Un pacto de discipulado

Ingresa en una nueva dimensión en la relación con tus hijos

Cuando Diana Nyad tenía 9 años de edad, se paró en una playa en Florida. A 160 kilómetros náuticos, la revolución de Fidel Castro estaba en pleno apogeo. «¿Dónde está Cuba, mamá? —preguntó Diana—. No puedo verla».

La madre de Diana la acercó mientras miraban al océanoaparentemente interminable. Luego señaló hacia el horizonte.«Allá —dijo—. Esta justo allá. No se puede ver, pero está tancerca que casi se puede nadar hasta allá».

Ese día se concibió un sueño en el corazón de Diana, elsueño de convertirse en la primera persona en nadar a travésdel estrecho de la Florida. Cuando Diana intentó y fracasó en1978 a los 29 años, el sueño quedó inactivopor más de tres décadas, pero no murió. En 2011, Dianaintentó y falló de nuevo. Y otra vez. Y otra vez.

Luego, el 2 de septiembre de 2013, una infatigable Dianahizo un nuevo intento a los 64 años. ¿Su lema? Encuentra un camino. Y eso es lo que hizo. Encontrósu camino a través de las aguas del océano infestadas contiburones agresivos de puntas blancas y medusas venenosas.

Halló su camino a través de aguas tan negras como latinta, de deshidratación y de alucinaciones. Cincuenta y treshoras y 173kilómetros terrestres después, Diana Nyad cumplió susueño y se convirtió en la primera persona en nadar de Cubaa Florida sin la ayuda de una jaula de tiburones. «Tengo tresmensajes», dijo Diana, con sus palabras arrastradas por unalengua hinchada. «Uno es que nunca, nunca debemos rendirnos.Dos, es que nunca eres demasiado viejo para perseguirtus sueños. Tres, es que parece un deporte solitario, pero esun equipo».

¿Cómo hizo Diana lo que nadie había hecho antes? ¿Quéle permitió soportar ese tipo de castigo físico y mental? ¿Ypor qué?

En sus palabras: «Debes establecer tu voluntad». La fuerza de voluntad es una virtud. También requirió unapasión agresiva, una visión clara y verdaderas agallas. PeroDiana no logró el sueño por sí sola; se necesitó un equipode personas. Su equipo ideal tenía treinta y cincofuertes. Y había una regla cardinal entre los miembros delequipo durante el nado de Diana: ¡nadie le revela a ella dóndeestá ni cuán lejos tiene que ir!

La actitud, el equipo, las reglas, todo eso era clave paralograr lo que nunca se había hecho. Pero había un factormás: su padre. Cuando Diana cumplió 5 años, su padregreco-egipcio, Aristóteles Nyad, la llamó con entusiasmo asu guarida y le dio a conocer su destino.«Hace mucho que espero este día. Ahora tienes 5 años. Hoy es el díaen que ya eres capaz de comprender lo más significativo quete diré, mi amor». Aristóteles abrió un diccionario completosobre su escritorio y señaló su nombre. «Déjame decirte algo,querida. Mañana irás a tu pequeño preescolar y le preguntarása tus amiguitos, ¿está tu nombre en el diccionario? Ellos tedirán que no. Tú eres la única, mi amor. Tú eres la especial».Entonces Aristóteles corrió la cortina, revelando el significadode su nombre: «Tu nombre: Nyad. La primeradefinición, de la mitología griega: las ninfas que nadaban enlos lagos, océanos, ríos y fuentes para proteger las aguas delos dioses. Escúchame, mi amor, porque ahora viene la partemás importante. La siguiente definición dice: una niña o mujernadadora campeona. Mi amor, ¡este es tu destino!».

Como padre, Dios te ha dado derechos para dar nombres.Es un privilegio y una responsabilidad impresionante. Losderechos para nombrar comienzan al nacer, pero no terminanahí. Tú nombras a tu hijo y lo apodas toda su vida. Es tu trabajonombrar sus dones, nombrar sus pasiones y nombrar sucarácter. Luego llama el potencial que Dios les dio a través delamor duro, la disciplina paciente y el estímulo interminable.

El poder de la vida y de la muerte está en la lengua. Y eso esdoblemente cierto en el caso de los padres: tus palabras tienenun peso inusual. ¡Tienes el poder de bendecir o maldecir! Tuspalabras dan a tus hijos algo para vivir o algo para aguantar.Eres más que un padre.Eres un sacerdote, un profeta para tus hijos.

Nadie conoce a tu hijo mejor que tú. En algunas maneras,tú los conoces mejor que ellos a sí mismos porque los recuerdasdesde antes de que comenzaran a recordar. Así que eresun historiador, un biógrafo. Pero también eres un oráculo.Como el padre de Diana, es tu responsabilidad ayudar a tushijos a descubrir su destino. Entonces te pones detrás de ellosy los ayudas a ir hacia él.Es tarea del padre reconocer los momentos de enseñanza.Es trabajo del padre crear momentos de enseñanza.Ahí es donde entra en juego un pacto de discipulado.

 

El pacto de discipulado

Cuando mi hijo mayor, Parker, se acercaba a su duodécimocumpleaños, pasé meses preparando un pacto de discipulado.

Francamente,no hay nada innovador ni trascendental al respecto.Pero cambió las reglas de juego porque me dio un plan deacción para su año de discipulado.Era mi manera de hacer de él un hombre.

Cuando llegó el momento de presentarle el pacto a Parker,quise hacerlo en algún lugar especial, en un lugar memorable.A él le encanta acampar, así que condujimos una hora, instalamos el campamento,cocinamos salchichas y observamos las estrellas por un rato.

Luego, saqué el pacto de discipulado que había creado. En el resplandorde la fogata, expliqué los tres desafíos: físico, mental yespiritual. Entonces firmamos el pacto.Fue un momento conmovedor.

 

Cuándo, dónde, cómo

Mientras elaboras tu pacto, recuerda que estás escribiendopara un preadolescente o adolescente. ¡No tienes que hablarun español sofisticado! Las palabras no importan tanto comoel espíritu que las dirige. El pacto en sí envía un poderosomensaje a tu hijo. Transmite tu compromiso como padre: elcompromiso de darle todo lo que tienes.

Ahora, déjame contestar algunas preguntas frecuentes.

 

¿Cuándo debo iniciar el año de discipulado?

Hay un viejo axioma: «Cuando el estudiante está listo, elmaestro aparece».Conoces a tu hijo mejor que nadie y sabrás cuándo estálisto. No hay una «edad mágica», porque los niños maduranen diferentes momentos y de diversas maneras. Por supuesto, si esperas hasta que seanun poco mayores, puedes mejorar la calidad de las conversacionesporque ellos tratan temas de adolescentes.En mi opinión, la ventana ideal es entre 12 y 16 años.

¡Pero recuerda, ¡los niños nunca son demasiado viejos paraser discipulados!

 

¿Dónde debo firmar el pacto?

La respuesta más simple es en algún lugar especial, en algúnlugar memorable. ¿Hay un lugar que sabes que a tu hijo leencanta? De unmodo u otro, recomiendo un cambio de escenario. Hay una pequeña fórmula: cambiode ritmo + cambio de lugar = cambio de perspectiva.

Para que conste, recomiendo uno-a-uno, solo padre e hijo.Pero si tienes hijos mayores o tíos o incluso un abuelo quedeseas incluir, hazlo. Rodear a tu hijo con un círculo de ancianosmejorará el año entero de discipulado.

 

¿Tiene que ser un retiro?

Recomiendo altamente pernoctar una noche. Esto es crucial.Y empieza con una buena cena. Cuando estén a la mesa, estableceel tono para las próximas veinticuatro horas. Compartetu corazón con tu hijo relatando historias. Comienza afirmando quién es él. Luego reafirma tu compromiso con él comosu padre. Este es un evento solemne, ¡pero recuerda divertirtetambién! Mantén el enfoque en el pacto, pero formúlalo entrebuenos recuerdos de un buen momento.

Con Parker, presenté el pacto de discipulado después quenos instalamos en la cabaña. Le dejé leer el pacto y luegovacié el contenido. Nos arrodillamos y oramos, consagrándonos a Dios y unoal otro. Entonces Parkerfirmó el pacto mientras yo captabauna foto encubiertamente.

 

¿Hiciste algo similar con tu hija?

No hice un pacto de discipulado con Summer¾mi hija¾ y, a veces,cuestiono esa decisión. Para bien o para mal, sentí que mi esposa necesitaba tomar las riendas y participar más activamentecon Summer, lo cual hizo.

Dicho esto, la relación de un padre con su hija es importantey va más allá de las palabras. Aunque no hice un añode discipulado con ella, hice un rito. Nos entrenamos para el nado de escape deAlcatraz durante varios meses, y luego volamos a San Franciscopara un fin de semana especial. Lo más destacado paramí fue llevarla a un hermoso restaurante. Fue entonces cuando le di un collar en forma decorazón y le dije que su corazón me pertenecía hasta que selo diera al hombre con quien se casaría.

 

Un round más

En el espíritu de la libertad, creo que es importante paramí admitir en este punto que no todo salió según el plancon ninguno de mis hijos. Incluso hubo ocasiones en que mepreguntaba si era una pérdida de tiempo, pero me negué atirar la toalla.No golpeamos todos los blancos que disparamos, pero¿quién bate un promedio de mil?

Tal vez sientas que has intentado y fallado muchas veces.¿Recuerdas a Diana Nyad? A pesar de sus repetidos fracasos,se negó a renunciar a su sueño. Deja de golpearte por loserrores que has cometido. No estás solo. Y para que conste,Aristóteles Nyad pudo haberlo hecho muy bien en el quintocumpleaños de Diana, pero se quedó corto como padre, comoel resto de nosotros.

Durante el año de discipulado de Josiah, sentí que no podíacumplir con mi objetivo. Tanto es así que le pedí perdón yuna segunda oportunidad. Me distraje con algunas de lasdemandas y los plazos a los que me enfrentaba como pastor yautor. Josiah me perdonó amablemente y extendimos nuestrocronograma por seis meses. Entonces no pudimos cumplircon el desafío físico, que era andar 160 kilómetros en bicicleta. ¿Por qué? ¡Porque tuve una cirugía de rodilla!

Mi punto es que tu plan no va a salir perfectamente. Inclusopuedes sentir que no estás haciendo algo útil en la vida de tuhijo. ¡Por eso firmas el pacto!No te des por vencido.

«Lucha un round más —dijo el ‘Caballero Jim’Corbett,ex campeón de boxeo de peso pesado del mundo—. Cuandotus brazos estén tan cansados que apenas puedas levantar lasmanos para ponerte en guardia, pelea un round más. Cuandotu nariz esté sangrando, tus ojos estén negros y estés tan cansadoque desees que tu oponente te golpee en la mandíbulay te ponga a dormir, pelea un round más; recordando que elhombre que pelea un round más nunca es azotado».

Puedes perder uno o dos asaltos, pero sigue saliendo detu esquina. Es posible que tengas que reiniciar el proceso unao dos veces. Pero incluso si no golpea todos sus objetivos, elesfuerzo pagará dividendos el resto de tu vida y la vida detu hijo.

Una última lección difícil aprendida. Desde que terminé elaño de discipulado con Parker, siento que algo de mi intencionalidadse ha salido del radar. Ojalá hubiéramos mantenidouna reunión padre-hijo aun después de completar el pacto.Nadie puede quitarnos el año de discipulado que tuvimos,pero debería haberlo visto como una línea de salida, no lalínea de meta.

A medida que mis hijos crecen, tengo que seguir creciendocomo padre. Los desafíos cambian, yo también. Uno de misobjetivos es vivir hasta 100 años, lo que podría requerir unmilagro. Si lo hago, mis hijos tendrían 68, 65 y 63 años, respectivamente. Pero seguiríansiendo mis hijos, y yo seguiría siendo su padre. Una vez padre, ¡siempre padre!

Por Mark Batterson
Tomado del libro: Sé hombre
Grupo Nivel Uno

Se Hombre

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