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Hallan en la Ciudad de David restos del estanque de Siloé

El hallazgo arqueológico confirma la existencia del estanque mencionado en el Evangelio de Juan y ofrece nueva luz sobre la historia bíblica.

En la Ciudad de David, en Jerusalén, arqueólogos descubrieron los restos de una antigua presa que correspondería al histórico Estanque de Siloé, el lugar donde, según el Evangelio de Juan, Jesús sanó a un hombre ciego de nacimiento.

El equipo liderado por el arqueólogo Danny Herman halló la estructura en el extremo sur del túnel que conducía el agua desde el manantial de Gihón. Este descubrimiento se suma a las evidencias encontradas en 2003, cuando se hallaron escaleras de gran tamaño que llevaban a una cavidad utilizada como baño ritual, típica de la tradición judía.

Una confirmación histórica de la fe

El estanque de Siloé tiene un lugar especial en la memoria de la fe cristiana. Allí, Jesús envió a lavarse a un hombre ciego, y al hacerlo, recobró la vista 

Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego, diciéndole:

—Ve y lávate en el estanque de Siloé (que significa “Enviado”).

El ciego fue y se lavó, entonces al volver ya veía”.

Juan 9:6-7. 

El hallazgo de esta estructura arqueológica no solo fortalece la veracidad histórica del relato, sino que también recuerda que los milagros de Cristo se manifestaban en medio de la vida cotidiana de la gente.

Una construcción más antigua de lo pensado

Los análisis de carbono-14 revelaron que la presa fue construida entre los años 805 y 795 a.C., lo que ubica su origen unos dos siglos antes de lo que se creía. Tradicionalmente se atribuía la obra al rey Ezequías, sin embargo, las evidencias apuntan a que podría haberse levantado bajo el reinado de Joás o su sucesor Amasías.

Este dato cambia la interpretación histórica, mostrando que Ezequías aprovechó una infraestructura previa para desarrollar el sistema hidráulico de la ciudad, incluyendo el famoso Túnel de Siloé.

Historia, fe y evidencia arqueológica

Más allá de la precisión arqueológica, el descubrimiento tiene un fuerte significado espiritual. El estanque de Siloé, además de ser una obra de ingeniería para su tiempo, fue escenario de un milagro que reveló la identidad de Cristo como la Luz del mundo.

Así como aquel hombre ciego abrió sus ojos al obedecer a Jesús, este hallazgo recuerda que la Palabra de Dios sigue siendo confiable, viva y respaldada también por la historia.

Redacción
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