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Desarrollemos una relación íntima con nuestro Señor

Hay una poderosa declaración que vale la pena memorizar y meditar continuamente: “El Espíritu Santo no tiene nada mejor que hacer que tener una relación con usted”.

El Espíritu Santo es nuestro maestro, ayudador, amigo, líder, y mucho más. Una vez que se tratan y se ejercitan estos asuntos del espíritu, el alma y el cuerpo, es más fácil desarrollar este importante aspecto de la relación de nuestra vida espiritual.

Lo que trae al cristianismo fuera del terreno de la religión es la relación que podemos tener con Dios. Él realmente nos habla. Él realmente nos enseña. Él realmente nos conoce de manera íntima.

No necesitamos esperar hasta que hayamos entrenado perfectamente nuestro espíritu, alma y cuerpo para comenzar a desarrollar esta relación; todo es un proceso continuo. Pero es importante entender que Jesús llamó a discípulos para que lo siguieran primero. Antes de presentarles al Espíritu Santo, tuvo que trabajar con personas que entendieran la importancia de disciplinar su alma y su cuerpo.

El Espíritu Santo no nos obligará a hacer nada. No nos obligará a escuchar su voz; no nos obligará a obedecerle; no nos obligará a ser buenos estudiantes. Podría hacerlo, pero eso iría en contra de su deseo de tener una relación de calidad. Créase o no, hay principios para tener relaciones de calidad. Esta relación de calidad debe estar basada en el amor de ambas partes. Esto significa que cada parte de la relación realmente desea que la otra parte sea bendecida y reciba lo mejor. Cada uno sacrificará lo que sea necesario para el bienestar del otro.

Debe haber apertura en la comunicación. Ambas partes deben poder expresarse libremente sobre la base de la verdad, sin que ninguna intente engañar a la otra. También debe haber integridad en la comunicación. Para poder fortalecer una sensación de unidad, tienen que experimentar que lo que los demás dicen que van a hacer, efectivamente lo harán. De esa manera, ambas partes van a poder descubrir y confiar en cómo el otro piensa coherentemente.

También debe haber regularidad en la comunicación. Cuanto más frecuente sea la comunicación, más compartirán sus vidas las dos partes. Esto hace que las dos vidas se combinen aún más. También debe haber una sensación de deleite, honor y respeto por el otro. Aunque están comenzando a descubrirse cada vez más, todavía entienden que la otra parte es separada, especial y un tesoro que debe ser valorado. Una vez que se pierde la sensación de valor, los dones que ambos poseen ya no pueden transferirse a la vida del otro.

Le daré algunos consejos que incorporan ciertos principios para que podamos comenzar esta maravillosa relación con el Espíritu Santo.

  • Creamos que Él está cerca de nosotros

Es posible que Él sea invisible, pero es peligroso ignorarlo. Esta fue la insensatez de Jacob. “Al despertar Jacob de su sueño, pensó: ‘En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta’” (Génesis 28:16).

La clave es creer. Cuando decimos continuamente: “Sé que me escuchas, Espíritu Santo”, y lo creemos cuando lo decimos, algo sucede en la atmósfera de nuestro corazón. Nuestro espíritu se despierta y nuestro ser se predispone para que Él haga o diga algo.

  • No tenga miedo de lo que Él dice

Cuando adquiramos el hábito de hacer una pausa simplemente para reconocer: “Espíritu Santo, gracias por estar aquí ahora”, la sensación de su presencia se renovará inmediatamente para nosotros. Entonces podemos comenzar a hacerle preguntas. Pregúntele cualquier cosa. Él nos dirá lo que necesitamos saber. Pero, al mismo tiempo, no debemos tener miedo de lo que va a decirnos. El temor elimina nuestra capacidad para escuchar la voz de Dios. La voz del temor es la voz del diablo. Debemos saber esto. Cuando Él nos habla, nos ayuda. Cuando abrimos nuestro corazón para hablar con Él, Él no nos desanima. Los sabios aman la corrección; los necios la desprecian. Entonces, ¿qué sucede si Él dice algo que nos corrige? ¿Es para dañarnos o para ayudarnos? Obviamente es para ayudarnos.

  • Perfeccionemos nuestras habilidades para intensificar su presencia

Todos somos únicos. La Biblia dice que fuimos creados por su buena voluntad. Cada uno de nosotros podemos tocar su corazón de una manera única. Este paso de acción es un poco más difícil que los demás porque requiere una habilidad amorosa.

Siempre que estamos a solas con Él, nuestra mente automáticamente piensa “Mmm… ¿Qué puedo hacer por Él ahora mismo? Quiero que sepa cuánto aprecio su presencia”. Podemos decir esto con un susurro o una canción tranquila o levantando nuestras manos hacia Él como si lo estuviéramos abrazando. Puede parecernos ridículo, pero Él sabe lo que queremos decir y lo que deseamos.

  • Busque un lugar para estar con Él

Esto puede parecer una contradicción del primer paso de acción. Debemos saber y reconocer que Él está en todas partes. Pero para poder estar en intimidad, también necesitamos un lugar en el que no haya distracciones, donde podamos estar a solas con Él.

Es importante programar un tiempo para encontrarnos en ese lugar. Si tenemos citas regulares con Él, nuestra expectativa crece hasta el punto de que una vez que entremos en la habitación, sabremos que Él está allí esperándonos.

Por Timothy Jorgensen
Tomado del libro: Aviva el fuego de tu don
Peniel
Aviva el Fuego de tu Don

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