Ruaj es en hebreo; Pneuma es en griego. Su significado es variado: espíritu, hálito, soplo, brisa, viento. Desde un comienzo en las Escrituras aparece este “Viento” de Dios. 

Muchos mitos de Medio Oriente mencionan las aguas caóticas y malignas antes de que el mundo fuese creado, y al parecer el texto hebreo coincide con esta imagen, al decirnos que el Espíritu vuela sobre esas aguas oscuras. 

En esa primera aparición el Espíritu combate contra la oscuridad y trae orden al caos primigenio. El mismo Espíritu se ve en la historia de los hebreos, viniendo sobre personas especiales, dándoles sabiduría, fuerza y conocimiento adquirido por fuentes más allá de las capacidades humanas. 

De hecho, el más querido de todos los reyes, David, siendo un adolescente fue ungido con aceite de oliva de mano del gran profeta Samuel, como un símbolo de la presencia del Espíritu de YHWH sobre este joven que se transformaría en leyenda.

El aceite de oliva proviene de este árbol emblemático, que en tiempos de Salomón era “oro líquido”, importante en la economía. Desde la ramita de olivo que trajo el ave en el relato del Génesis, este árbol se ha vinculado con el servicio a Dios, con insignes profetas y grandes reyes.

Pero pasaron los siglos en Israel y la esperanza de un rey justo se derrumbaba, sobre todo por las invasiones de Asiria, la cautividad de Babilonia y la conquista del gran Alejandro que dejó la media luna fértil del mediterráneo a manos de sus sucesores. Antígono, Ptolomeo y Seleuco.

El gran sueño de los hebreos era la llegada de un nuevo rey, que pusiera a Sion por encima de todos los montes. A ese rey ideal lo llamaron ha māshiaj, ‘el ungido’.

Para los seguidores de Jesús de Nazaret, el crucificado y resucitado, Él es el verdadero Ungido de Dios. De hecho, la palabra “Cristo” es la traducción griega de Mashiaj, ‘el ungido’.

Ulises Oyarzun, teólogo

Y desde un comienzo de la predicación apostólica se ha proclamado que la misión de Jesús no fue solo la restauración de 12 tribus, sino la posibilidad de una “nueva humanidad” donde los muros que separaban a judíos y gentiles se vinieran abajo. “Todos somos uno en Cristo”, gritaba el viejo Saulo de Tarso.

Ni hombre, ni mujer, ni esclavo, ni libre, ni griego, ni judío. Dios ha hecho algo completamente nuevo. Y es este mismo apóstol quien recalca con convicción lo siguiente:

Todas las promesas que ha hecho Dios son ‘sí’ en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos ‘amén’ para la gloria de Dios. Dios es el que nos mantiene firmes en Cristo, tanto a nosotros como a ustedes. Él nos ungió” (2 Corintios 1:20-21).

Pablo le habla a toda la iglesia. Y asegura que si Jesús es el “Ungido”, toda su iglesia ya ha sido “ungida”. Él usa en griego “nos ungió” en tiempo aoristo activo. Que alude a un hecho realizado en el pasado, de una vez y para siempre.

Luego Juan, en sus cartas, combatiendo con la corriente de los docetistas que negaban la encarnación, dice:

En cuanto a ustedes, la unción que de él recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esa unción es auténtica —no es falsa— y les enseña todas las cosas. Permanezcan en él, tal y como él les enseñó”, (1 Juan 2:27). 

De la misma manera que Pablo, Juan le habla a toda la iglesia y asegura que todos los que hemos creído en Jesucristo hemos sido ungidos por el mismo Espíritu. Esto lo digo porque desde hace unos años en muchas de nuestras iglesias se ha venido estimulando a los creyentes a “buscar” la unción de Dios. ¡No!

Las Escrituras son claras. Todo aquel que es parte del Cuerpo de Cristo ha sido ya ungido por la presencia del Espíritu. Es como buscar ser hijos de Dios ¡cuando ya lo somos! Ya tenemos la unción de Dios, que es su Espíritu en nosotros.

Ulises Oyarzun, teólogo

Lo que sí el autor de la carta a los Efesios insta: “No se emborrachen con vino que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). Y lo dice en “pasivo imperativo”, ¡sean llenos del Espíritu!.

Lo importante de este pasaje es que para el autor la acción del Espíritu es justamente lo contrario a la pérdida de control que produce el vino. Hace años escuché por ahí a un predicador que tomaba este texto aludiendo a que la llenura de Dios es como una “borrachera espiritual”, pero el autor no dice eso. Tener al Espíritu es justamente contrario a perder el control.

Por eso Pablo en los capítulos 12 al 14 de 1 Corintios trata de ordenar las manifestaciones de los miembros de la iglesia que hablaban en lenguas y profetizaban. Les dice claramente que cuando hablen en lenguas, si no hay intérprete, es mejor que guarden silencio y oren para sí mismos en su intimidad. Que los profetas hablen por turno, dos o tres.

Apela al orden y sobre todo pensando en los no creyentes que pueden visitar la comunidad. Pablo dice “Así que, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos que no entienden o no creen, ¿no dirán que ustedes están locos?”, (1 Corintios 14:23)

Y luego dice en función de que cada profeta espere su turno para comunicar el mensaje que Dios puso en su corazón: “El don de profecía está bajo el control de los profetas”, (1 corintios 14:32).

En síntesis, lo que Pablo quiere es diferenciar a la iglesia de su contraparte, los cultos mistéricos que proliferaban en esa zona. Donde, en su mayoría mujeres, entraban en trance y hablaban “en lenguas”, pero era algo ininteligible y confuso.

Ulises Oyarzun, teólogo

Quizás para el apóstol, esa experiencia que algunos tuvieron antes de ser cristianos la quieren reproducir en las comunidades cristianas y había tal confusión en Corinto con sus prácticas que una persona en un servicio, supuestamente inspirado por el Espíritu, llamó “Anatema a Cristo”, (1 Corintios 12.3). Para Pablo esto no puede ser. La iglesia necesita entender que esas manifestaciones de Dios no son lo mismo a los cultos mistéricos.

Cosas para aclarar

La experiencia de los corintos no es la misma que relata Hechos 2. Las lenguas inteligibles (glosolalia) que se experimentan en Corinto son diferentes a lo que es la “xenoglosia”, que es hablar un idioma conocido sin haberlo aprendido. Y qué fue lo que sucedió en Pentecostés. Es parecido pero no es lo mismo.

Además, el apóstol es claro en Corintos. Ni hablar en lenguas es el más grandioso de todos los dones, ni todos necesariamente pueden y deben hablarlo. “¿Son todos apóstoles? ¿Profetizan todos?, ¿hacen todos milagros?, ¿hablan todos en lengua?”, pregunta Pablo, y esa pregunta retórica obviamente tiene como respuesta un NO. 

No todos tienen los mismos dones o funciones, pero “Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo…” (1 Corintios 12:13). Eso quiere decir que el bautismo que efectúa el Espíritu de Dios no necesariamente produce que todo cristiano hable en lenguas.

sin duda, la presencia del Espíritu trae consigo manifestaciones increíbles que reiteran la presencia de Jesús en medio de su Iglesia. Pero también las manifestaciones en sí mismas no son necesariamente una señal irrefutable de que en esa persona está Dios.

Ulises Oyarzun, teólogo

Jesús fue claro advirtiendo:

Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?’. Entonces les diré claramente: ‘Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!’”, (Mateo 7:22-23).

La declaración “Señor”, en griego Kyrios, es una declaración de una correcta teología y cristología. Por otro lado, profetizar, echar fuera demonios y hacer milagros son una demostración increíble de algo sobrenatural. Aun así, para Jesús, ni la correcta cristología en sí misma, ni los actos portentosos en sí mismos son una señal irrefutable de alguien que tiene una relación con Jesús. ¡Qué sorprendente!

Termino con esto

En Apocalipsis, aparece una iglesia pequeña, en una ciudad golpeada por terremotos, donde al parecer no sucede nada. Hablo de Filadelfia. La iglesia que tiene poco “poder”:

“… Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre”, (Apocalipsis 3:8).

El término “fuerza” o “poder”, en griego es dúnamis. Y ese término en el Nuevo Testamento está relacionado con las manifestaciones milagrosas. Esa iglesia tenía muy poco de eso que abundaba en Corinto y en otras comunidades. Pero aun cuando era una comunidad con poca manifestación de dúnamis, lo que más enfatiza Cristo es que han “guardado” su Palabra. Y eso no es memorizar la Biblia. Guardar significa obedecer, llevar el Evangelio a la vida.

Hoy, en tiempos donde parece que la Iglesia pasa por una confusión, buscando aferrarse a lo espectacular, a lo vistoso, a lo que produce más likes. Donde ya poco se habla, a diferencia de los primeros siglos, de comunidades que eran ejemplo, sino más bien, hoy se habla y se busca a los personajes cristianos más conocidos, sería bueno retomar el tema del Espíritu y su presencia en la Iglesia.

Entonces, volver a preguntarnos, ¿qué signos son los que verdaderamente acompañan a alguien que dice venir en nombre de Dios?: “Sin embargo, no todo el que habla en el Espíritu es un profeta, sino solo el que tiene las costumbres del Señor. Por sus costumbres, pues, será reconocido el profeta falso y el profeta verdadero”, (Didajé, escrito cristiano primitivo,  80-100 d. C).

Pastor, teólogo, escritor y comunicador. Tiene estudios en teología y comunicación escénica, le han otorgado por mas de 10 años un rol de motivador a través de charlas, conferencias y talleres, tanto en ambientes juveniles como en empresas y organizaciones de carácter formativo.