repente Lo Vi, el streaming cristiano donde artistas, pastores, músicos e influencers se reúnen cada jueves por YouTube, inicia su primer tour presencial con un line up increíble.
El inicio de todo
Tal como sucedió en la Usina del Arte en el cierre del año del 2024 y en el aniversario del programa en la Iglesia Saddleback, donde miles de personas pudieron presenciar el streaming en vivo, ahora vienen con una nueva propuesta, “De Repente lo Vi Tour”, donde la primera parada será en la ciudad de Quilmes (Provincia de Buenos Aires) este próximo miércoles 3 de diciembre de 2025.
El evento tendrá lugar en la dirección Dorrego 485 (Iglesia Ríos de Vida), con acceso libre y gratuito llevando tu entrada adquirida por el sistema Eventbrite y un juguete nuevo para regalar en Navidad. Los primeros 600 tickets ya han sido agotados pero en los próximos días habrá más entradas disponibles.
El evento contará con artistas e invitados especiales:
La Feria
Fila9
Factor de Cambio
OBS Band
Lucas Marín
Un recorrido que va más allá de Quilmes
Aunque el inicio será en Quilmes, el plan contempla extender la experiencia durante el próximo año por distintas zonas del Gran Buenos Aires y potencialmente otras ciudades de la provincia.
Si estás en la zona de Quilmes o en el Área Metropolitana de Buenos Aires, este 3 de diciembre puede ser una gran oportunidad para estar en la primera parada del tour de “De Repente lo Vi”.
Hay un gran peso emocional y espiritual en los secretos, especialmente aquellos relacionados con conductas, relaciones o decisiones que escondemos porque sabemos que no están bien y que Dios puede trabajar en nosotros en luz y acompañados.
Los secretos nunca son un refugio; siempre desgastan.
Muchos en la adolescencia hemos transitado un noviazgo oculto o decisiones que sabemos que no son correctas en secreto, mostrando aquella tendencia humana a esconder lo que hacemos, lo que revela culpa, vergüenza y una visión distorsionada del carácter de Dios.
“No podemos contarle a nadie.”
Esas palabras aún generan una leve reacción en mi cuerpo unos 25 años después de decirlas por primera vez.
Era un verano de adolescentes, cuando algunas relaciones entre amigos se apagaban mientras otras florecían a ser algo más. De pronto, había caído en el patrón marcado por este mundo de que los jóvenes pueden tener noviazgos sin consecuencias.
¿Y si los padres no estuvieran de acuerdo? No necesitaban enterarse. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Cuando nos damos cuenta de que estamos justificando ciertas conductas o relaciones por refranes que frecuentan canciones románticas, seguramente estamos lejos de la forma que Dios quiere que vivamos. Ya sea un noviazgo clandestino o conversaciones que desaparecen, chismes o el impulso de esconder lo que estamos haciendo, todo esto es una señal clara de que algo no anda bien.
Me recuerda al primer error del primer Adán, en donde el impulso de esconder llegaba como un consuelo fantasma ante la culpa y vergüenza que acompañan el pecado. Lo interesante de esta tendencia, desde la óptica de la psicología, es que la conducta de esconder algo profundiza la culpa y la soledad que define la vergüenza.
Desde una perspectiva bíblica, la tendencia de esconder algo que hemos hecho (o que seguimos haciendo) es una declaración de condenación, ya que el arrepentimiento implica una acción de exponer y confesar.
El hombre busca esconder porque cree algo erróneo sobre Dios y su carácter. Indudablemente, nuestra tendencia de mantener secretos indica que no hemos creído el Evangelio que encuentra cada pecado con gracia sublime.
Miles de años después de la inauguración del primer escondite, seguimos los pasos solitarios de Adán. Escondemos porque le creemos al enemigo por encima de lo que Dios ha dicho. Escondemos porque asumimos que nuestros sentimientos son más poderosos que el arquitecto del universo. Escondemos porque no entendemos quién es Dios.
Cuando sentimos el impulso de ocultarnos, podemos estar conscientes de que nuestra carne clama por seguridad, y no queremos enfrentar las consecuencias de lo que hemos hecho.
Evitamos pagar ciertos impuestos, fingimos no recordar ciertas conversaciones y nos declaramos inocentes en una corte donde el veredicto ya fue determinado. La verdad es que tus acciones ya te declaran culpable.
Sin embargo, la razón por la cual puedes salir a la luz, lejos de la oscuridad que te mantiene como prisionero, es porque el juez perfecto decidió pagar la cuenta por ti.
Cuando escondemos, anunciamos que no creemos que la gracia de Jesús es suficiente para salvarnos ni sostenernos. Cuando vivimos bajo las mentiras que hemos construido, estamos creyendo que Dios no es de temer y mucho menos de fiar.
Tu vida cuenta una historia sobre lo que creés acerca de Dios. Cuando escondés, la narrativa intenta poner a Dios como enemigo y a vos como víctima. No podemos esconder lo que hacemos y creerle a Dios al mismo tiempo. Él es un Dios de verdad y de luz, y la luz no comparte espacio con la oscuridad. Podés caminar en libertad porque Aquel que te busca pagó el precio por aquello que intentás ocultar.
Esto demuestra la importancia de poder soltar aquello oculto y escondido a quienes pueden darnos una dirección clara, apuntando a Cristo. Es por eso que debemos entender cómo opera la vida de Cristo, quien llenó de Luz nuestra vida cautiva para darnos libertad.
Atrévete a contar con los demás, ya sea un pastor, líder, profesional o alguien que esté acompañándote en tu camino espiritual. Exponer a la luz aquello oculto con quienes forman el cuerpo de Cristo abre una puerta para que la Verdad trabaje sobre ello de forma correcta.
Si hoy estás escondiendo algún pecado, relaciones en secreto, decisiones o interacciones, evaluá lo que realmente creés sobre Dios. Él sigue estando presente, sin aprobar tus mentiras, pero inamovible en su ofrecimiento de darte libertad.
Él te busca mientras vos fingís estar a salvo detrás de fachadas inútiles y tus intentos de protegerte. Salir de tu escondite implica un riesgo, porque estarás exponiendo lo que intentaste mantener bajo llave. Ahí donde creés estar escondido con todo lo que has hecho; Dios te ve. No podés engañar al Dios que todo lo ve.
Y su llamado al arrepentimiento es la expresión de gracia que necesitás para caminar en la libertad que tu alma tanto anhela.