Comprometidos con oraciones persistentes

No abandonemos antes de recibir aquello que nuestro corazón anhela

Ana estaba abrumada por años de esterilidad. Pero cuando el dolor se hizo insoportable, buscó a Dios en oración. El primer capítulo de Samuel narra la fascinante historia de su inscripción en la escuela de oración y la lección que cada guerrero de rodillas debe aprender: cómo persistir en la oración. Esta mujer común quería lo que cada esposa judía deseaba: darle un hijo a su marido. Aunque Elcana tenía una segunda esposa Penina, que tenía mucho hijos e hijas, Ana era su favorita. Sin embargo, no podía tener hijos.

Cada año Elcana y su familia hacían un viaje a Silo para adorar y hacer sacrificios al Señor. La mayoría de los eruditos coinciden en que este era el momento del año en que se celebraba la Fiesta de los Tabernáculos. Penina aprovechaba este momento cada año para burlarse de Ana por su infertilidad, conociendo plenamente lo que significaba esta tragedia para una mujercasada en la cultura hebrea.

La esterilidad llevó a Ana al Único que podía curarla. Esta es exactamente la razón por la que Dick Eastman escribe: “Para conocer la oración, los hombres deben orar. Aprendemos las profundidades de la oración, en la oración, no en los libros. Llegamos a la cúspide de la oración, orando, no a través de sermones”. La oración de Ana por un hijo no era cualquier oración común y corriente. Encarnaba el tipo de oración que los guerreros aprenden y desarrollan al máximo durante los tiempos difíciles. Esta es la oración persistente.

La oración persistente es poderosa, ferviente y persuasiva. Está diseñada para levantar cargas pesadas de nuestros hombros y colocarlas a los pies del Señor. Sabremos cuando hemos entrado en este espacio y prevalecido exitosamente ante Dios porque hay señales indicadoras inequívocas que nos avisan de su llegada.

La oración persistente es personal: Hasta que no sintamos personalmente la necesidad de clamar a Dios, no llegaremos a ser constantes, fervientes o persuasivos en la oración. Debemos sentir la necesidad y esta debe ser real. Debemos buscar personalmente una audiencia con Dios. Él tiene todas las respuestas a nuestro dilema. Acudamos al Señor y permitámosle que se manifieste poderosamente en nuestro favor.

La oración ferviente y poderosa nace del dolor y la angustia de aquello que nos falta, y que solo puede ser aliviado por medio de la oración. Ana vivía en un constante estado de derrota espiritual. Ella estaba harta de su esterilidad y de ser el objeto de burlas de Penina. El dolor de la esterilidad formaba parte de sus sentimientos personales.

A su mente llegó el pensamiento de que Dios es lo suficientemente poderoso para conceder los deseos de su corazón. Tener un hijo cambiaría su destino para siempre. Aunque su deseo era personal, no era egoísta. Ella hizo que su oración fuera apta para prometerle a Dios: si te dignas mirar la desdicha de esta sierva tuya, y si en vez de olvidarme te acuerdas de mí y me concedes un hijo varón, yo te lo entregaré para toda su vida, y nunca se le cortará el cabello” (1 Samuel 1:11).

Ana confesó abiertamente su desdicha. Reconoció libremente su deseo de tener un hijo. Este muchacho sería dedicado al Señor y a su obra.

La oración persistente es apasionada: Ana había vivido en un estado de esterilidad durante muchos años. Aunque estaba preocupada, angustiada y deprimida por su situación, ella no consideró convertirlo en un asunto de oración. Esto es lo que sucede con muchos de nosotros. Nuestras emociones eclipsan nuestra claridad espiritual, y no consideramos a Dios como la única fuente de bendiciones, de respuestas y de sabiduría para combatir nuestros dilemas.

Muchos cuando están en medio de problemas de carácter físico, a menudo pasan por alto la oración como una solución. Otros están demasiado angustiados emocionalmente como para pensar en orar. Su dolor obnubila lo mejor de ellos. Otros oran porque no tienen fe en Dios. Y otros se alejan de la oración porque no están en sintonía con Él.

Algo cambió en Ana ese día en el templo. Cambió sus lágrimas por oraciones líquidas. Su depresión se transformó en una oración apasionada. Ya no trataría de medicar su quebrantado corazón con lamentos y ayunos espiritualmente vacíos. Decidió luchar por su destino a través de la oración.

La oración persistente es precisa: La oración persuasiva requiere un enfoque singular. Es precisa como un sensor de láser. Ana tenía muchas necesidades, pero la que más consumía su mente era su esterilidad. Ana oró por un hijo. La oración persistente es descrita detalladamente por el guerrero de rodillas cuando derrama su alma atormentada delante de Dios.

La oración persistente tiene un propósito: La oración de Ana tenía un propósito más grande que simplemente poder cargar un bebé en brazos. A medida que persistía en la oración, pensaba en el Reino de Dios. Así que ella se comprometió a dar a su hijo al Señor para que él sirviera a Dios durante su vida. Su deseo era ver a un sacerdote que verdaderamente representara a Dios en su proceder. Ana deseaba mejorar la nación de Israel, ella quería algo mucho mejor para su nación y su oración fue escuchada porque tenía ese propósito en mente.

La oración persistente es perseverante: No podemos andar con apuros mientras esperamos en Dios. Tomar la determinación de orar hasta que estemos seguros de que nuestra voz sea escuchada en lo alto, no es algo que debe hacerse en la ducha o mientras conducimos al trabajo. La oración persistente requiere tiempo. Debemos orar con la convicción de que vale la pena luchas por las bendiciones de Dios. Ana sabía en lo profundo de su corazón que el Señor recompensa a aquellos que diligentemente lo buscan en oración.

Por Dr. David Ireland
Tomado del libro: Un guerrero de rodillas
Casa Creacion

Un Guerrero de Rodillas

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