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Libres del estorbo de la ansiedad

Probablemente hayas escuchado esta palabra, probablemente la hayas atravesado, quizás la veas en gran medida en otros. Pero estando en Cristo, ¿cómo es que este síntoma aparece? ¿Cómo somos liberados de ella?

En el libro No te rindas, Kyle Idleman comienza analizando esta problemática comparándola con el funcionamiento de una «montaña rusa atascada». Si bien no es una circunstancia que suceda tan a menudo, es más frecuente de lo que pensamos.

Analicemos este ejemplo: El carro llega hasta arriba, y cuando los pasajeros ya están listos para sentir mariposas en el estómago, no pasa nada. Se queda trabado, los pasajeros miran hacia abajo, con el estómago revuelto. Pueden caer hacia el vacío a alta velocidad en cualquier momento. O no. Las manos que antes alzaban al viento, ahora se aferran al arnés, pálidas. Durante cuarenta y cinco minutos los pasajeros están suspendidos en el aire. Abrumados, asustados y con mucha ansiedad.

¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?

Generalmente, miedo, nerviosismo, irritabilidad, insomnio y sentirse abrumado. Pero aun hay más: dificultades respiratorias, dolor en el pecho, problemas de concentración, malestar digestivo, dolores de cabeza, insomnio, tensión muscular y baja energía. Puede causar también pensamientos perturbadores y obsesivos, pérdida de la memoria y olvido. Es capaz de ejercer un gran efecto en tus emociones y sobrecargar y alterar los sistemas de serotonina y dopamina del cerebro. Puede causar agitación, ira y una sensación general de mal humor, cambios de ánimo, soledad, tristeza y depresión. Incluso, llega a ocasionar olor corporal y pérdida del cabello.

Para algunas personas, la ansiedad se manifiesta en forma de síntomas físicos.

Puede escabullirse y ser la verdadera causa de dolores y rigidez corporal, así como causar problemas de presión arterial y de circulación, desequilibrio hormonal, hipertensión, migrañas y aumento o pérdida de peso. Piensa en casi cualquier cosa mala, y te aseguro que la ansiedad puede llegar a estar detrás de ella. 

Kyle Idleman explica que la mayoría de estos síntomas tienen como resultado “darse por vencido”. Al igual que con cualquier otro peso que carguemos, el peso de la ansiedad puede llegar a ser tan gravoso como para hacernos sentir que es imposible seguir adelante. En un grado u otro, la ansiedad es un peso que todos cargamos.

El escritor de No te rindas dice: “Dondequiera que estés en el espectro de ansiedad, creo que Dios quiere quitar el peso que has estado cargando. Si pudieras aprender a entregárselo, comenzarías a correr tu carrera de otra manera. Imagina sentirte fuerte, desinhibido y libre en lugar de aplastado por tu carga. No es algo fácil”.

Idleman comenta que a medida que la nueva comunidad cristiana fue creciendo, los seguidores de Cristo comenzaron a sentirse estresados y abrumados. Pedro, discípulo de Jesús, que alguna vez había sido pescador pero ahora era líder, les escribió para animarlos frente a los posibles arrestos y ejecuciones por parte del emperador Nerón. 

Él comienza su carta y se dirige a los lectores como “los elegidos por Dios que viven como extranjeros en las provincias” (1 Pedro 1:1, NTV). Fueron expulsados de sus casas; muchos de ellos vivían como refugiados. Habían perdido sus trabajos. Sus posesiones fueron confiscadas, y los forzaron a separarse de sus amigos y familiares. Es demasiado el peso que están tratando de cargar mientras corren la carrera. 

Esto es lo que Pedro les dijo: “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes” (1 Pedro 5:7).

Pero si te sientes superado por el peso que cargas, un versículo como este no parece ser de ayuda cuando alguien te lo presenta. Suena un poco ingenuo y, tal vez, incluso un tanto ofensivo. Quizás para algunos este versículo resulta un poco simplista e ignorante. Pero ¿y si realmente creyéramos esa última parte? Que el Dios de toda la creación se preocupa por uno. Puedes pensar que este versículo es inútil o, en cambio, muy poderoso. 

Todo depende de lo que creas acerca de Dios. ¿Crees que Dios se preocupa por nosotros? ¿Que se puede confiar en Él? Kyle Idleman opina que la voluntad que tengamos para creer en un versículo como este tiene mucho que ver con lo que estemos pasando en nuestra vida hoy. 

Tenemos pruebas de que el mismo Pedro experimentó momentos en los que no estaba tan seguro. En el capítulo 4 del libro de Marcos, podemos leer de la ocasión cuando Jesús les dice a sus discípulos que suban a la barca y crucen al otro lado del lago. De repente, viene sobre ellos una gran tormenta y las olas comienzan a azotar la barca. 

Hay que tener en cuenta que varios de los discípulos son pescadores; ya han atravesado algunas tormentas. Pero esta es diferente. La Biblia nos asegura que estaban aterrorizados. En medio de la tempestad, uno de ellos nota que Jesús está durmiendo sobre un cabezal, en la popa de la barca. Simplemente toma una siesta. En estado de pánico, Pedro y los discípulos comienzan a sacudir a Jesús. “¡Despierta! ¡Despierta!”. Y esta es la pregunta que le hacen: “¿No te importa que nos ahoguemos?” (Marcos 4:38).

Esa es exactamente la pregunta que le harías a Jesús: “¿No te importa?”. Si te importa, ¿entonces por qué dejaste que nos subamos en esta barca? ¿Por qué nos permitiste comprar esta casa? ¿Por qué nos permitiste mudarnos a esta ciudad? ¿Por qué me dejaste aceptar este trabajo? ¿Por qué dejaste que me casara? Si te importara, no estarías durmiendo. ¿No te importa que nos estemos ahogando? ¿Que tenga esta deuda? ¿Que viva en amargura? ¿Que viva en soledad? ¿Que esté decepcionado? Si te importara, harías algo al respecto. 

A Pedro y a los demás discípulos les costaba creer que a Dios sí le importaba, porque estaban haciendo lo que solemos hacer siempre: medir el grado de preocupación de Dios por nosotros de acuerdo a cuán fuerte está lloviendo. 

Cuando Pedro decía “Echa tu ansiedad sobre Dios”, se refería a “transferir, entregar”, o si queremos ser más literales, “transferir el peso”. A veces, las personas hablan de dejar ir la ansiedad, y dicen: “Si te has aferrado a todas estas preocupaciones e inquietudes, solo abre las manos y deja que la ansiedad se vaya”. Pero si estás en el gimnasio, acostado en un banco y sosteniendo una barra con mancuernas, soltarla no sería la mejor opción. Si simplemente sueltas el peso, te aplastará.

Pedro no dice que solo lo soltemos; él dice que lo transfiramos. Dejemos que Dios tome la carga que te ha estado reteniendo y lentificando, diferentes tipos de peso. ¿Hay algo a lo que te estés aferrando y necesites entregárselo a Dios?

Nuestra cabeza se marea entre tantas alternativas. Queremos que Jesús aparezca y nos diga qué hacer. En cambio, Él nos dice qué no hacer. “No se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas” (Mateo 6:34). Muchas de nuestras ansiedades entran en la categoría de mañana. Ahí es donde podemos marearnos en la cantidad de posibilidades que existen. Jesús nos dice: “No hagas eso”. Esas preocupaciones seguirán allí mañana, así que hoy vive el momento.

Cristo nos anima a descansar en Él.

Jesús dijo: Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.

Mateo 11:28-30

En un mundo en donde nos enseñan que la libertad se consigue con el fruto de nuestras propias fuerzas, la Palabra nos recuerda una y otra vez que nuestra vida debe estar en constante reposo, para que nuestro Señor se ocupe de nuestra vida.

Redacción
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