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MISIONES CRISTIANAS

La historia de JUCUM contada por Alejandro Rodríguez

El presidente de la escuela de misioneros más influyente de la Argentina cuenta cómo fue el desafío de seguir el llamado de Dios.

El trabajo pionero de JUCUM en el país comenzó con el mundial de fútbol de 1978. En ese año se estableció un pequeño equipo, a partir de que 700 jóvenes vinieron desde otras naciones a predicar el evangelio. Desde ese momento se estableció el grupo que fundó la primera escuela de discipulado en misionología, con la que sirvieron durante tres años en la ciudad de Buenos Aires y luego se trasladaron a la provincia de Mendoza.

JUCUM estuvo activo hasta principios de 1986, y luego finalizó sus actividades por un breve período de tiempo. Era un pequeño equipo que tenía ganas de crecer, pero eran otros tiempos, las iglesias estaban más cerradas y no solamente con cualquier movimiento misionero, sino también entre ellas mismas.

“fue difícil COMENZAR CON LA OBRA, aunque se hizo un buen trabajo de concientización misionera”

Alejandro Rodríguez, presidente de JUCUM (Juventud Con Una Misión).

Tuvimos que trabajar en establecer el ministerio dentro de la Argentina. Para 1986, prácticamente JUCUM ya no tenía más actividad que la de el pequeño grupo establecido en sus orígenes”, cuenta el presidente del ministerio misionero.

Pero el Señor guío a Alejandro Rodríguez y su esposa Martha a refundar y mantener vigente la obra, junto a un grupo de jóvenes discípulos que apoyó su misión, a principios de 1989. “Teníamos 28 años cuando comenzamos con la escuela de misiones transculturales. La hicimos en nuestra propia casa, que era una casa quinta amplia, y ahí recibimos el primer grupo de estudiantes que vinieron por diez meses a prepararse en misiones transculturales”, cuenta Alejandro.

Los primeros pasos de JUCUM se realizaron con recursos casi nulos, ya que el movimiento internacional se autofinancia en cada país y no tiene una oficina mundial en sedes en Estados Unidos o Europa, como suelen tener otras organizaciones evangelísticas. Es decir, es la suma de grupos misioneros nacionales que hacen que sea internacional.

“Años atrás había tenido una experiencia de corto plazo en Brasil, por aproximadamente de un año y medio. Luego volví a mi iglesia y a mi trabajo, nos casamos con Martha y nacieron nuestros dos hijos. Y lo siguiente fue atender el llamado del Señor, que nos llevó a recomenzar el ministerio porque sabíamos que teníamos un llamado a misionar” relata el presidente de JUCUM Argentina.

Esa vuelta al ruedo se hizo sin siquiera un salón de clases. Al principio se juntaban en un quincho al descubierto que estaba en el patio de la casa de Alejandro y Martha. Y cuando era época de bajas temperaturas se debían tapar con frazadas durante las clases, sacando las manos solo para tomar nota. “Probamos todos los tipos de comida con papa, hacíamos papas fritas, papas al horno, papas noisette y todo lo que se puedan imaginar”, bromea Rodriguez y admite que, por aquellos días, “nos sentíamos limitados por encarar un objetivo misionero sin ningún tipo de recursos y sin ningún tipo de apoyo”.

Discípulos misioneros de la escuela JUCUM en Capital Federal.

Pero también, fue en ese momento que se consolidó un equipo definido, con visión y hambre de llevar la Palabra de Dios por todo el mundo. Fue así que, a raíz de la formación recibida en la escuela, nueve estudiantes partieron al Amazonas y unos cinco fueron al norte de África. Además, otros sirvieron en el norte de Argentina.

Aunque el crecimiento de JUCUM en el país fue más lento de lo esperado. “Yo quería crecer, así que invitábamos equipos de otros países, pero no llegaban”, cuenta Alejandro Rodríguez. Así que el equipo misionero empezó a promover sus actividades, pero no contaban con la tecnología ni la inmediatez que hay actualmente, y todo se comunicaba por carta o por fax.

“el Señor nos había desafiado en invertir en formar y hacer discípulos “.

Alejandro Rodríguez, presidente de JUCUM (Juventud Con Una Misión).

“Teníamos que preparar e inyectar ese ADN de JUCUM en el grupo que ahora teníamos, pero nunca imaginamos que lo que comenzamos llegaría a ser algo tan grande, con 700 obreros que, en la actualidad, sirven en Argentina, dentro de trece comunidades misioneras, y otras 22 comunidades misioneras que abrimos en otras 20 naciones del mundo, en cada continente”, detalla Alejandro Rodríguez.

Parte de la comunidad misionera de JUCUM en países árabes.

La escuela de misiones y discipulado, en los primeros doce años se dedicó a modelar y trabajar, estableciendo fundamentos en los alumnos. Durante los próximos trece años siguientes vino el tiempo de multiplicación y expansión que hizo que JUCUM se convierta en parte de la historia de avivamiento y evangelismo en Argentina.

Redacción
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