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Basura en playas argentinas

Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en la temporada de verano 2020, unas 31,6 millones de personas eligieron, como destino vacacional, lugares dentro del país; siendo las playas de Mar del Plata, Villa Gesell y Las Grutas aquellas más visitadas. 

Este año, y aun considerando la pandemia y todos sus avatares, se espera que esa cantidad de personas se incremente respecto de temporadas anteriores. Basta con ver las imágenes que han trascendido en los últimos días de la ocupación de playas bonaerenses para confirmar tales estimaciones.

El alud de gente en un determinado espacio necesariamente se traduce en una activación de la economía local asociada al consumo. Pero también significa un incremento en la producción y acumulación de residuos asociados a este último. 

Estos residuos, gestionados correctamente, podrían no significar grandes peligros para el ecosistema costero. Pero, sin las campañas de concientización adecuadas y el compromiso individual y colectivo para con el cuidado de los espacios comunes, pueden dar origen a lo que las organizaciones de cuidado ambiental llaman “basura marina”, la cual sí tiene consecuencias irreversibles en el medio ambiente.

Censo Fundación Mundo Marino . Infografía: DCV Cristian Herrera

¿Qué es la basura marina?

Se denomina “basura marina” a ‘cualquier material sólido persistente que se fabrica o procesa y que —de manera directa o indirecta, intencional o accidental— se desecha o deja abandonado en el entorno marino’. 

Su manejo deficiente tiene el potencial de dañar los hábitats físicos, transportar contaminantes químicos, amenazar la vida acuática y de aves e interferir con el uso humano de ríos y medioambientes fluviales, marinos y costeros. Es decir, también posee consecuencias económicas que se producen cuando la basura marina perjudica al turismo, la industria pesquera y la navegación. 

La basura marina plástica es la que genera mayor preocupación debido a su persistencia en el medioambiente

Su capacidad para ser confundida con alimento por las especies marinas —lo cual puede conducir a deficiencias nutricionales o inanición por obstrucciones en el tracto digestivo—; y su versatilidad para enredarse en la fauna y flora marinas contribuyendo a la movilización de especies invasivas o impidiendo su correcta movilización que podría incluso provocarles la muerte (como es el caso de ballenas, tortugas, peces, delfines y lobos que sufren estrangulamiento por material plástico). 

Crédito: Fundación Mundo Marino

Además, este tipo de residuos posee una especial avidez por productos químicos persistentes de origen antropogénico como pesticidas o subproductos de la combustión de basura o incendios. 

Ejemplos de estas sustancias —también conocidas como contaminantes orgánicos persistentes— son el DDT (diclorodifeniltricloroetano), las dioxinas y PCB (bifenilos policlorados). Estas no solo son bioacumulables en distintos niveles tróficos de la cadena alimenticia y resistentes a la degradación durante años o décadas, sino que también constituyen un peligro tóxico grave para los seres humanos y los organismos marinos.

En el último Censo Provincial de Basura Costero Marina, publicado en enero del 2020 y llevado a cabo por la fundación Vida Silvestre a lo largo de 888 555 m2 de playas bonaerenses, demostró que, de los 71 848 residuos recopilados, un 83,2% estuvo constituido por plástico. Tal como se viene reportando en los últimos cuatro años en nuestro país y en otras zonas costeras del mundo. 

De responsables del problema a protagonistas de la solución

De esos desechos y residuos relevados, los que son de origen terrestre representan el 80% de la basura acuática que se encuentra en las playas. Entre ellos se encuentran colillas de cigarrillos, Telgopor, bolsas de nylon, desechables y empaques de un solo uso de productos relacionados con alimentos, bebidas y servicios (vasos, botellas, sorbetes, utensilios y mezcladores). 

El otro 20% de los elementos que conforman la basura marina corresponden a pérdidas en el mar de descargas accidentales o intencionales de embarcaciones que circulan por los océanos, y de equipos y trampas que se pierden o dejan abandonados.

Estos datos nos ponen a nosotros como principales responsables del problema, pero también como posibles protagonistas de la solución. Pensando en el receso estival y la posibilidad de realizar algún viaje costero con fines de descanso.

es importante tener muy presente el uso responsable de las playas, además de los cuidados que deben tenerse para la prevención de la transmisión del COVID-19. 

Si bien el Ministerio de Turismo y Deportes publicó el pasado noviembre una guía de pautas y recomendaciones para que los distintos municipios gestionen de manera eficiente el manejo de los residuos en las playas públicas, por ejemplo, aumentando la cantidad de contenedores disponibles para que las personas eliminen los desechos personales; siempre el mejor residuo es el que no se genera. 

Por lo cual, una manera simple pero efectiva de colaborar con la causa, podría ser actuar de forma intencional a la hora de seleccionar los productos que consumimos de manera de evitar aquellos que posean empaques de plástico de un solo uso y migrar a opciones reutilizables. 

Victoria Mestre Cordero
Victoria Mestre Cordero
Bioquimica. Jefe de Trabajos Prácticos. Catedra de Fisiologia. Facultad de Farmacia y Bioquimica, UBA. PhD Student IQUIMEFA-CONICET.

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