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Familias que viven y multiplican lo eterno

Si realmente queremos ser familias que multiplican lo eterno en las generaciones, una de las principales cosas que debemos tener muy en claro por revelación es: qué es el Evangelio. De otra manera, estaremos multiplicando otro evangelio a la posteridad.

Parece increíble, pero aun habiendo vivido más de dos mil años de cristianismo, todavía hoy debemos definirlo, ya que se ha tergiversado mucho el verdadero Evangelio. Prueba de ello son las miles de divisiones que encontramos en la Iglesia, en el mundo entero.

Solo debemos estar en una reunión con amigos o en una reunión familiar para encontrarnos con que cada uno expone y defiende diferentes evangelios, emitiendo una serie de opiniones personales, muchas veces producto de la propia imaginación.

Pero como bien lo expresa Pablo al escribir a los gálatas, no hay otro evangelio.

Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo.Gálatas 1:6-7, NVI 

El Evangelio es Cristo y el Evangelio es Cristo en nosotros. Ese es el verdadero Evangelio.

Muchos cristianos que creen en Dios son engañados por doctrinas y ofrecimientos que evitan exponer las verdaderas propuestas de Dios. Toda forma de evangelio que ofrece soluciones temporales, materiales y terrenales, pero no hace énfasis en lo eterno, es engañosa, peligrosa y vana.

“En esta nueva naturaleza no hay griego ni judío, circunciso ni incircunciso, culto ni inculto, esclavo ni libre, sino que Cristo es todo y está en todos” (Colosenses 3:11).

Dios NO nos da el Espíritu Santo para que nos “parezcamos” a Jesús. El Espíritu Santo viene a formar el carácter y la vida de Cristo en nosotros. No es lo mismo parecer que ser.

El verdadero Evangelio implica nuestra muerte, la negación de nosotros mismos cada día y que viva Cristo en nosotros.

Dios no puede incorporarse a nuestra vida. Él quiere darnos la suya. “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Gálatas 2:20).

Jesús les decía a sus discípulos “NADIE puede venir en pos de mí si no se niega a sí mismo”.

El Evangelio es morir en la cruz con Cristo, resucitar en Él y vivir su vida en nosotros. Todas las cartas apostólicas en las Escrituras dan evidencia de esto.

En el ámbito familiar, necesitamos entender que Dios no vino a restaurar nuestras vidas, Él vino a hacer TODO nuevo en Cristo. Y para eso es necesario morir a nosotros mismos. Los parches no sirven. Dios no restaura: Él hace TODO nuevo. Es necesario nacer de nuevo, y para eso hay que morir. Nacemos de nuevo en la nueva naturaleza de Cristo, que es la que buscará expresarse cada día.

Ser cristiano no es ser parte de ritos o costumbres. Si hacemos un diagnóstico generacional (lo cual nos incluye), veremos claramente las mezclas que produce la religión y la ignorancia e inmadurez de los creyentes, considerando a la madurez como la expresión de la vida de Cristo en nosotros.

Si leemos bien, claramente se nos enseña en las Escrituras que hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de la luz; hemos pasado de muerte a vida, de enemistados a reconciliados. Entonces, es un cambio rotundo el que debe manifestarse en nosotros. No hay escala de grises.

Esta es una obra que se da de manera completa en nuestro espíritu, un cambio de naturaleza, y ahora resta que esa obra consumada se abra camino y se forme en nuestra alma (mente, voluntad, emociones), y se exprese en todas las áreas de nuestra vida.

El Evangelio es una Vida, es una Persona, es una Palabra viva: es Cristo en nosotros.

Debemos entender, como familias, que Dios buscará en nosotros la madurez espiritual, el aumento de la Vida que se nos ha otorgado. ¿Qué significa madurar espiritualmente? Significa ver en nosotros mismos la expresión de la vida que nos fue otorgada en Cristo Jesús.

Si el Evangelio que hemos creído es el que proviene de Dios, se volverá para nosotros la vida que nos sostiene y se abrirá camino hasta que demos los frutos que Dios espera de cada uno: la expresión de la vida de su Hijo. Y esto comienza en casa. 

David Firman
David Firman
Psicólogo egresado de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Profesor de Enseñanza Media y Superior en Psicología, egresado de la Universidad Nacional de Rosario. Terapeuta Familiar. Bachiller en Teología, egresado en el año 2001 del IETL de Rosario. Pastor en CTHTN Rosario y zona. Escritor y Conferencista.

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