El temor al fracaso y el miedo a que exista algo mejor puede paralizarnos y retardar nuestra toma de decisiones. 

Solemos cargarnos con el mandato social, que puede intensificarse en el ámbito de las comunidades cristianas, de tener que conocer a la persona ideal cuanto antes para poder formar una familia. Y entonces nos preguntamos: ¿Existe una única persona para cada una de nosotras? ¿El amor para toda la vida es real? ¿Debemos estar cien por ciento seguras antes de tomar la decisión de ponernos de novias o de casarnos?

Hay una única respuesta a estas tres dudas existenciales y es: “No”. No existe una sola persona creada a nuestra medida que justo toque nuestra puerta y nos ofrezca matrimonio. Así como no existe un “para siempre” sin trabajo, acuerdos y Dios siendo el centro. Y tampoco es verdad que siempre nos sentimos seguras de las decisiones que tomamos en materia de relaciones interpersonales. 

Entender estos “no” nos libera de creer que hay algo malo en nosotras si no llegamos a conocer a “la” persona. Por ende, dejamos de poner en jaque a nuestra autoestima (que ya bastante sufre, pobre). Casi todo en la vida comienza con una actitud intencional de nuestra parte, pero sobre lo que no tenemos control es sobre los sentimientos y elecciones de la otra persona. Y eso es exactamente lo que vuelve emocionalmente riesgosas a todas las relaciones interpersonales. 

antes de tomar una decisión sobre nuestro compañero de vida, es indispensable dejar de buscar a la “media naranja”.

Debemos vernos como “naranjas completas” que buscan pareja y comunidad con el objetivo de acompañarse mutuamente en la vida y potenciarse el uno al otro. No dependemos del otro ni el otro depende de nosotros para ser felices y, sin miedo, nos elegimos buscando mutuamente nuestro bien en Dios.  

Nuestra identidad está en Dios

La Biblia en el Salmo 139:15-16 dice: “Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos”.

Si consolidamos nuestra identidad en el Dios descripto en ese pasaje, Aquel que nos pensó y diseñó de manera original, entonces ese amor bastará para sentirnos verdaderamente realizadas solo por “existir”. Porque nuestra fibra más íntima ya sabe del acto de amor que llevó a que hoy estemos acá.

Solo así lograremos formar el carácter de la mujer descripta en Proverbios 31, quien está vestida de fortaleza y dignidad, y se ríe sin miedo al futuro.Aunque la sabiduría definitivamente se encuentra en la multitud de consejos, es preciso saber qué voces escuchar cuando estamos por ponernos de novias o a punto de casarnos.

El lugar que decidimos darle a las opiniones que otros tienen hacia nosotras es proporcional a cuánto disfrutamos de cada temporada. 

Seguramente te dirán muchas veces frases como: “¿El novio para cuándo?; ¿estás segura de que es él?; ¿por qué no se toman un tiempo?; ¿por qué no van poniendo fecha?”. Y es en ese momento cuando una tiene que pedirle al Espíritu Santo ayuda para reconocer su voz en medio de la multitud de voces. 

La presión social que otros ejercen sobre nuestra vida puede ser muy fuerte y creo que se potencia aún más al momento de tomar decisiones sobre la pareja. Tanto es así que es casi inevitable eludir los comentarios de las personas a nuestro alrededor, pero somos nosotras las que decidimos cuánto lugar darles.

Mujer, sos valiosa simplemente por ser: el rol de novias y esposas es simplemente un rótulo más de todas las cosas que nos definen. Esto debemos tenerlo muy en claro para no dar lugar a la frustración si decidimos no casarnos o si no encontramos el compañero de vida. O no llegan los hijos que tanto anhelamos, o si las cosas no resultan como las habíamos planeado o toman más tiempo. 

Siempre recordemos que tenemos identidad simplemente por existir, es decir, por haber sido creadas y diseñadas de forma única por el Creador del mundo.

A su vez, construimos identidad con las decisiones que tomamos en la vida (incluidos los errores que tanto nos enseñan). Por último, sepamos que las relaciones interpersonales duran tanto como cada miembro de la relación decida y se esfuerce por construir. 

Un consejo que siempre voy a atesorar es que así como en matemática “menos sumado a más es menos” ( – + = -), una relación se destruye cuando al menos uno de sus miembros no trabaja en construirla y fortalecerla. En la vida no hay garantías de éxito para nadie, pero nunca está de más decidir hablar vida, construir, perdonar, amar y tender puentes.

No tengamos miedo a equivocarnos. Enfoquémonos en solidificar nuestra identidad personal en Dios, construir vínculos fuertes y sanos, entregarle al Señor todo lo que hacemos y confiar en Él y en su ayuda (Salmos 37:5).

26 años.Casada con Nicolás Vilaseca con quién son padres de Ian. Traductora Pública de Inglés, trabajó como docente y hoy se desempeña como Project Manager en una empresa de interpretación remota. Autora del libro Dormancia y, por sobre todo eso, ama a Jesús con todo lo que es.