Una dedicatoria de Amor

Presentemos lo que somos y tenemos antes los pies del Maestro

Seguramente sabes algo de Miguel Ángel, pero, ¿has oído hablar de Colalucci? Miguel Ángel creó algunas de las obras de arte más maravillosas y conocidas del mundo, incluyendo el techo y la pared del altar de la Capilla Sixtina. Gianluigi Colalucci fue el principal restaurador de la obra del gran artista en lo que podría ser uno de los proyectos de restauración artística más importante de la historia.

Una mirada a la obra del pintor y del restaurador nos dice algo sobre la paciencia que se necesita para restaurar. Las paredes sur y norte de la Capilla fueron pintadas de 1481 a 1483, el techo de 1508 a 1512, la pared del altar de 1536 a 1541, y la pared oriental en 1572 y 1574. El tiempo total para completar la obra fue de doce años. Mientras tanto, el proyecto de restauración, iniciado por Colalucci en junio de 1980, fue desvelado por el Papa Juan Pablo II el 8 de abril de 1994. Eso suma catorce años. ¡La restauración tardó más que la pintura!

Esto plantea la pregunta, ¿por qué restaurar en absoluto? Si toma tanto tiempo, ¿por qué no demolerlo y empezar de cero? La respuesta en el caso de la Capilla Sixtina es obvia: fue restaurada porque era una obra de arte invaluable. ¡Tú eres igual, una obra de creación de valor inconmensurable para Dios! La restauración de una relación, carrera, negocio o sueño es invaluable para Dios.

Nunca olvides que en cualquier cosa que recompongas, la restauración más significativa es lo que Dios está haciendo en ti. Por medio de cada circunstancia, Él obra para llevar a tu vida más del carácter de Cristo: el amor, la gracia, la esperanza y el gozo de Jesús.

Mediante el amor de Cristo, Dios está restaurando la obra de arte que eres. Él te está haciendo parecer más y más a Jesús cada día. Con frecuencia es un trabajo lento, pero Él es paciente. Mira con cuidado y podrás imaginarlo limpiar suavemente la mugre y la suciedad del pasado, teniendo cuidado de no destruir la belleza subyacente que creó en ti. La terminación de este proyecto está casi más allá de nuestra imaginación: Y, así como hemos llevado la imagen de aquel hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial(1 Corintios 15:49). Dios sacará todo el color de la obra maestra que ha creado para que tú seas, y todos verán que esta belleza es por causa de Cristo. Esta es la gloria de Dios.

La verdad de lo que Dios obra en cada uno de nosotros conduce directamente a nuestra necesidad de dedicar lo que hacemos a Dios. Dedicar es decidir que algo será usado por el bien de la gloria de Dios. Cuando reconocemos que Dios obra en torno a esta gloriosa restauración en cada uno de nosotros, se hace mucho más fácil dedicarle cada circunstancia de vida.

Porque todo lo que se construye o reconstruye para mantenerse fuerte, debe ser dedicado a Dios. Para mantener una familia fuerte, debes dedicarla a Dios. Para tener un negocio, iglesia o vida fuerte, debes dedicarlos a Dios. Sin dedicación verás que lo que has construido comienza a decaer; con dedicación, verás que sigue siendo fuerte.

Muchísima gente le confía a Dios tener la fortaleza para restaurar una relación o una carrera, solo para llevarla de nuevo a ellos mismos una vez que ha concluido la ardua labor de la reconstrucción. En medio de nuestra desesperación para evitar el fracaso, confiamos en Dios, pero cuando esta crisis queda atrás, comenzamos a confiar en nosotros de nuevo.

El pueblo de Israel pasó por este patrón en repetidas ocasiones. Confiaban en Dios y las cosas mejoraban; confiaban de nuevo en sí mismos y las cosas se derrumbaban.

La clave para que no suceda ese patrón está en dedicarlo todo a Dios. Nehemías es nuestro ejemplo. Él sabía que la muralla sobre la que se narra en Nehemías 2, no se completaría hasta que hubiera sido dedicada. La dedicación no era una pequeña ceremonia de celebración al final del proyecto; era una parte muy importante de la reconstrucción. La dedicación reconocía a quién pertenecía la muralla y quién recibiría el crédito por su utilidad.

A menos que la dedicación sea parte de nuestra vida cotidiana, nos sentiremos como si estuviéramos viviendo una vida a medias, porque el propósito de la vida surge a partir de la dedicación. Es a partir de nuestra dedicación de lo que Dios ha puesto en nuestras manos que reconocemos por qué está ahí y para qué puede utilizarse.

Nehemías ofrece cuatro descripciones específicas de lo que se inscribe en el tipo de dedicación que resulta en esta plenitud de vida. Algo de lo que él ofrece podría sorprenderte.

La dedicación comienza con el agradecimiento

Nehemías coloca el agradecimiento justo al comienzo: Cuando llegó el momento de dedicar la muralla, buscaron a los levitas en todos los lugares donde vivían, y los llevaron a Jerusalén para celebrar la dedicación con cánticos de acción de gracias, al son de címbalos, arpas y liras” (Nehemías 12.27).

Si no podemos agradecer a Dios por ello, no podemos dedicárselo. Si nuestra actitud es: “Dios, detesto mi trabajo (o mi matrimonio o…), pero te lo dedico porque sé que es lo que se supone que debo hacer”, realmente no estamos dedicándolo a Dios; solo estamos usando palabras espirituales para decirle a Dios cuando nos defraudó.

Si decimos en cambio con un corazón humilde: “Dios, estoy teniendo dificultades en mi trabajo (o en mi matrimonio o…), pero incluso en esa dificultad te agradezco por ese trabajo (o matrimonio o…) y te lo dedico”, es una actitud totalmente diferente. Esa es una actitud honesta de acción de gracias.

La dedicación se demuestra con la purificación

Como personas que Dios usa para sus propósitos, nuestra dedicación se demuestra con nuestra purificación: “Después de purificarse a sí mismos, los sacerdotes y los levitas purificaron también a la gente, las puertas y la muralla” (12:30). ¿Cómo te purificas a ti mismo para los propósitos de Dios? La verdad es que no te purificas a ti mismo . Es Dios quien lo hace. Sin entrar en detalles extensos, incluso la purificación que hicieron estos levitas esperaba a Jesús y a la purificación que Él les traería.

Puedes ser purificado para el propósito de Dios al reconocer lo que Jesús hizo por ti en la cruz. Debido a ese sacrificio, comienzas a vivir una vida santa y dedicada. Esto significa permitir a Dios sacar de tu vida esas cosas que no tienen lugar.

La purificación no consiste solo en no hacer ciertas cosas. Algunas personas piensan que para ser verdaderamente puras, simplemente significa no hacer esto o aquello, y que por lo tanto son puras. Claro que la pureza tiene algo que ver con lo que no haces: los pecados que no cometes. Pero también tiene algo que ver con lo que decides hacer: la obediencia que le muestras a Dios.

La dedicación se expresa dando

La dedicación se expresa devolviendo a Dios de lo que Él te ha dado. Dios restaura tu matrimonio, no solo para que puedas disfrutar de él por ti mismo, sino para que ahora puedas devolverle a partir de ese matrimonio. Y así con tu familia, tu carrera, tus finanzas, etc.

Dar es la esencia de la dedicación. Dar nuestro tiempo, nuestras posesiones, nuestros talentos y nuestra preocupación se suma al hecho de darnos a nosotros mismos.

La dedicación debe renovarse

Aprendemos de Nehemías que la dedicación tiene que renovarse regularmente. A medida que leemos Nehemías, puede parecer que estos israelitas son un grupo de seguidores de Dios perfectamente dedicados. Al leer Nehemías 13, vemos que lucharon para lograr una dedicación duradera.

¿Qué hacemos cuando nuestra dedicación parece menguar? Podemos resignarnos a la derrota; podemos inventar todo tipo de excusas; o podemos asignarnos un nuevo compromiso. La verdad es que todos nosotros debemos renovar regularmente la dedicación.

Nehemías nos señala el proceso por el que debemos pasar para renovar nuestra dedicación, un proceso que enfrentaremos muchas veces en nuestra vida de fe.

Deja de esquivar el problema

El proceso comienza con el compromiso de dejar de esquivar el problema. En 13:11, Nehemías escribe: “Así que reprendí a los jefes y les dije: «¿Por qué está tan descuidado el templo de Dios?» Luego los reuní y los restablecí en sus puestos”. Los funcionarios estaban descuidando algunas de las cosas que habían originado su éxito y Nehemías los reprendió.

Cuando empezamos a fingir que un problema no lo es, ¡realmente tenemos un problema! Sabes que estás negando la realidad cuando no eres capaz de hablar de algo o esperas que nadie note nada. Es ahí donde necesitas ser honesto contigo. Deja de eludir el problema y pídele a Dios que te ayude a comenzar a dedicarle tu vida de nuevo.

Deja de hacer concesiones a tu enemigo

Hacer concesiones es el gran enemigo del compromiso. Casi nunca hay una gran decisión que tomemos para no estar comprometidos; nuestra perdición se da en una serie de pequeñas concesiones.

El enemigo seguirá tratando de instalarse de nuevo. Es por eso que debes dejar de hacer concesiones y volver a un lugar de compromiso.

Decide eliminar las oportunidades para el pecado

El tercer paso en el proceso de renovar tu dedicación es tomar la decisión de suprimir las oportunidades para el pecado. Suprímelas antes de llegar al lugar en el que dejaste que entraran las cosas negativas.

Algunos habitantes de Judá habían llevado cargamentos de cereales y otros bienes en el día de reposo. Tal vez los israelitas no solo conducían carros, sino que terminaron descargando los cereales. Ellos pueden hacer sabido que estaban quebrantando el día de reposo, pero podrían haber pensando fácilmente: “No tenemos otra opción. El cereal está aquí y tiene que ser descargado o se echará a perder”. No pudieron resistir.

Entonces, ¿qué hace Nehemías? Planeó por adelantado guardar el sábado cerrando las puertas para que el cereal no pudiera ser traído. No te pierdas las lecciones que hay aquí para la re-dedicación: debemos planear con antelación para mantener lejos de nuestra vida las cosas que nos lastiman.

Llena tu vida con los propósitos de Dios

Nunca bastará con tratar de bloquear lo que está mal; debes llenar tu vida al mismo tiempo con confianza en Dios para hacer lo que es correcto. Nehemías 13:30 dice: “Yo los purifiqué de todo lo extranjero y asigné a los sacerdotes y levitas sus respectivas tareas”. Ellos necesitaban dejar de hacer lo que erosionaba su propósito volviendo a hacer lo que era correcto.

La importancia de esta verdad se capta en esa vieja frase: “Las manos ociosas son el patio del recreo del diablo”. Si tenemos espacios que quedan vacíos en nuestra vida, tienden a llenarse de cosas equivocadas.

Por Tom Holladay
Tomado del libro: Cómo juntar las piezas cuando todo se ha deshecho
Vida

Como juntar las Piezas cuando todo Se Ha Deshecho

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