Crecer duele. Crecer nos saca de nuestra zona de confort, nos desafía, nos confronta, y el proceso de crecimiento de una oveja para discípulo muchas veces es un desafío, no sólo para la oveja, sino también para el pastor.

“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones…” Mateo 28:19-20.

“A Timoteo, verdadero hijo en la fe…” 1 Timoteo 1: 2

Como pastor por varios años, hijo de pastor y hermano de pastores, no fueron y no son pocas las veces que he necesitado manejar este crecimiento, para que sea saludable para ambas partes y de provecho para el Reino de Dios.

Para eso, es necesario entender que una oveja que está siendo preparada para ser un discípulo todavía tiene corazón de oveja y eso es maravilloso y hay que cultivarlo, la diferencia es que en este proceso se le “cobra” por cosas en las que anteriormente estaba atendida. Esta exigencia no es más que la recepción de responsabilidades hacia un liderazgo eficaz.

Jesús dijo: “Id y haced discípulos a todas las naciones”. El discipulado requiere esfuerzo de ambos lados y mucha más resiliencia por parte del pastor; aunque cuando la oveja es promovida a discípulo, el Reino gana y la obra de Dios avanza en una maravillosa consolidación.

Podemos ver esto en la vida de los discípulos, quienes, después de la muerte, la resurrección de Cristo y el descenso del Espíritu Santo en Hechos 2, se convirtieron en “hijos” hasta el punto de literalmente entregar sus propias vidas por el bien del Evangelio.

Incluso hoy, vemos misioneros, en países donde se persigue al cristianismo, muriendo por amor a Jesús; solo aquellos que son “hijos” son capaces de entregarse en esta proporción.

Pastor Jackson Antonio

Sin embargo, más que discípulos, el pastor, el Señor, desea “hijos”. Cuando un discípulo es promovido a “hijo”, las cosas adquieren proporciones más profundas, ¿por qué?  Porque después de esa etapa el discípulo comienza a tener mentalidad de entrega. La causa del Evangelio tiene ahora una connotación de amor con proporciones que no se habían experimentado antes. El latido de su corazón se vuelve más fuerte, solo pensando en las cosas del Señor.

El crecimiento en esta fase, a veces, también puede ser intenso y confrontador, porque también requiere renuncia; sin embargo, ya se tiene la capacidad de administrarlo con más sabiduría y serenidad.

Aprendí a forjar líderes en hijos y para mí esto ha sido un deleite constante.

Pastor Jackson Antonio

Por eso, el objetivo de mi ministerio siempre ha sido tener “hijos espirituales”, como explico en mi libro No seas el último de ti mismo.

En la Santa Biblia, uno de los ejemplos de discipulado que generó un hijo espiritual, y es el que más me gusta, es el de Pablo y su “hijo” Timoteo. Pablo forjó un hijo espiritual en él, quien luego se convirtió en uno de los líderes de la iglesia primitiva. Sin embargo, el crecimiento de Timoteo no se produjo de la noche a la mañana.

En su segundo viaje misionero, la Biblia relata que Pablo regresó a la región de Licaonia, donde vivía Timoteo, y observó el desarrollo espiritual del joven. La realización lo impulsó a llevarlo en sus posteriores viajes misioneros, transformándolo de discípulo, de seguidor, a “hijo”.

Para este joven nació un nuevo tiempo, un despertar más profundo. A partir de ese momento aprendió a ser un “hijo espiritual” junto a su mentor y vivió experiencias increíbles, aprendiendo mucho sobre la importancia de la entrega total, sin reservas. Timoteo aprendió de Pablo, “porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” y se convirtió en “hijo”.  ¿Y tú, eres oveja, discípulo o hijo?